Objetos virtuales, digitales y tangibles para la innovación durante contingencias
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Objetos virtuales, digitales y tangibles para la innovación durante contingencias

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Objetos virtuales, digitales y tangibles para la innovación durante contingencias

11/05/2020
Actualización 11/05/2020 - 7:17

La primera vez que escuché sobre manufactura aditiva (MA) no soporté la curiosidad y busqué la definición de inmediato. Concluí que era un nuevo término para lo que ya conocíamos como prototipado rápido. Mi profesión siempre me obligó a pasar por lo que hoy se conoce en inglés como hacker y maker: mi carrera universitaria era una mezcla entre software y electrónica: construir el cerebro de sistemas complejos (mecánicos y electrónicos) para que los algoritmos pudieran sintetizar señales analógicas y convertirlas en números para ser procesados y después volver a ser convertidos en números para poder viajar por el espacio o en internet.

En todas las universidades del planeta los estudiantes de ingeniería - y muchos científicos - necesitamos aplicar la elegante “ingeniería inversa” (II) para resolver problemas, tareas y mitigar - en muchos casos - los problemas presupuestales para hacer un proyecto : desarmar impresoras para extraer motores de pasos y electrónicos, licuadoras para extraer motores de AC y bobinas e incluso, computadoras viejas para extraer chips o memoria.

Trabajar en Conacyt me permitió dimensionar la enorme escasez en talento y actitud para incursionar en dichos procedimientos de manera sistemática. Años después (2003) propuse la asignatura de “Desarrollo de Prototipos” en la UADY: mi lógica era que era urgente que todas las ingenierías permitieran a sus estudiantes acercarse al inminente advenimiento de la industria 4.0 en todas la áreas de la industria.

Hoy día (en plena crisis del COVID-19) vemos florecer la enorme necesidad de tomar en serio la MA. Llevamos ya varias semanas escuchando, además de la crisis sanitaria, las consecuencias de la reestructuración de las cadenas logísticas, la regionalización de la producción a partir de una carencia explosiva de suministro en las cadenas logísticas en todo el planeta. Y entonces aparece el prototipado rápido (incluyendo el diseño virtual de objetos), la impresión 3D, los arduinos, etc. para ayudar al mundo a subsanar la contingencia con innovación tecnológica. Las industrias de la transformación necesitamos impulsar cada vez más y de manera más enérgica la capacitación de nuestra planta laboral para incursionar en el aprovechamiento al máximo de las nuevas tecnologías de la MA en todos los procesos. De la misma forma, las empresas de servicios necesita incorporar estrategias para hacer del RPA (automatización de procesos administrativos y logísticos digitales) una práctica recurrente, ahorrando tiempo, dinero y esfuerzo operativo y concentrando a sus empleados en la creación de valor y sobre todo, atención a sus clientes ante los nuevos escenarios de poco contacto físico.

Y es que al final de cuentas la innovación tecnológica requiere justamente permitir al individuo incursionar en la incorporación de nuevas prácticas para crear nuevos modelos de negocios a requerimientos y necesidades apremiantes, tales como la salud. Hasta hoy no tenemos todavía una crisis alimentaria, pero si fuera el caso, la misma MA entraría en operación. Nuestra larga historia como país maquilador algo nos debe dejar para justamente dejarla en el pasado: impulsamos la capacitación y operemos para cerrar la brecha digital y podamos ofrecer cada vez más mentefactura y poder negociar al tú por tú con nuestros renovados clientes comerciales. El próximo 1o de julio empieza la implementación de nuevas reglas de operación y necesitamos estar conscientes de la competencia será más similar a este período de crisis que la bonanza de las postguerra y la época de sustitución de importaciones.

Repensemos la generación de conocimiento en el que podamos ganar y hacer sostenible nuestra economía. Tenemos el escenario adverso, pero perfecto. Es momento de tenerle simpatía a los dinosaurios.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.