Migrantes intentan cruzar el río Suchiate para llegar a México
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Migrantes intentan cruzar el río Suchiate para llegar a México

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Migrantes intentan cruzar el río Suchiate para llegar a México

bulletLas personas bajaron del puente fronterizo y se dirigieron hacia el río, luego de que funcionarios mexicanos les negaran el paso.

AP
20/01/2020
Actualización 20/01/2020 - 17:51
Migrantes intentan cruzar el río Suchiate.
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Cientos de centroamericanos cruzaron el lunes el río Suchiate de Guatemala a México, en una nueva prueba para la estrategia migratoria del presidente Donald Trump para mantener a los migrantes alejados de la frontera estadounidense.

Los migrantes se bajaron del puente fronterizo y se dirigieron hacia el río después de que funcionarios mexicanos les dijeron que no les permitirían el paso por el país.

Entre gritos e incluso algunos fuegos artificiales, los migrantes comenzaron a cruzar las aguas bajas del río.

Del lado mexicano, los migrantes corrieron de lado a lado en la orilla del río, levantando polvo y buscando un hueco entre las filas de los elementos de la Guardia Nacional que fueron enviados al lugar para contenerlos.

Los guardias nacionales también se movilizaron, intentando dirigirse hacia los grupos y deteniendo a personas en donde podían. Hubo empujones y algunos golpes. Los escudos de plástico de algunos guardias fueron impactados por rocas arrojadas por los migrantes y ellos ocasionalmente lanzaban una piedra de regreso. Otros trotaban para acomodarse con largos bastones. Otros más llevaban fusiles semiautomáticos.

Muchos de los migrantes retrocedieron hacia la ribera; otros pocos regresaron a Guatemala.

“Tienen dos opciones: o regresa a territorio de Guatemala o se viene con nosotros”, dijeron agentes mexicanos de inmigración a los migrantes que habían cruzado el río. Les aseguraron que regularizarían el estatus de quienes fueran con ellos, pero pocos migrantes les creyeron.

“El presidente de México nos dijo que nos iba a dar trabajo, una oportunidad, y mire”, dijo Esther Madrid, una comerciante hondureña que dejó a sus seis hijos en Honduras. Sentada sobre una roca entre decenas de migrantes que no sabían qué hacer después, pronunció sólo una palabra cuando le preguntaron si consideraría regresar a San Pedro Sula: “Jamás”.

Para después del mediodía, estaban de nuevo en punto muerto. La única diferencia era que los migrantes ahora estaban en el lado mexicano del río.

La policía antimotines con escudos también apareció del lado guatemalteco, por lo que surgió la duda de cuáles opciones seguían teniendo los migrantes.

Ocasionalmente, algunos de ellos intentaban correr entre los huecos dejados por los guardias mexicanos, pero la mayoría descansaba, esperando a ver qué sucedía después.

Daisy Pérez, una mujer de 42 años que viajaba con sus dos hijos, aprovechó una pausa en la agitación para llamar a un familiar: “Ya estamos en México, mándenos dinero”.

Una joven de 14 años fue cargada desde la orilla del río inconsciente. No era claro qué había sucedido, pero un guardia dijo que se había convulsionado.

Los migrantes quieren el paso libre a través de México para llegar a la frontera de Estados Unidos, pero el gobierno mexicano rechazó la petición.

Aunque el gobierno dice que los migrantes son libres de entrar, y de solicitar trabajos si quieren quedarse y trabajar, en la práctica ha restringido a los migrantes en los estados sureños mientras sus casos se procesan en una lenta burocracia. Quienes no solicitan asilo o algún estatus de protección, probablemente serán detenidos y deportados.

Una carta transmitida el lunes a los migrantes por un oficial de la agencia inmigratoria de México, recalcó la postura del gobierno mexicano de que los migrantes podrían entrar de forma ordenada, aunque se rechazaría el paso libre.

“Por el río, así será”, dijo Edwin Chávez, un joven de 19 años de Tegucigalpa.

“No hay miedo”, dijo Chávez, “ya estamos acostumbrados a la represión; en tu país te reprimen, te golpean, siempre es así”.

Horas antes, un migrante que se negó a dar su nombre se paró cerca de las rejas cerradas en el puente sobre el río Suchiate y leyó una carta abierta del grupo al presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Venimos de una forma pacífica para tratar de dialogar con el gobierno, para tratar de llegar a un acuerdo donde todos los miembros de la caravana seamos beneficiados con el permiso de movilizarnos libremente por las tierras mexicanas”, leyó.

