El 'sueño americano' de estos migrantes se volvió una pesadilla
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El 'sueño americano' de estos migrantes se volvió una pesadilla

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El 'sueño americano' de estos migrantes se volvió una pesadilla

bulletLos soldados detectaron en Oyama, Tamaulipas que dos vehículos tipo tráiler transportaban a 198 personas que viajaban en condiciones de riesgo.

bulletCuando el aire se detenía hasta por media hora, sentíamos que el mundo se nos terminaba, relatan algunos de los migrantes.

Perla Reséndez
05/02/2018
Actualización 05/02/2018 - 19:02
La falta de oportunidades laborales, la pobreza y la inseguridad son las causas principales para que hombres, mujeres y niños intenten llegar a Estados Unidos.
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VICTORIA, Tam.- Cuando Filegonio López Hernández salió el pasado 30 de enero junto a su hija de apenas siete años de edad de Huehuetenango en Guatemala, no imaginó que su búsqueda del llamado “sueño americano” se volvería una pesadilla.

Luego de cruzar la frontera con Estados Unidos, tuvo que llegar hasta Tabasco en donde abordaron el camión que los llevaría a la frontera con Estados Unidos y que por poco se convierte en su tumba.

No vale la pena arriesgarle la vida a mi nena
Filegonio LópezMigrante

En su país dejó a una esposa y dos hijos más que recibirían el dinero que enviarían al empezar a trabajar en alguna granja en Estados Unidos, “queríamos ir a luchar unos cuatro años, pero no se puede, de todas maneras vamos con bien para la casa”, se consuela y asegura que no volverá a intentarlo, “no vale la pena arriesgarle la vida a mi nena”.

Explica que los cuatro días que viajaron en la caja del tráiler fueron difíciles porque no veían la luz del día y apenas comieron algo de fruta y agua y algunos sueros que ellos mismos compraron antes de entrar al camión.

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En la madrugada del pasado 3 de febrero en el puesto de control militar en Oyama en el municipio de Hidalgo, los soldados detectaron a través de equipos de escaneo que dos vehículos tipo tráiler, sin razón social, transportaban a 198 personas que viajaban en condiciones de riesgo, al carecer de ventilación adecuada, y escaso espacio para moverse.

El grupo de extranjeros rescatados está conformado por 76 personas originarias de Guatemala, 103 de Honduras, y 19 de El Salvador (80 hombres y 39 mujeres adultas, 40 niños, y 39 niñas, de los cuales 55 menores de edad iban acompañados de sus padres o familiares, mientras que 24 de ellos viajaban solos).

Aunque Filegonio no había pagado aún el viaje hasta llegar a Estados Unidos, llevaba 35 mil quetzales que cambiaría a pesos para pagar a quien les prometió dejarlos en suelo americano.

La falta de oportunidades laborales, la pobreza y la inseguridad son las causas principales para que hombres, mujeres y niños intenten llegar a Estados Unidos a buscar trabajo para enviar dinero a las familias que se quedan atrás.

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María Josefa Díaz y su hijo, un joven de 17 años, dedicado a labores de campo para mantenerse, viajaron desde Guatemala para reunirse con su hermana, quien vive en Estados Unidos desde hace muchos años y quien les pagó el viaje, que aseguran, volverán a tomar, “estamos hablando que sí lo vamos a volver a intentar porque hablando de lo que es la economía no alcanza”.

Reconoce que el viaje fue riesgoso, especialmente para los niños, luego que por momentos el aire se detenía hasta por media hora y sentían asfixiarse, “a veces el aire se paraba y nos quedábamos sin respirar y luego volvía de nuevo a girar el motor, pero lo que más miedo nos daban son los niños”.

En el grupo viajaba Francisco Ponce de 28 años de edad, ex policía que quería llegar a Estados Unidos para pedir asilo político porque en su país, Honduras, las autoridades policiales lo amenazaron de muerte.

“Fui policía durante 10 años, a veces por las decisiones malas de los jefes que son corruptos, uno trata de salirse porque prácticamente yo tuve que pedir mi renuncia voluntaria por un problema e iba a pedir asilo político a Estados Unidos”.

El ex policía Tegucigalpa, capital hondureña, carga consigo papeles con los que demostrará la corrupción de sus superiores y a la que no quiso sumarse, “en este momento que ya me agarró aquí en México, quería ver si me dan la oportunidad de darme asilo político ya que mi vida corre peligro”.

