Hacia la creación de nuevos 'mater-IA-les'
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Hacia la creación de nuevos 'mater-IA-les'

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Hacia la creación de nuevos 'mater-IA-les'

24/03/2018
Actualización 23/03/2018 - 21:25

Hablar de inteligencia artificial (IA) está de moda; como dicen en inglés, IA (o “AI” en inglés) se ha vuelto un buzzword. Sin embargo, las aspiraciones ingenieriles e industriosas de máquinas inteligentes se remontan hasta el romántico mundo literario en los orígenes de la imaginación y la ciencia ficción.

En el área de IA ha habido una activa participación de nuestros compatriotas mexicanos. A mediados del siglo pasado el mexicano Arturo Rosenblueth trabajaba con Norbert Wiener -considerado el padre de la cibernética- sobre los mecanismos de regulación y control en el sistema nervioso central, identificando los elementos básicos de la retroalimentación que darían pie al estudio del aprendizaje o calibración neuronal. Un colaborador en México de Rosenbluth fue el Dr. José Negrete Martínez, recién fallecido, quien fundó en 1986 la Sociedad Mexicana de Inteligencia Artificial y que en los 60 trabajó como investigador invitado en el MIT en colaboración con Lawrence Stark, con quien contribuyó a una idea importante en la Neurocibernética: la naturaleza del cifrado de información de los trenes de pulsos del nervio. Uno de sus colaboradores era Warren McCulloch, quien junto con Walter Pitts serían de los precursores de las redes neuronales (RN) artificiales, sobre las que hoy se han avanzado hacia las RN convolutivas, el aprendizaje profundo y en general el denominado “Machine Learning”.

Mucho se ha dicho sobre lo lejos que se encuentra nuestro país de atender las grandes inquietudes científicas que ocupan a la humanidad, sobre todo de los retos que implican la participación multidimensional y multidisciplinaria de la solución práctica. Es cierto que la comunicación entre la academia y el sector privado -y con la sociedad en cierto sentido- no es de lo más fluida, pero las cosas han comenzado a cambiar en los últimos años, gracias en parte a la disminución de la brecha digital. En algunas universidades incluso se han concretado esfuerzos de divulgación científica -notablemente, la DGDC de la UNAM- y los medios electrónicos han comenzado a entender un poco más la seriedad que exige una sociedad cada vez mejor informada.

Como bien apunta Mariana Mazzucato, el Estado mismo debe ser emprendedor. Pocos funcionarios gubernamentales tienen fama de innovadores, y muchos menos, de tomar riesgos que impliquen exposición internacional.

Pero una llamada telefónica durante un trayecto en carretera que deriva en estacionarse a reflexionar en un recinto de comida rápida solo requiere de dos personas y un objetivo. Cuando las personas son Hermann Tribukait (Fondo CONACYT-SENER de Sustentabilidad Energética) y Alan Aspuru (Harvard University), y el objetivo es coadyuvar a la agenda de innovación, formación de capital humano y desarrollo tecnológico contra el calentamiento global, entonces hay cosas que suceden.

La innovación es un deporte de contacto y ellos lo saben muy bien, por eso han logrado convocar a una larga y exquisita comunidad internacional a pensar diferente. ¿Por qué esperar 20 años si podemos usar las tecnologías más avanzadas y disponibles para encontrar nuevos materiales que permitan a México y al mundo lograr un mayor crecimiento económico que además sea sustentable?

Cuando esas tecnologías son la robótica, el cómputo avanzado y la ahora tan mencionada IA podemos entonces pensar en grande. Y así lo han hecho ellos. Por eso estamos hoy aquí (http://ic6-2.mission-innovation.net/) en Hamilton, Canadá - yo, sufriendo además la heladez - discutiendo de manera acalorada casi 70 individuos, entre expertos consolidados y jóvenes investigadores, de más de 9 países sobre las oportunidades actuales y a mediano y largo plazo de lo que debiera ser la irrupción de esas nuevas tecnologías en la ciencia de los materiales para la energía.

