Mis Finanzas y Coaching

Desde el coaching: transformar conversaciones en puentes

Posponer o eludir ciertas conversaciones obstaculiza nuestras interacciones sociales y el progreso en el ámbito laboral, opina Alberto Tovar.

Es común posponer o eludir ciertas conversaciones debido al temor a que sean incómodas. Sin embargo, esto obstaculiza seriamente nuestras interacciones sociales y el progreso en el ámbito laboral. Cuando las cuestiones no se enfrentan de manera abierta y sincera, tienden a acumularse y se transforman en barreras significativas de lo que en un principio representaban. Esta es una tarea abordada a menudo en sesiones de coaching para directivos.

Un error habitual es apelar a generalizaciones o etiquetas cuando nos hallamos en medio de una discusión delicada. Manifestar afirmaciones como “siempre actúas así” o “eres tan irresponsable” no sólo es inexacto, sino que pone a la contraparte a la defensiva. En vez de eso, conviene enfocarnos en situaciones específicas y concretas.

Este enfoque nos lleva al siguiente aspecto crucial: brindar al interlocutor un espacio para articular sus opiniones y emociones. Si los intercambios complejos son unidireccionales, es improbable que se alcance una resolución efectiva.

Resulta vital establecer una vía bidireccional de comunicación donde los involucrados se sientan oídos y comprendidos. Al escuchar a la otra parte, obtenemos una perspectiva más completa del problema, facilitando la identificación de un acuerdo que beneficie a ambos.

Cuando se incorpora este tipo de orientación en una empresa a través del coacihng ejecutivo y los colaboradores entienden algunos fundamentos de la comunicación efectiva, la interacción se simplifica notablemente debido a que todos “hablan el mismo idioma”.

En este marco, el libro “Difficult Conversations: How to Discuss What Matters Most” de Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen, es un buen recurso. Los autores descomponen los diálogos difíciles en tres componentes esenciales: el discurso de la verdad, el emocional y el de la identidad.

Al aplicar las tácticas propuestas, se logra convertir esos intercambios temidos en oportunidades para el crecimiento y el entendimiento mutuo. Desde aceptar que cada parte tiene su versión de los hechos hasta reconocer la importancia de las emociones y ser conscientes del impacto que las palabras pueden tener en nuestra autoimagen.

Es fundamental iniciar con un objetivo claro. Una “máxima” es que detrás de toda discusión hay una petición implícita. Pregúntate cuál es el propósito del diálogo, porque si el único fin es el desahogo emocional, el señalamiento de culpas y la expresión de frustraciones, el resultado será una tremenda pelea.

Si nos focalizamos en aspectos observables y peticiones concretas, formuladas de manera respetuosa, es muy probable que evolucione hacia un intercambio simple y productivo.

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Alberto Tovar

Alberto Tovar

Economista, especializado en negocios y finanzas personales; certificado como coach de vida y equipos. Actualmente es el Director Regional de la Zona Norte de El Financiero. Ofrece conferencias, consultoría y coaching a organizaciones diversas.

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