ITAM, entre la competencia “descarnada” y la excelencia
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ITAM, entre la competencia “descarnada” y la excelencia

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ITAM, entre la competencia “descarnada” y la excelencia

bulletLas opiniones se dividen entre quienes admiten falta de sensibilidad de las autoridades y entre quienes defienden los altos estándares de exigencia.

Eduardo Bautista
16/12/2019
ITAM
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Durante el periodo de exámenes finales, en las paredes del ITAM hay letreros que dicen: “Recuerda comer y dormir, son necesidades básicas”.

Las advertencias dan una idea de la alta exigencia académica en la que vive esta comunidad de más de 5 mil jóvenes, muchos de ellos ahora inconformes con un “descarnado” sistema educativo que, supuestamente, provocó el suicidio de Fernanda Michua, estudiante de Derecho y Relaciones Internacionales.

Desde el viernes, miles de personas han compartido sus experiencias en esta casa de estudios a través del hashtag #ITAMDateCuenta, en el que circulan historias de abuso psicológico que cuestionan una forma pedagógica de la que se han nutrido altos funcionarios del gobierno mexicano en los últimos años, como Luis Videgaray, José Antonio Meade y Agustín Carstens.

En un sondeo realizado por El Financiero entre exalumnos del ITAM, las opiniones se dividen entre quienes admiten falta de sensibilidad de las autoridades y entre quienes defienden los altos estándares de exigencia.

“El suceso fue horrible, pero no se le puede atribuir toda la culpa al ITAM y menos por el hecho de que no brinda apoyo psicológico”, dice Lorena Guzmán, quien estudió Administración, de 2012 a 2017, y hoy trabaja en Google. “Sí, el nivel de exigencia es altísimo e implica muchos sacrificios, pero al final es una decisión que tomamos antes de entrar sabiendo cómo es el ITAM”.

Y es que el estrés constante es un estado casi natural para los alumnos de esta escuela, cuyo costo por semestre –dependiendo la licenciatura– ronda entre los 45 y los 55 mil pesos, sólo para cubrir los créditos.

“Si no estabas en la biblioteca todo el tiempo, existía la percepción de que algo estabas haciendo mal. Hubo una ocasión en la que pasamos 48 horas seguidas sin salir”, comparte el coordinador de una de las publicaciones de negocios más importantes de México, quien estudió allí de 2005 a 2009: “En el ITAM el estrés nace desde los alumnos. La competencia es descarnada”.

Sergio Meana, exalumno de Ingeniería en Negocios, de 2008 a 2012, recuerda que “se nos vendió esta idea de la escuela de élite en la que en cuanto egresaras ibas a encontrar el trabajo de tu vida”, dice el hoy analista de Argus Media, empresa que brinda servicios informativos al sector energético mundial; sin embargo, considera exagerada la postura de irse a paro: “Al final, en el ITAM nadie te engaña, es una decisión que todos tomamos y en cualquier momento puedes salirte”.