Churchill y yo
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Churchill y yo

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Churchill y yo

03/05/2019

Continuo divulgando mis Añoranzas, aquellos capítulos que en alguna forma dejaron un recuerdo imborrable en mi vida.

Mi perro, mi querido perro, siempre junto a mí.

Dormía en mi cuarto y temprano, muy temprano, se acurrucaba a mi lado para que al despertar pudiera acariciar su cabecita y él pudiera lamer mi mano.

¡Cómo gozaba sus frecuentes viajes a Totoapa, mi rancho! Estaba enamorado de La Negra, mi querida pastor alemán, que se burlaba de él, primero por su tamaño y segundo por su edad. Pero Churchill quería hacer el amor con ella y no escatimaba esfuerzo alguno para alcanzar lo inalcanzable.

La Negra, de dos años de edad, alegre y vaciladora y su pretenso pequeño, casi tan viejo como yo, y torpe en el caminar. Nos reíamos mucho de la pareja dispareja.

Alberto, mi hijo, (qepd) me lo heredó, o más bien, María Elena, su esposa, Pero me dio gusto, mucho gusto. El queridísimo perro de mi hijo, ahora conmigo ¡Me lo recordaba tanto!

Ayer murió. Tuvo un accidente cuando correteando a Homero, mi burro, se cayó y se rompió la pierna. Yo pensé que el accidente era mortal, mis hijos opinaron lo contrario. Hicimos mi mujer y yo hasta lo imposible para salvar su vida, pero el médico, finalmente, nos indicó que ya no tenía razón el seguir atendiéndolo.

Murió en paz y sin dolor, anestesiado. Mi mujer y yo lo acompañamos, yo le acaricié su cabecita y su trompita hasta que su corazón dejó de latir. Quería que sintiera nuestro amor, que muriera sintiéndose amado. Lo besé, lo besé muchas veces, cuando estaba agonizando y cuando entregó su alma ¿Al Señor?

Churchill, mi querido perro. Estoy seguro de que está en el cielo jugando ahora con Alberto, como cuando era un perrito joven y vacilador. Ha de estar tendido con la panza para arriba para que mi hijo le haga cosquillas.

No tardaré mucho en verte, querido Churchill, pues ya tengo 85 años. Tengo fundadas esperanzas de que en el cielo me estén esperando todos mis queridos perros a quienes ya habrás conocido: Gorby, Hillary, Oso, Diana, Toiffel, Niki Niki…

Hasta siempre querido amigo, muy querido amigo, al que siempre extrañaré.

Mañana será otro día.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.