Porque ese es justamente el objetivo del Reto de Innovación de Materiales de Mission Innovation (MI http://mission-innovation.net/), acelerar el descubrimiento de nuevos materiales de alto rendimiento y bajo costo para el sector energético en al menos 10x (mission-innovation.net/2018/01/26/press-release-materials-workshop-report/).

MI es una iniciativa global entre 22 países y la Unión Europea que busca duplicar las inversiones públicas en investigación y el desarrollo tecnológico en los siguientes 5 años para el sector energético con el fin de acelerar la innovación energética y la transición a una economía global de bajo carbono. De los 7 Retos de Innovación seleccionados por MI, México, a través de la SENER, propuso el denominado “Clean Energy Materials Innovation Challenge” (http://mission-innovation.net/wp-content/uploads/2018/01/Mission-Innovation-IC6-Report-Materials-Acceleration-Platform-Jan-2018.pdf), iniciativa global que ahora dirige SENER junto con sus pares de Estados Unidos y Canadá, el Departamento de Energía de los EUA (DOE) y Natural Reources Canada (NRCan), en colaboración con el Instituto Canadiense de Investigación Avanzada (CIFAR, por sus siglas en inglés).

En estos días he aprendido sobre la imperante necesidad de construir cementos cada vez más resistentes y cuya producción minimice la emisión de CO2; también sobre los requerimientos de encontrar materiales que puedan absorber y transformar de manera más eficiente la energía en páneles solares; y encontrar nuevas alternativas al cobalto -elemento clave para las baterías de los vehículos eléctricos y que tan solo Volkswagen planea usar la mitad de la producción mundial anual-, así como la urgencia de encontrar materiales apropiados para la elaboración de prótesis más ligeras, baratas y compatibles con el cuerpo humano.

Como resultado de estos extensos días de trabajo y discusión, hemos concluido sobre la imperiosa necesidad de impulsar la colaboración y la transversalidad de las técnicas de IA desde los niveles académicos básicos, tanto en las ingenierías relacionadas con la ciencia de los materiales como la creación de bases de información comunes (data lakes) y que puedan ser procesados con esas y otras técnicas por al menos un centro de supercómputo en cada país. Parte del reto para México es que al día de hoy no contamos con una supercomputadora en los top 500 sobre los cuales la cooperación pueda avanzar en la misma dirección, protegiendo en el sentido más amplio la propiedad industrial y promoviendo la innovación científica y tecnológica.

Sin embargo, nuestro país cuenta con una extensa y madura comunidad académica en IA y habemos empresas que desde hace muchos años hemos incursionado en varias de las técnicas que hoy la conforman: ante el advenimiento de la denominada Industria 4.0 (i4.0) no podemos más que reforzar nuestra posición y buscar estrategias que nos permitan exponenciar nuestros desarrollos y la participación en retos trascendentes.

Como bien sabemos, la inversión en las nuevas industrias de la “mentefactura” depende del nivel de talento o capital humano que respalde la ejecución de los desarrollos tecnológicos, y nuestro país requiere involucrarse cada vez más en las grandes ligas. Es justamente el objetivo de Hermann y Alan: promover nuestra incorporación en #MissionInnovation, involucrándonos en la cooperación hacia fines de interés internacional de una forma poco tradicional. Con esta iniciativa del reto de materiales, México está jugando en las grandes ligas y posee una ventaja única, francamente desaprovechada e inevitable: tener de vecinos, y de socios en esta iniciativa, a dos de los países líderes mundiales en estas tecnologías.

Es fundamental que sepamos aprovechar estratégicamente la oportunidad que esta iniciativa está abriendo para nuestros jóvenes, nuestras universidades, nuestra industria y para el bienestar de todo el país. Debemos aprovechar nuestra posición geográfica, nuestro bono demográfico, nuestra cultura folklórica y creativa que tanto cautiva al mundo, y también la pertinencia de que casi todos los actores somos nuevos en la i4.0.

Es ahora o nunca.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.