El accidente que hace 40 años reveló el México prehispánico
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El accidente que hace 40 años reveló el México prehispánico

COMPARTIR

···
menu-trigger

El accidente que hace 40 años reveló el México prehispánico

bulletEn 1978, trabajadores hallaron una piedra que resultó ser Coyolxauhqui; ese hallazgo derivó en el del Templo Mayor.

Óscar Castro Anabel Clemente Bertín Cova Juan Carlos Ramírez
23/02/2018
Actualización 23/02/2018 - 0:21
Detalle del monolito conocido como Coyolxauhqui del Museo del Templo Mayor
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

Ya había indicios de que la ciudad, en sus entrañas, escondía algo milenario. Hace 40 años, el 23 de febrero de 1978, se confirmó que la piedra hallada por unos trabajadores de la extinta Compañía de Luz y Fuerza era la Coyolxauhqui, que fue la llave del descubrimiento del Templo Mayor y de una historia oculta por casi cinco siglos, la del México prehispánico.

El 21 de febrero de 1978 los obreros descubrieron una piedra que nos les permitía seguir con su labor. Días más tarde se supo de lo que se trataba y con eso giró la mirada de los mexicanos a la arqueología moderna, cuenta el arqueólogo Carlos Javier González.

La “diosa lunar” reveló la ubicación exacta en la que hace 450 años se encontraba el más importante edificio ceremonial de los aztecas, el Huey Teocalli o Templo Mayor, con lo que se dio el impulso al rescate del recinto prehispánico.

“Su hallazgo dio pie a la excavación completa del Templo Mayor y yendo más lejos a la declaratoria, en 1987, del Centro Histórico como patrimonio de la humanidad”, explica el también director del museo de sitio Templo Mayor.

En la esquina que formaban las calles de Guatemala y Argentina se encontró el monolito que forma parte del mito mexica de cómo Huitzilopochtli (dios solar y de la guerra) decapita, en el cerro de Coatépetl, a Coyolxauhqui (deidad lunar), quien quiso matarlo a él y a Coatlicue, madre de ambos.

La doctora María de Lourdes Gallardo Parrodi, restauradora del museo, recuerda que el hallazgo se convirtió en un fenómeno mediático e incluso se creó una moneda conmemorativa, lo que permitió que la población se involucrara con la arqueología. “El impacto de la imagen fue tremendo. Todo el mundo veíamos noticias del hallazgo y eso se insertó en el imaginario colectivo”, rememora.

La deidad lunar le dio a la Ciudad de México la referencia para mirar al pasado, pero también para admirar la escultura. “Sin duda es una de las grandes obras de la escultura mexica, es una escultura muy bella”, dice Javier González.

Ahora, a 40 años del descubrimiento, se han identificado siete etapas constructivas del edificio mexica, y los arqueólogos han hallado más de 100 mil objetos que se exhiben en el museo o están en bodegas.