Alberto Muñoz

‘OTIS’: La era digital y la imperante necesidad de científicos de datos ciudadanos

¿La devastación de ‘Otis’ se pudo haber evitado? Un mayor acceso a la tecnología y ciencia de datos podría haber hecho la diferencia, señala Alberto Muñoz.

En un mundo donde la tecnología y la ciencia de datos están redefiniendo cómo abordamos y comprendemos los desafíos globales, el papel de los ciudadanos en este cambio es más crucial que nunca. La transformación en la era de la inteligencia artificial nos llama a reflexionar no solo sobre la importancia de la tecnología, sino también sobre quiénes son los actores principales en este escenario.

La tormenta tropical Otis, que sorprendió a los meteorólogos al convertirse en el huracán más potente que jamás haya impactado a México, sirve como un recordatorio palpable de la urgencia de este asunto. “Simplemente un fracaso catastrófico en la modelización con este (huracán). (Se condujo) a un resultado de pronóstico deficiente de la peor manera posible para el área de Acapulco.” (“Just a catastrophic failure of modeling with this one. Leads to a poor forecast outcome in the worst possible way for the Acapulco area,”) dijo el meteorólogo Matt Lanza recientemente en The Washington Post.

Una de las razones por las que esto tomó por sorpresa a los pronosticadores es que los modelos computacionales traducidos en algoritmos tienen dificultades para predecir los cambios rápidos que pueden ocurrir en tormentas más pequeñas. Otis se intensificó sobre una pequeña área frente a Guerrero, donde las velocidades de viento locales y las temperaturas del agua proporcionaron las condiciones ideales para que la tormenta se convirtiera en el monstruo que pegó en el corazón de Acapulco.

Los científicos han advertido que estas situaciones son más probables debido al cambio climático. La reacción tardía y la falta de preparación pueden tener consecuencias como las que hemos visto en los días pasados en la prensa. Pero, ¿qué pasaría si cada región del planeta estuviera instrumentada y además, cada ciudadano estuviera equipado y capacitado para actuar como un “sensor” en tiempo real?

Imagine un mundo donde cada individuo, más allá de ser un simple receptor de información, se convierta en un “científico de datos ciudadano”. No todas estas personas necesitan doctorados o títulos avanzados, sino simplemente las herramientas y habilidades básicas para recopilar y compartir datos relevantes. Si miles de personas hubieran estado monitoreando y reportando condiciones locales antes y durante el surgimiento de Otis, es posible que los modelos predictivos hubieran tenido una visión más granular y precisa del fenómeno, permitiendo respuestas más adecuadas y sobre todo, pertinentes.

Sin embargo, el empoderamiento ciudadano es sólo una parte del rompecabezas. La infraestructura tecnológica que respalda estos esfuerzos también debe ser accesible y utilizable en todo el mundo. No basta con que los resultados de investigaciones y estudios estén disponibles; la tecnología que facilita el cómputo y las inferencias también deben ser democratizadas. Las empresas transnacionales tienen la responsabilidad y la capacidad de hacer que esta tecnología pase a ser un elemento de uso diario, permitiendo que conceptos como Internet de las Cosas (IoT), inteligencia artificial y ciencia de datos se conviertan en realidades palpables en cada rincón del planeta.

Además, la brecha digital, que ya no solo inhibe oportunidades económicas, sino que también perpetúa desigualdades, debe ser abordada de manera decidida. Los gobiernos locales y las corporaciones tienen un papel crucial en este esfuerzo, invirtiendo en ciencia de datos y creando plataformas seguras y eficientes para compartir información. Estas plataformas, al actuar como repositorios, pueden alimentar modelos predictivos que sean más precisos y granulares, especialmente en el contexto de desafíos globales como el cambio climático.

La ciencia ya nos ha advertido sobre la creciente frecuencia de eventos climáticos extremos. Enfrentamos una realidad en la que estos fenómenos no conocen fronteras y afectan a todos, ricos o pobres, desarrollados o en desarrollo. Esta universalidad de impacto nos recuerda que, o enfrentamos estos desafíos juntos, o enfrentaremos las consecuencias juntos.

La combinación de ciudadanos empoderados con tecnologías avanzadas al alcance de todos puede ser nuestra mejor apuesta para un futuro más seguro y preparado. Es esencial que reconozcamos y actuemos sobre la importancia de empoderar a los ciudadanos como científicos de datos y que hagamos un llamado conjunto a empresas, gobiernos y organizaciones de todo el mundo para unirse en este esfuerzo colectivo. En un mundo interconectado, la colaboración global no es solo deseable, sino absolutamente necesaria.

Vale la pena repetirlo: “O lo hacemos juntos, o nos extinguimos juntos”. En la era digital, esta afirmación resuena con más fuerza que nunca.

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