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Trump, un año de división e impopularidad

El magnate neoyorquino Donald Trump ganó las elecciones de la mano del Partido Republicano  en noviembre de 2016 y un año después, el país sigue tanto o más dividido que entonces.

Hoy se cumple un año de que, contra todo pronóstico, Donald Trump, el magnate neoyorquino sin gota de experiencia política que se jactaba de tocar los genitales a las mujeres y despreciar a los migrantes indocumentados, se convirtió en el presidente 45 de Estados Unidos, generando un terremoto político en la Casa Blanca que sumió al país y al mundo en la incertidumbre.

El 8 de noviembre de 2016, el hombre de cabello anaranjado que predicaba volver a un pasado dorado del país, ganó las elecciones de la mano del Partido Republicano y se convirtió en el nuevo presidente de la primera potencia mundial. Un año después, aquella campaña escandalosa parece no haber terminado y el país sigue tanto o más dividido que entonces.

El magnate, estrella de reality show, enfrenta un año después la popularidad más baja, 37 por ciento según un sondeo del diario The Washington Post, para un presidente a esta altura de su mandato, aunque sus partidarios más duros siguen viéndolo como el adalid del cambio en Washington.

El fantasma del llamado Rusiagate –el vínculo de Trump y sus funcionarios con el Kremlin durante la campaña electoral— lejos de haberse desvanecido se agiganta con las investigaciones del Congreso, el FBI y del fiscal especial Robert Mueller. Dos de sus compañeros en la contienda electoral, Paul Manafort y Rick Gates, exjefe y exrepresentante de la campaña republicana, están bajo arresto domiciliario luego de pagar una jugosa fianza y se alistan los cargos contra su exasesor de Seguridad, Michel Flynn, quien mintió al vicepresidente, Mike Pence, sobre su reunión con el embajador de Moscú en Washington, Sergei Kislyak.

También el exasesor presidencial Georges Papadopoulos admitió haber mentido al FBI sobre sus vínculos con la Rusia de Vladimir Putin. Por el Congreso ya han desfilado para dar testimonio sobre el caso desde Jared Kushner, el yerno de Trump, hasta su hijo Donald Jr.

Desde su cuenta de Twitter, el presidente Trump ha innovado la forma de hacer diplomacia y sigue agitando las bravatas que solía esgrimir en la carrera electoral. Lejos de lo que muchos esperaban que lograra cierto sosiego cuando habitara el Oficina Oval, nada de eso ha sucedido: se pelea con la prensa, los demócratas, continúa poniendo sobrenombres a sus rivales y hasta ha amenazado con lanzar una guerra nuclear a Norcorea, en no más de 150 caracteres.

Pero más allá de su estilo belicoso, que le ha llevado a diversos enfrentamientos verbales con más de uno de sus homólogos, Trump ha esbozado una doctrina que ha transformado el lugar que Estados Unidos ocupa en el mundo, retrocediendo medio siglo de avance en las normas globales y el multilateralismo.

La gente, además, entra y sale de la Casa Blanca de Trump. En los primeros siete meses de su gobierno, 26 funcionarios de alto rango renunciaron o fueron despedidos; entre ellos cinco de los más cercanos, incluido Steve Bannon, su estratega principal, lo que sin duda, será una característica de su primer año de gobierno.

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