Trump ha obligado a las personas que solicitan asilo en Estados Unidos a esperar en México, o solicitarlo en países centroamericanos, eliminando de facto una de las válvulas de escape de las caravanas previas. Bajo las amenazas de sanciones comerciales o de otro tipo del gobierno de Trump, México frenó la práctica de permitir que migrantes cruzaran su territorio sin impedimentos.

El gobierno mexicano emitió nuevos datos el lunes mostrando que 4 mil migrantes cruzaron al país la semana pasada en los dos principales cruces utilizados por los migrantes, y durante el fin de semana casi mil 700 migrantes entraron a México por los dos cruces. Agregó que 400 fueron deportados por Guatemala.

Denis Contreras, un hondureño que dirigía al grupo este lunes lunes, dijo que no se dará por vencido. Ya le habían negado asilo político y fue deportado desde San Diego, California, pero dijo que, si regresa a Honduras, los pandilleros lo matarán a él o a su familia.

Después de que dos caravanas llegaran exitosamente a la frontera estadounidense en 2018 y principios de 2019, México comenzó a tomar medidas severas y, para abril de 2019, desmanteló el último intento de una caravana, rodeando a los migrantes mientras caminaban por la autopista.

Al acercarse la caravana de esta semana, México envió elementos para vigilar la frontera sur y monitoreó el área con drones. Los migrantes a veces viajan en caravanas porque el grupo les ofrece seguridad y es una oportunidad para los migrantes demasiado pobres para pagar a traficantes.

Más de mil migrantes optaron por darle una oportunidad a México el domingo y fueron transportados por camioneta a los centros de inmigración para ser procesados.

No es claro qué tipo de trabajo México tiene pensado para los migrantes, considerando que la mitad de la población mexicana es pobre y hay millones de desempleados.

La tarde del domingo, el gobierno mexicano emitió un comunicado diciendo que “en la mayoría de los casos”, los cientos de migrantes que había recibido en días recientes serían regresados a su país de origen “en caso de que la situación así lo amerite”.

En los últimos meses, México ha redoblado los esfuerzos desplegando miles de efectivos militares en sus dos fronteras y en las principales rutas migratorias con el fin de impedir que los migrantes lleguen a territorio estadounidense, tras las amenazas del presidente Donald Trump, de sanciones comerciales y otras represalias.

A fines de 2018, miles de centroamericanos optaron por migrar masivamente formando caravanas para sentirse más seguros y tener así más posibilidades de llegar a Estados Unidos, pero esta sería la primera desde que Washington firmó acuerdos para controlar la migración con Guatemala, Honduras y El Salvador.

Maureen Meyer, directora para México y derechos de los migrantes en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), indicó que “el Gobierno mexicano ha dejado claro que no ofrecerá ninguna visa que pueda utilizarse para viajar al norte, y que cualquiera que viaje sin documentación adecuada será detenido, enviando un firme mensaje al Gobierno de Trump de que el Gobierno mexicano está haciendo su parte para asegurarse de que los miembros de la caravana no llegan a la frontera estadounidense”.

México, que en la caravana de fines de 2018 abrió sus puertas a los centroamericanos y luego empezó con la contención cada vez más fuerte ante las presiones de Estados Unidos, ha optado ahora por desplegar cientos de guardias nacionales para sellar los principales pasos de su frontera sur.

Y aunque durante el fin de semana cerró temporalmente tanto el cruce de Ciudad Hidalgo, como otro paso más al este en Tabasco, permitió la entrada de grupos pequeños teóricamente para su regularización pero, sobre todo, con afán de control y contención bajo el discurso oficial de que defiende una migración “segura y ordenada”.

Al cruzar la frontera a los migrantes, les dijeron que recibirían información sobre las distintas opciones de estancia legal en México, pero el INM indicó el domingo por la tarde en un comunicado que la mayoría de las más de mil personas que se entregaron el sábado no cumplían los requisitos y “se procederá al retorno asistido”.

Claudia León, coordinadora del Servicio Jesuita a Refugiados en Tapachula, describió las redadas respaldadas con promesas vagas de empleo como una detención de facto que podría violar los derechos de los refugiados.

“Es lamentable, muy grave”, consideró. “Seguramente la gente se va a sentir engañada y bastante frustrada”, agregó.

Los que se entregaron a migración el sábado en Ciudad Hidalgo fueron trasladados en nueve autobuses a varias estaciones migratorias en las ciudades de Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y a Acayucan, confirmaron a AP varias personas con conocimiento de los traslados.