Mahatma Gandhi
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Mahatma Gandhi

01/11/2019

Siempre he buscado aquellos personajes que me sirvan de ejemplo y que inunden mi pasión por la vida.

Los he buscado en México ¿Morelos? ¿Juárez? ¿Madero? ¿Porfirio Díaz? Detalles de su vida me agradan y me sirven de ejemplo, pero no me llenan como MIS grandes personajes.

Busco en la historia, en la historia reciente en otras partes del mundo y encuentro tres, Gandhi, Mandela y Luther King, como MIS personajes, aunque dejo otros que quizás también ocuparían un gran espacio como es el caso de Churchill y De Gaulle.

Pero encuentro en Ghandi, aquel indio genial que pasó de una vida cómoda digna de un reconocido abogado graduado en Inglaterra y trabajando en Sudáfrica que cobraba jugosos honorarios, a un ser que lo cautivó la humildad y a través de ella no sólo conquistó a un pueblo tan particular y difícil como es la India, sino que colaboró en forma definitiva para lograr la independencia de ese país de nada más ni nada menos que de Inglaterra, en donde el primer ministro era un gran político, uno de los más grandes de la historia: Winston Churchill.

Cambió el elegante traje inglés por una rústica sábana blanca que lo acompañaba a todos lados, incluyendo los eventos oficiales de gran prestanza.

Mahatma Gandhi (Mahatma quiere decir Alma Grande) logró lo que quiso, no sin enormes esfuerzos, como eran los prolongados ayunos a los que se sujetaba para impulsar sus ideas…o las caminatas interminables para conseguir adeptos a su causa… o el tomar un puño de sal –prohibido por los ingleses- para retarlos. La cárcel era parte de su casa, pues constantemente entraba tras las rejas, pero ahí fortalecía su espíritu y daba ejemplo de que encerraban su cuerpo pero no su alma, la que quedaba libre transmitiendo su mensaje a todos los indios, mensaje de NO VIOLENCIA, tan sencillo y tan profundo, tan fácil de decir y tan difícil de llevarlo a la práctica.

Murió asesinado por un radical, asesinado aquel cuya norma y ley fundamental fue la de la no violencia. Pero así es la vida, ni más ni menos.

Murió su cuerpo, pero su ejemplo y sus enseñanzas, su alma, son eternas y para mí ha sido, por su forma de ser y de pensar, uno de mis grandes héroes.

Necesitamos de esta clase de Súper Héroes en estos tiempos convulsionados a nivel mundial necesitamos concordia, necesitamos paz, necesitamos unidad.

Mañana será otro día.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.