Los nuevos retos de la educación en casa para el futuro profesional de nuestros hijos
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Los nuevos retos de la educación en casa para el futuro profesional de nuestros hijos

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Los nuevos retos de la educación en casa para el futuro profesional de nuestros hijos

20/02/2020

Hoy me tocó acompañar a mi hija al aeropuerto para viajar y empezar su cuarto semestre en la universidad. Lágrimas más, lágrimas menos, los hijos van tomando sus decisiones y al parecer nosotros somos quienes debemos estar siempre al frente para ayudarles a soportar las decisiones que van tomando. Estando uno involucrado en actividades académicas, uno pasa por las obligadas etapas de aprendiz de gurú para orientar a las cada vez más exigentes nuevas generaciones. Y todo sale relativamente bien hasta que uno lo tiene que hacer en su propia casa.

“¿Y por qué nunca me dijiste a qué Universidad estudiaste?”

Esa la pregunta que me hizo mi hija justo en los días en que tomaba la decisión sobre dónde estudiar; para mi fortuna, ella solita llegó a la conclusión. Nunca quise ser muy incisivo ni influenciar en sus gustos ni mucho menos en su vocación. Me salvaba así yo de un esperado y nada prometedor proceso de decisión.

Han pasado los tiempos y hoy, en pleno siglo XXI, en la denominada economía del conocimiento sigue siendo complicado el decidir qué hacer el resto de tu vida aunque tengas ya 17 años. Supongo que a este problema se han enfrentado, se enfrentan y se enfrentarán muchos de los que aquí están leyendo esta nota.

Más allá de la tradicional y natural discusión familiar, por el simple hecho de ejercer cada quien desde su posición, el rol de padre/madre e hija, se busca por lo general un común acuerdo para que todo mundo salga, por así decirlo, lo menos raspado posible. Los que tuvimos la fortuna de vivir y convivir con nuestros padres sabemos lo complejo que es ponerse de acuerdo en lo más mínimo de cualquier acuerdo que involucre “algo” que puede ser relevante para el futuro de la familia, pero sobre todo de los hijos. Más tarde que temprano, somos los padres menos relevantes en la toma de decisiones en la vida de nuestros hijos; y esa es la ley de la vida. Nos iremos y solo quedaremos en el recuerdo y si lo planeamos bien, nos queremos ir tranquilos de que pudimos lograr en ellos la autonomía mínima necesaria para que puedan defenderse en ésta vida - y ahora en este mundo - que cada vez nos exige más.

Una mala decisión nos involucra a todos, por eso vale la pena pensar en escenarios y por más que uno lo quiera, las cosas nunca saldrán a la perfección; solo si podemos generar las alternativas y tener la opción de “pivotar” en la dirección menos costosa. Bien dicen por ahí que uno nunca llega a conocer a la gente a la perfección, pero yo creo que con los hijos - y con algunos alumnos - el problema es menos complejo. Sin embargo, la oferta académica ha comenzado a rebasar la demanda; no saben la sorpresa que me llevé el día que al llegar mi hija la segunda o tercera semana de su apenas 5to semestre de la prepa me comentaba que ya estaban llegando las Universidades de la región a ofrecer e invitar a los alumnos a conocer las carreras.

Yo ignoraba por completo que en México fueran tan temprano el acoso a los bachilleres. Recuerdo en USA y en Europa, sobre todo en Francia, la ansiedad que implica la obtención del Bac para poder ingresar a la carrera deseable, obtener un lugar, eventualmente una beca, buenas notas y poder acceder a los intercambios de Erasmus para poder pasar un año en otro país europeo. Todo eso se planeaba desde 1o 2ndo de Prepa en Francia, el país de la planeación. En México esto implica estar muy atentos a las fechas y sobre todo, tener muy en cuenta, que al menos para las Universidades privadas, la competencia por las becas universitarias empieza con los promedios de los primero dos años de prepa; es decir, lo más competitivo se dá apenas con los dos primeros años de la prepa. Algo similar sucede para USA y el Reino Unido, pues es justamente el invierno previo al año que deseas entrar cuando se reciben las aplicaciones.

Hace unos 10 años publiqué en Facebook algunos comentarios sobre cómo entender y aplicar a estudios de posgrado y en particular al doctorado (aquí pueden acceder al documento https://tinyurl.com/w27tn7a) y he ido retroalimentando dicho texto con comentarios bastante útiles durante las decenas de veces que me han invitado a dar ese tipo de charlas. En aquel momento sentía yo que la demanda de las oportunidades se hacía más opaca y al mismo tiempo, la oferta, más amplia. Nadie duda que justamente esta ampliación de la oferta viene también implicando mayor competencia a nivel internacional.

Parece que ahora pasa lo mismo a niveles cada vez más básicos de la educación, por eso creo que es importante estar cada vez más involucrados en la educación de nuestros hijos y si es posible, facilitar el camino facilitandoles el acceso a las fuentes de información de calidad, desde edades tempranas. Con el paso del tiempo vamos identificando en ellos, interés en ciertos o tales temas y nunca está de más acercarles libros, películas e incluso, impulsar su involucramiento en actividades - cada vez más importantes - de carácter extracurricular, donde pueden ir definiendo y descubriendo ciertas vocaciones, hacerse de amigos con los que puedan compartir intereses que vayan más allá del determinismo del solo coincidir en el mismo salón de clases. Hay que invertir en dichos cursos, cursos de verano y si se puede, acercarlos a circunstancias cuya pasión pueda ser contagiosa.

Eso es al final de cuentas lo que más puede servir para los nuevos tiempos, donde además del odioso lugar común de que lo único constante es el cambio, impera la realidad en la nueva industria del trabajo con al advenimiento de la 4ta Revolución Industrial donde el poder compaginar la inteligencia emocional necesaria para trabajar en equipo y el poder aprender de manera autónoma comienzan a ser los signos distintivos de las nuevas generaciones: cada vez seremos menos dependientes de memorizar y cada vez más exigentes con el diseño, la innovación y la generación de valor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.