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En el primer frente de batalla contra COVID-19

Su horario es complicado, con la primer persona que cada paciente ve al despertar, toman sus signos vitales y comienza la jornada laboral.

Hay cambio de turno en el Hospital General de Atizapán, médicos del turno nocturno salen del área COVID, las mascarillas, guantes y demás indumentaria que les ubre el cuerpo tiene que ir a dar a un bote de basura especial, la sanitización de los zapatos es esencial.

Cruzando el pasillo se encuentra un grupo de cinco jóvenes que está por iniciar su jornada de 8 horas. Triple guante, gogles, careta, mascarilla que aprieta hasta marcar los cachetes, un traje blanco que guarda el calor que llega a ser sofocante; las mujeres con el cabello bien recogido, llevan cubrecalzado, gorra quirúrgica y una bata.

Todo lo anterior es puesto gracias a la ayuda de todos, hacer nudos y tener la paciencia para hacer todo ese procedimiento desde hace meses, dicen están cansados. Pero se reparten el trabajo.

Los residentes cuentan que las combis ya no los quieren recoger. Su horario es complicado, con la primer persona que cada paciente ve al despertar, toman sus signos vitales y comienza la jornada laboral.

A lo lejos se escucha que a cada paciente le tiene paciencia para explicar por qué no se deben quitar el oxígeno, no hay regaños, parece más una clase del por qué es importante seguir las instrucciones médicas. Hay un ruido constante: los ventiladores.

"Las jornadas de trabajo son bastante intensas y es de reconocer a todo el personal, sobre todo el médico y al de enfermería. La jornada inicia desde la preparación psicológica de que voy a llegar, voy a entrar y una vez asumiendo el reto del equipo de protección y estar ahí todo el día trabajando arduamente", dice José Rodríguez director del hospital. Hace énfasis en el reconocimiento de los trabajadores de la salud.

Actualmente este lugar cuenta con: 19 ventiladores para el área COVID ; 2 en el área de terapia intensiva neonatal; 1 en pediatría y 1 en ginecología .

El mayor reto, dice el director del hospital, es tener la capacidad de poder atender el número de pacientes que se tiene programado.

"El reto es que no tengamos ningún otro contagio, que después del brote no haya contagios del personal de salud, porque es importante salvaguardar la salud de nuestro propio personal para que pueda seguir atendiendo a los pacientes".