Mi jubilación
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Mi jubilación

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Mi jubilación

28/06/2019

Al entrar a las filas del Grupo Desc a los 45 años de edad, definí con precisión cuándo me jubilaría y lo que haría a partir de ese momento en que mi vida sería otra.

Muy sencillo, me jubilaría a la edad anticipada que permitían las reglas del Grupo, 60 años, y me dedicaría en cuerpo y alma a atender las causas de los más necesitados. Ni más, pero tampoco ni menos.

Trabajé con el mayor de los entusiasmos en ese magnífico Grupo empresarial que a través de sus grandes retos me dio grandes satisfacciones y por fin llegó el día en que anunciaría mi retiro. Se trataba del 1 de enero de 1993, si la memoria no me traiciona, para anunciar mi retiro para el 7 de agosto en que cumplía los ansiados 60 años de edad.

Me reuní con Fernando Senderos, Presidente del Consejo de Administración, y le dije: “Fernando, quisiera hablar contigo un momento”, “Que bien Alberto, pues yo también necesito hablar con urgencia contigo. ¿Quién empieza?”, “Tú Fernando, te escucho”.

“Alberto, tú mejor que nadie sabe la situación crítica por la que está atravesando nuestro sector petroquímico. Te pido que atiendas este sector de inmediato y lo saques del atolladero. Tú sabes mejor que yo el cómo, lo único que quiero son resultados y tú eres capaz de lograrlos. Ahora dime ¿Qué es lo que quieres tratar conmigo?” “Nada Fernando, nada, mejor otro día te lo platico a la luz de una o dos copas. Desde luego acepto el reto. Tú cuentas conmigo, faltaba más y ese sector lo enderezamos, lo enderezamos en serio”. Salí y puse manos a la obra en ese mismo momento.

Poco después Fernando me preguntó “Oye ¿y qué es lo que me ibas a tratar en aquella famosa reunión?”, “Pues te iba a tratar que tenía la intención de jubilarme del Grupo el 7 de agosto próximo en que cumplo 60 años, pero mi palabra ya te la di y no tiene vuelta de hoja”, “Gracias Alberto ¿Qué te parece si arreglas el problemita y te jubilas?”, “Trato hecho amigo, que no se diga más”.

Dos años de trabajo intenso y gran responsabilidad, pero el barco logró salir viento en popa y a toda vela.

Me jubilé dejando un buen historial atrás de mí y con el conocimiento y consentimiento de todos los interesados, incluyendo al Consejo de Administración…y me dediqué en cuerpo y alma a mi tercera vocación, el sector social, los pobres entre los pobres.

¿Por qué mi tercera vocación? Porque disfruté intensamente mi paso por el Despacho Roberto Casas Alatriste y la práctica al más alto nivel de la contaduría pública independiente; porque disfruté con la misma intensidad mi paso por el sector empresarial y los retos que esto implica en épocas turbulentas provocadas por presidentes ineptos, entre otras cosas, el manejo de varias devaluaciones, cuando nuestro Grupo tenía un adeudo de mil millones de dólares que había que sortear y nuestra empresa tenía más de 20,000 colaboradores a los que teníamos que responder, además, obviamente, de nuestros accionistas. Pero ahora quería dedicarme, como lo señalé, a atender, sin cobrar centavo alguno, a las necesidades de los más necesitados.

Acepté la Presidencia de la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, para atender a los campesinos de bajos ingresos llevando la visión del sector empresarial para que pudieran salir de su pobreza mediante su propio esfuerzo. Una experiencia riquísima –tres o cuatro años, ya no me acuerdo- que me dejó marcado de por vida.

Acepté posteriormente la Presidencia de Fundación Merced, constituida con el patrimonio de los señores Munguía hacía 50 años, bajo nuestra asesoría y causé una verdadera revolución al modificar su visión para explotar en todas sus dimensiones el enorme potencial que tenía y que tiene en la actualidad.

Acepté la Presidencia de la Coparmex, en vista a su visión humanista de la empresa y de la vida, visión que coincidía y coincide con mi forma de pensar. Fue una experiencia inolvidable, de las más formidables a las que me he enfrentado. Para salir de la pobreza hay que generar riqueza y la empresa es el mejor medio para ello.

Fundé Sociedad en Movimiento con el propósito de aglutinar los grupos más disímbolos de nuestro País y luchar por su desarrollo integral. Nadie creía que esto era posible y el tiempo ha demostrado que ¡Sí se puede!

Fundé aliado con Martha Smith, esposa en aquel entonces del Presidente del CCE, Héctor Rangel, Fundemex, la fundación del empresariado de México, cuya misión principal es el ataque a la pobreza.

Participé activa y decididamente en el Comité Ejecutivo del Consejo Nacional Agropecuario (organismo del que fui su fundador hace 30 años), así como en el Comité Ejecutivo –mientras fui Presidente de la Coparmex- del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

Y me dediqué con pasión a escribir mis artículos quincenales en El Financiero y bimestrales en la revista Veritas del Colegio de Contadores. No tengo compromisos que proteger. Escribo lo que quiero y lo que siento. Y hasta la fecha no he tenido represalias que sufrir. Soy chivo libre y digo y escribo lo que me sale del alma. ¡Viva la libertad! (y yo la he gozado hasta saciarme).

La vida de un jubilado es tan rica como él se la propone. “Cada quien es el arquitecto de su propio destino”, dice una frase muy conocida. Es cierta, me consta.

Mañana será otro día .

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.