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La Venezuela de Maduro y Guaidó se mueven y tratan de evitarse en la Asamblea General de la ONU

La edición 74 del evento tiene la peculiaridad de tener dos representaciones de ese país: una tiene el reconocimiento de más de 50 países, pero no el 'mando' de la Presidencia venezolana.

Vinieron del mismo país, por la misma razón, como representantes diplomáticos de su Gobierno... Y se aseguraron de que sus caminos nunca se cruzaran.

La 74 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene la peculiaridad de tener a dos delegaciones venezolanas, que luchan por reconocimiento internacional mientras su país sobrelleva un colapso económico y una gran incertidumbre política.

Un grupo de diplomáticos representa al presidente Nicolás Maduro, el jefe de Estado a los ojos del sistema de las Naciones Unidas. El otro a un Gobierno 'fantasma' encabezado por el líder opositor Juan Guaidó, quien es reconocido por Estados Unidos y más de 50 naciones como mandatario de esa nación después de que consideraron fraudulenta la reelección de Maduro en 2018.

Ni Maduro ni Guaidó vinieron a la ONU, pero los venezolanos de todos modos acapararon la atención y el presidente estadounidense Donald Trump organizó una reunión de alto nivel de cuatro horas con líderes latinoamericanos para abordar la crisis política y humanitaria de Venezuela.

En lugar de confrontar a sus vecinos, Maduro viajó a Moscú para hablar con uno de sus principales aliados, el presidente ruso Vladimir Putin.

En Nueva York, las delegaciones rivales evitaron encontrarse mientras luchaban por promover su mensaje en presentaciones públicas y encuentros bilaterales.

La situación sui géneris vio a la delegación de Guaidó impedida de entrar a la sede de la ONU como representante de Venezuela hasta que ocho naciones latinoamericanas les suministraron acreditaciones a sus miembros: uno ingresó como parte de la delegación argentina; otro como 'asesor hondureño' y uno más como 'experto en Colombia'.

El Gobierno de Maduro controla la misión de su país ante la ONU en la sede del organismo, mientras que la gente de Guaidó se instaló en el consulado venezolano en Nueva York, que abandonaron los representantes de Maduro cuando EU les retiró su reconocimiento.

Particularmente sensibles resultaron encuentros con los ministros de relaciones exteriores de España y Portugal, que han reconocido oficialmente a Guaidó como presidente. El equipo de Guaidó presionó a la Unión Europea para que imponga más sanciones al Gobierno de Maduro.

La presencia de dos delegaciones puso de manifiesto la capacidad de Maduro para mantenerse en el poder, pero también su creciente aislamiento internacional.

Su Gobierno ha sobrevivido a sanciones de Estados Unidos a la industria petrolera venezolana; sofocó un alzamiento militar en abril, y suspendió el mes pasado negociaciones con la oposición mediadas por Noruega. Maduro tiene el apoyo financiero y político de Rusia y China, dos poderosos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.

Ausente Maduro, el canciller Jorge Arreaza y otros diplomáticos ocuparon la banca de Venezuela en el debate de la Asamblea General, la cumbre sobre el clima y en otras actividades de la ONU. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodrígez, será quien hable ante la Asamblea este viernes.

Muchos de los vecinos de Venezuela ignoraron a Arreaza y se esforzaron por dar visibilidad a la gente de Guaidó.

Los enviados de Maduro no fueron invitados a conversaciones de alto nivel que culminaron con el anuncio de más de una docena de naciones de que investigarán y detendrán a funcionarios y allegados al Gobierno venezolano sospechosos de actividades ilícitas como tráfico de drogas, lavado de dinero y terrorismo financiero.

Canadá, Perú, Colombia y Ecuador convocaron además una reunión sobre la crisis migratoria venezolana en la sede de la ONU. Eso dio al principal asesor de Guaidó en política exterior, Julio Borges, la oportunidad de representar a Venezuela en salones de conferencia de la ONU, aunque no en la icónica Asamblea General.

Borges, un exlegislador venezolano que vive exiliado en Colombia, tuiteó videos de la escena.

"Considero que esto pone de manifiesto la brecha entre la legitimidad democrática y el control de facto. La oposición tiene uno y no el otro", comentó Geoff Ramsey, investigador de la Oficina de Washington para América Latina, un grupo de estudio.

"Esta Asamblea General no le va tan bien como Maduro hubiera querido", agregó. "Él quiere normalizar relaciones con el resto de América Latina y salir de este atolladero, pero ha quedado en claro que esto no se va a dar sin nuevas elecciones presidenciales".

Por otra parte, Arreaza remarcó que las acreditaciones prestadas reflejan la ilegitimidad de Guaidó.

"Andan por allí dando vueltas como unos fantasmas por Naciones Unidas. Nadie los invitó. Están, como dicen en España, 'colados'. En Venezuela hay una expresión, es muy clara, es 'arroceros'. Están de 'arroceros' aquí. Por ahí andan acreditados en misiones de otros países, la cosa más absurda, el desespero más absoluto", criticó.

Para los representantes de Guaidó, los pases simbolizan la solidaridad de los vecinos de Venezuela.

"En un valiente esfuerzo, varios países nos ayudaron a conseguir acceso", declaró Miguel Pizarro, legislador venezolano exiliado.

Arreaza publicó una cantidad de videos y fotos en Twitter que revelaron que el aislamiento diplomático del Gobierno de Maduro no es universal: se le vio dándole la mano al presidente iraní Hassan Rouhani en la sala de la Asamblea General, riéndose con delegados sudafricanos y conversando con el primer ministro paquistaní.

También hubo sonrisas en encuentros con los cancilleres de España y Portugal a pesar de que esos gobiernos reconocen a Guaidó como el legítimo presidente de Venezuela.

Los enviados de España y Portugal también hablaron con Borges, quien dijo que ambas naciones "comprenden que la culpa de las fallidas negociaciones es de Maduro".

Portugal y España no publicitaron esos encuentros. España esperó varios días antes de difundir una declaración cuidadosamente redactada en la que dijo que la reunión tuvo el fin de promover la reanudación de las negociaciones.

Tanto Arreaza como Borges se reunieron con la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, para hablar de su informe del año pasado en el que documenta la represión de opositores políticos, detenciones arbitrarias, torturas y la muerte de 5 mil 300 personas a manos de las fuerzas de seguridad.

Arreaza, en tanto, comentó que Venezuela permitiría a funcionarios de la ONU acceso a centros de detención y libertad de movimiento en el país. Eso fue un indicio de que Maduro responde a las presiones internacionales, pero también reflejó que sigue siendo la autoridad en Venezuela.