'¡Milán no se cierra!', gritan italianos contra la cuarentena
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'¡Milán no se cierra!', gritan italianos contra la cuarentena

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'¡Milán no se cierra!', gritan italianos contra la cuarentena

bulletHasta el momento van 366 muertos en Italia, pero el milanés promedio se sigue negando a ir a un resguardo voluntario, aún dentro del aislamiento de su región, Lombardía.

Pedro Hiriart
08/03/2020
Exageran con el coronavirus, dicen en Milán
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Milán, Italia.- “¿Penne lisce? ¡No, mi dispiace!” (¡No, lo siento!), gritó una señora italiana mientras contemplaba el vacío de las estanterías en el supermercado. Los italianos prefieren morir de hambre que comer una pasta que no les gusta.

Casi todo lo que se puede guardar por un largo tiempo se había acabado. El atún enlatado, la pasta seca y el papel de baño habían prácticamente desaparecido. El otro estante que había sufrido daños considerables era el del vino. El miedo a la cuarentena estaba presente. Sin embargo, nadie compraba la pasta corta de textura lisa: el penne lisce.

Han pasado tres semanas desde aquel lunes 24 de febrero. Un día antes había estallado la bomba del coronavirus en el norte de Italia, misma que llevó al gobierno a cancelar las escuelas en el norte del país, a las empresas a pedirles a sus empleados que trabajaran desde sus casas. Ese lunes las calles se vaciaron y el día terminó a las seis de la tarde en el corazón financiero del país de la bota.

Hoy las tiendas están bien surtidas, sobra el atún y ya no hay riesgo de que se acabe el papel de baño en una casa italiana. Menos de que escasee el vino en las mesas. El desabasto no llegó, pero sí la cuarentena.

Los expertos recomendaron quedarse en casa por unos días para evitar la propagación del virus desde hace más de dos semanas, pero los italianos insistieron que todos estaban exagerando. Hasta el momento van 366 muertos en el país, pero el milanés promedio se sigue negando a ir a un resguardo voluntario, aún dentro del aislamiento de su región, Lombardía.

Horas después de que se diera a conocer en diferentes medios el plan del gobierno para aislar a 16 millones de personas en diferentes ciudades de Lombardía y otras 14 provincias del norte de Italia, muchos corrieron a la Estación Central a intentar tomar un tren que los sacara de Milán. Muchos otros corrieron a los bares.

Desde que comenzó la emergencia, se difundió en redes sociales la campaña #MilanoNonSiFerma (Milán no se cierra) pidiendo a los establecimientos que permanecieran abiertos, alentaban a las personas a salir a tomar café por la mañana y vino por las noches, y en general a pretender que no había tal emergencia como había dicho la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La campaña hizo más ruido entre los locales que con los turistas. Todavía este sábado se podían ver más palomas que gente en la Plaza del Duomo, y por el Cuadrilátero de la Moda casi no desfilaban personas con las manos llenas de bolsas con ropa de diseñador.

Mas ese vacío no fue tan evidente en los parques y plazas públicas más alejados del centro de la ciudad, donde los italianos, cansados del encierro de las semanas anteriores, salieron a tomar sol como si nada estuviera pasando. Eso sí, las reuniones entre amigos eran al aire libre.

La mañana del domingo, ya después del anuncio y la entrada en vigor de las restricciones del primer ministro, Giuseppe Conte, los cafés estaban llenos de gente desayunando, personas de la tercera edad salían a comprar comida para la semana y las parejas sacaban a sus hijos en carriolas descubiertas para que los bebés pudieran tomar el sol.

Sin embargo, la resistencia de los milaneses no fue suficiente. Las clases, y la vida, se detendrán hasta el 3 de abril. Museos y espacios culturales deben estar cerrados, las cafeterías y restaurantes pueden abrir sólo de seis de la mañana a seis de la tarde, siempre y cuando puedan asegurar que sus clientes estén a un metro de distancia uno del otro, y las universidades buscarán continuar con sus actividades a través de internet.

La confusión

Pero a pesar de que la OMS aplaudió estas nuevas medidas, para algunos italianos sigue siendo difícil entender qué sí se puede hacer y qué no, al igual que cómo se puede asegurar el gobierno de que se están cumpliendo las nuevas medidas. Italianos juegan con la situación actual cuando se les pregunta lo que sucede: “hay una confusión tremenda. Creo que ni el primer ministro entiende cómo funciona esta cuarentena”. Agencias