Deseos de fin de año
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Deseos de fin de año

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Deseos de fin de año

27/12/2019
Actualización 27/12/2019 - 11:33

“Deseo para ti y a los tuyos la mayor felicidad para este año que está por comenzar”, es una frase común entre los mexicanos cuando nos encontramos con los amigos.

Quiero concretar mi petición, hacer un examen de conciencia y pedir (¿exigir?) a nuestras autoridades (y a nosotros en lo que proceda, ¿por qué no?) que se atiendan debidamente los 10 puntos que considero más importantes para mi país de acuerdo a los retos que enfrentaremos en 2020

Estas peticiones no están ordenadas por su importancia. La número siete es tan importante como la número uno.

1.- Que alcancemos un crecimiento económico.

2.- Que se reduzca drásticamente la inaudita violencia que padecemos en (casi) toda la República y que ocasiona miedo en la ciudadanía hasta de salir a la calle.

3.- Que los ciudadanos nos interesemos por la política y las ofertas de los candidatos, porque así, en forma razonada, votaremos por la mejor opción.

4.- Que metan a la cárcel a los políticos corruptos que cínicamente se pasean por las calles de México o de otros países, y que devuelvan lo robado.

5.- Que se haga (hagamos) todo el esfuerzo, hasta el último esfuerzo posible, para reducir la pobreza y la desigualdad que impera en nuestro país para vergüenza de todos los mexicanos.

6.- Que generemos una extraordinaria solidaridad y que se vuelvan parte de la cultura nacional.

7.- Que busquemos la felicidad para nosotros y nuestras familias con todo el tesón del que seamos capaces de poner, y que esta búsqueda no nos cause daño, tampoco a terceros, al contrario, nos acerque a Dios.

México necesita tres cosas, líderes, líderes y líderes.

¿Qué nos falta? Líderes honestos que busquen el bienestar de los ciudadanos, particularmente de los más necesitados. Líderes carismáticos que surjan de la ciudadanía sin pretender con esto alcanzar puestos políticos que satisfagan intereses inconfesables. Líderes que se realicen en el dar y no en el recibir, Líderes dispuestos a correr riesgos derivados de los intereses bastardos que se vean afectados por su actuar. Líderes que no se deslumbren con los aplausos ni con los reconocimientos. Líderes capaces de construir y no sólo destruir, que sepan a dónde quieren llegar y contagien de entusiasmo a sus seguidores. ¿En dónde están estos líderes? ¿Entre los jóvenes sedientos de progreso? ¿Entre los pobres sedientos de justicia? ¿Entre los integrantes de una clase media ilustrada? ¿Entre la intelectualidad que denuncia sin actuar? ¿Entre la gente madura que ha visto y vivido en algunos casos la opulencia que lastima y en otras la indigencia que revela?

“Cada quien es el arquitecto de su propio destino”, dice un famoso refrán y es verdad. Porque “Nadie hará por nosotros lo que nosotros no seamos capaces de hacer”, según reza otro famoso refrán.

Estemos preparados y enfrentemos los desafíos de 2020 en un ambiente donde impere el optimismo, donde veamos los retos como oportunidades y como un medio de superación. Seguramente tendremos penas y alegrías. Procuremos maximizar las primeras y minimizar las segundas. Nuestra mente puede y debe ser la mejor aliada, pero también puede ser nuestra mortal enemiga. No dejemos que nos atrape y maltrate, sino todo lo contrario, que sea el motor de nuestro desarrollo.

A todos mis lectores (y también a quienes no lo son) les deseo lo mejor para este año que está por comenzar.

Tenemos un gran reto por delante y espero que lo asumamos con gran valor y responsabilidad.

Mañana será otro día...

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.