Crecimiento insuficiente y empleo precario
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Crecimiento insuficiente y empleo precario

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Crecimiento insuficiente y empleo precario

02/03/2018
Actualización 02/03/2018 - 0:22

Basado en la información del Lic. Pedro Javier González*

Un problema que no ha podido ser resuelto se refiere a la incapacidad de la economía para alcanzar tasas de crecimiento económico elevadas, sostenidas y estables. El resultado ha sido un desempeño productivo mediocre que no permite acceder a niveles superiores de desarrollo. Desde un punto de vista social, el resultado ha sido una estructura ocupacional caracterizada por el predominio de la informalidad y por el fenómeno del empleo precario. E paralelo, la productividad está estancada y tal situación refleja una segunda deficiencia estructural de la economía mexicana: la desarticulación de las cadenas productivas y las limitaciones para que la expansión de las actividades modernas y dinámicas incida positivamente sobre el desempeño del sector tradicional.

Entre 2004 y 2007 la economía mostró cierto dinamismo (gráfica 1). Sin embargo, éste fue transitorio debido a los efectos de la crisis económico-financiera internacional cuyos principales estragos se resintieron en 2009. A esta caída en la actividad productiva le siguieron tres años de recuperación, pero, a partir de 2013, la economía vuelve a entrar en una dinámica de lento crecimiento.

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Desde un punto de vista social, el factor clave de la incapacidad para alcanzar un crecimiento elevado y sostenido es su impacto sobre la generación de empleos de calidad. Ciertamente, resulta en principio paradójico que en el marco de un crecimiento mediocre el desempleo abierto haya venido disminuyendo; de hecho, dentro de los países de la OCDE México se distingue por tener una de las tasas más bajas de desocupación abierta. En este sentido, se puede afirmar que el problema en México no es el desempleo en sí, sino su naturaleza precaria.

Según se puede observar en la gráfica 2, mientras la tasa de desocupación abierta permanece en niveles relativamente bajos, la tasa de informalidad laboral es indicativa de que más de la mitad de la población económicamente activa trabaja en unidades económicas que operan sobre la base de una tecnología tradicional y al margen de los circuitos más modernos y dinámicos. El resultado es que los bajos niveles de productividad que caracterizan a estas actividades se traducen en empleos mal remunerados, inestables y carentes de los beneficios de la seguridad social. Son estos rasgos, distintivos de la situación laboral de la mayor parte de los mexicanos, los que permiten afirmar que el gran reto a superar es la precariedad del empleo.

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La gran mayoría los trabajadores del país, independientemente de si son formales o informales, obtiene remuneraciones inferiores a cinco salarios mínimos. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi, la cuarta parte de la población ocupada se ubica en el nivel de entre uno y dos salarios mínimos; el 21% obtiene ingresos de entre 2 y 3 salarios mínimos; y el 15% obtiene entre tres y cinco salarios mínimos.

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Abundando en esta problemática, la gráfica 4 el comportamiento del salario mínimo la ilustra de manera dramática (gráfica 4). En 1976 se registró el salario mínimo real más alto (229.1 pesos diarios). A partir de ese momento, se advierte una pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores del 70%.

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En fechas recientes, el salario mínimo nominal ha crecido a una tasa de alrededor el 4% anual, que se ha mantenido más o menos a la par del incremento de los precios; de ahí el estancamiento de su poder adquisitivo. Vale sin embargo resaltar el aumento de casi el 7% ocurrido en 2015, cuando tuvieron lugar tres revisiones, la última de las cuales producto de la homologación salarial en una sola zona geográfica.

Más allá del salario mínimo, en la industria manufacturera, sector que, por cierto, se distingue por un nivel de remuneraciones superior al promedio de la economía en su conjunto, el índice de remuneraciones medias reales se mantuvo por debajo del correspondiente al año base entre 2013 y 2015. Sólo a partir del segundo trimestre de 2016 se ubicó por encima del año base. Asimismo, la variación anual osciló entre el -0.5% del primer trimestre de 2013 y el 1%, con la excepción del segundo y tercer trimestre de 2016, cuando superó el 2%.

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Hay una relación directa entre el nivel de remuneraciones y el grado de precariedad de los empleos con el nivel de productividad. En su conjunto, la economía nacional muestra un comportamiento mediocre en términos de productividad, tal como se puede observar en la gráfica 6. Tomando como base el año 2008, el índice de la productividad laboral correspondiente a 2016 fue de sólo el 106.5, menor incluso al de los dos años previos.

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A la luz de esta problemática se evidencia una segunda gran incapacidad de la economía mexicana: la derivada del carácter desarticulado de su estructura productiva. Las enormes diferencias entre el sector moderno de la economía y el tradicional explican, al tiempo que reproducen, la falta de conexión entre ambos sectores. No hay las suficientes cadenas de proveeduría que liguen la expansión de las actividades modernas con el de las empresas micro y pequeñas, sumidas en su baja productividad.

Debido a estas disparidades estructurales, las empresas tradicionales no están en condiciones de satisfacer los requisitos de volumen, precio y calidad que demandan las empresas modernas, al tiempo que, por razones de competitividad, estas últimas han recurrido preferentemente a la importación de insumos y no a la oferta doméstica de los mismos. La siguiente tabla da cuenta de esta problemática.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.