Ella se convirtió en maestra de un niño que vende dulces afuera del WTC
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Ella se convirtió en maestra de un niño que vende dulces afuera del WTC

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Ella se convirtió en maestra de un niño que vende dulces afuera del WTC

Elena Rodríguez no es maestra, pero como si lo fuera, le enseñó español al hijo de una vendedora de dulces que solo hablaba mixteco y ahora él va a la escuela.

Paulina Nares
22/02/2019
Elena acude a las escaleras del WTC para enseñarle a Brandon.
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Elena Rodríguez se dedica a la venta de joyería y desde hace cuatro años le da ‘clases’ a Brandon, un niño que acompaña a su mamá a vender dulces en las escaleras que están afuera del World Trade Center (WTC).

“Yo ofrezco joyería en diferentes oficinas, la mayoría de mis clientes son del WTC, paso de tres a cuatro veces por semana en las tardes y hace cuatro años me acerqué a Lucy cuando estaba vendiendo dulces con su niño chiquito, él tenía tres años”, cuenta Rodríguez.

La oriunda de la Ciudad de México (CDMX) dice que una de las razones principales por las que se acercó a Lucy y a su hijo fue porque decidió no tener hijos, pero le fascinan los niños, y la otra, porque se interesa por los indígenas.

“Siempre me he interesado por nuestros indígenas y Brandon es mixteco. Además, me agradan los niños. Todo se dio, se juntó, y me dije hay que adoptar. Hay muchos niños que necesitan cariño, y no porque Brandon no lo tenga, pero me gusta ayudar sin recibir nada a cambio”.

“Brandon es un niño muy lindo, para mí representa a muchos de nuestros indígenas que no han tenido la oportunidad de tener una vida normal, él viene con su mamá por las tardes y llega muy noche a su casa, no duerme las horas necesarias de un niño y va a la escuela”, dice Rodríguez.

Elena está contenta de haber podido convencer a Lucy para que el niño asistiera a la escuela, pues en un principio ella no sabía si podría estudiar porque hablaba mixteco, pensaba que no iba a entender y que lo iban a molestar sus compañeros: "le enseñé a hablar español para que fuera a la escuela y convencí a Lucy".

También asegura que no se esperaba la reacción de la gente en redes sociales, luego de que una foto que le tomaron se volviera viral.

“Honestamente no me lo esperaba, no tengo idea de quién sacó la foto y yo no tengo Facebook, pero ahora mucha gente me pregunta por qué lo hago y lo hago principalmente por amor a la humanidad”, expone Rodríguez.

En cuanto a por qué la gente a veces suele comportarse indiferente ante casos similares como los de Brandon, Elena considera que es porque vivimos en un mundo en donde estamos ensimismados y que la tecnología no ayuda.

“Estamos ensimismados, nos preocupamos por nosotros mismos, como que las redes, la tecnología nos ha invadido y no nos deja ser nosotros. Nos llenamos de tanta tecnología que ya no tenemos este tiempo humano para darle a otras personas”, explica Rodríguez.

Aunque expresa que también hay personas que le ayudan a Lucy regalándole zapatos en buen estado, ropa, entre otras cosas: “y yo me comprometí a ayudarle”, afirma.

Lucy vino a buscar suerte a la CDMX hace cinco años porque en su lugar de origen, Huajuapan, Oaxaca, no había oportunidades de trabajo.

“Brandon tenía dos años cuando mi esposo y yo vinimos para acá (CDMX) y aquí encontramos trabajo. También tengo otro niño de 14 años que estudia en escuela abierta”, señala Lucy, quien actualmente tiene que viajar cerca de dos horas y media desde Chimalhuacán, Estado de México, hasta Poliforum con su hijo.

Elena sigue ayudando a Brandon con sus tareas escolares.
Elena sigue ayudando a Brandon con sus tareas escolares.Paulina Nares

Lucy pertenece al 12.3 por ciento de la población que todavía habla mixteco en la CDMX, según un estudio del Inegi en 2015. En ocasiones tiene que mover su caja de dulces porque si no la quitan los policías y lleva a su hijo a trabajar porque no tiene con quien dejarlo.

Hoy en día Brandon tiene ocho años y quiere ser arquitecto, aunque Elena considera que aún es muy joven para decidir una profesión; sin embargo, asegura que lo apoyará para que se gradúe en la universidad y confiesa que ella desearía que fuera astronauta; incluso desde pequeño le leía cuentos sobre el universo.

“Deseo que Brandon sea un hombre de bien. Yo he hablado con él, le he dicho que si quiere estudiar una carrera lo apoyaré hasta donde yo pueda. Me motiva ver que me responde, lleva buenas calificaciones”, dice Rodríguez.

Mientras brinca de un lado a otro, se esconde detrás de las macetas que adornan la entrada del WTC y espanta a su mamá -quien da el cambio por unos cigarros-, Brandon cuenta que está agradecido con la que ahora se ha convertido en su maestra y que ha mejorado en sus calificaciones, que está feliz de ir a la escuela, que quiere mucho a Elena, que no le desagrada acompañar a su mamá y que le gusta hablar mixteco.