En su país se quedó su esposa y tres hijos que espera poder traer ahora en México si las autoridades le brindan asilo.

Al pollero a quien sólo vio una vez, le pagó 5 mil dólares y al llegar a Estados Unidos pagaría otros mil dólares más, dinero que reunió luego de renunciar a la policía, “yo detuve a una persona que estaba con el crimen organizado, en el narcotráfico y por medio de eso tuve que pedir mi retiro voluntario a la policía, al tiempo me andaban buscando para matarme”.

Sobre los cuatro días en que estuvo encerrado sólo tomó agua y relata la angustia de todos cuando el aire se detenía hasta por media hora, “fue difícil hasta que abrimos una ventanita que trae el tráiler fue que empezamos a respirar, pero sentimos que el mundo ya se nos terminaba”.

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Yo trabajaba allá pero siempre está la ambición de hacer algo más.
Melvín DiazMigrante

Este es el segundo grupo en ocho días que es descubierto en el mismo puesto militar que tiene la Sedena en el municipio de Hidalgo para frenar los índices delictivos en la entidad.

El pasado 26 de enero fueron 109 centroamericanos, 32 de ellos menores de edad.

¿Cuánto cuesta el sueño americano?, para Melvín Diaz de 23 años, dedicado a la soldadura industrial, después de su odisea de cuatro días viajando encerrado en la caja de un tráiler, no lo suficiente para volver a arriesgar su vida, “ya con esta experiencia tengo”.

En Atlántida, Honduras tenía poco trabajo, así que el deseo de dar a su esposa y sus tres hijos varones una mejor vida, lo animó a aventurarse sin saber la pesadilla que le esperaba, “yo trabajaba allá pero siempre está la ambición de hacer algo más”.

Al cruzar la frontera con México, Melvín no recuerda más, no conoce en que ciudad lo subieron al camión y hasta que los rescataron tuvo conciencia de que estuvo cuatro días encerrado.

No sabe con cuánta gente viajó, sólo que eran muchos, mujeres, algunas embarazadas, niños, hombres que compartían la misma tragedia y perseguían el mismo sueño; una mejor oportunidad de trabajo en Estados Unidos.

Con sólo agua que traían en el tráiler y manzanas que les dejaron para comer durante la travesía, las 101 personas de uno de los tráileres y 97 en la segunda caja, debían organizarse para resolver sus necesidades básicas, orinar en balde, “necesidades, las demás estaban limitadas”.

El viaje le costaría 7 mil 500 dólares, sus familiares quienes ya viven en la Unión Americana le apoyaron y logró juntar 2 mil dólares que pagó al pollero, el resto se liquidaría una vez que pisara suelo americano; ahora dice regresar derrotado y con una deuda que le costará mucho trabajo pagar.

De acuerdo con autoridades de la Secretaría de la Defensa Nacional, el tramo de Victoria a Linares, Nuevo León, es una ruta marcada por los traficantes de personas para evadir los puestos de control en la carretera que va desde el estado de Veracruz hasta Reynosa, Tamaulipas.

La falta de trabajo hizo que José López Tomás de 40 años y su hijo de 17 años subieran al camión el martes 30 de enero, tras llegar a México desde Guatemala, luego que ha escuchado que allá en Estados Unidos se gana un poquito más.

Trabajador del campo, no tenía un destino fijo, “a ver en qué estado encontraba trabajo”; en su bolsa traía 6 mil pesos y al llegar a su destino tenía que entregar 2 mil dólares a una persona que no conocía, “encontré otros amigos que me dijeron que para allá iban también y me hice amigos de ellos”.

José dice que pese a lo que vivieron esos cuatro días en el camión, una vez que regrese a su país, trabajará para juntar dinero y volver a intentar llegar al país el norte, “por mi necesidad, usted sabe que uno tiene que salir porque no puedo dejar morir a mi familia de hambre y tampoco me puedo meter a robar con los vecinos que tienen, si yo consiguiera un trabajo aquí más cerca, me quedaría trabajando para mantener mi familia”.

Con el grupo viajaban 24 menores no acompañados que fueron puestos en custodia del DIF para entregarlos a sus familiares, una vez que se realice el procedimiento migratorio correspondiente.