Esto es lo que la estrategia sueca le ha enseñado al mundo sobre el confinamiento y el COVID-19
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Esto es lo que la estrategia sueca le ha enseñado al mundo sobre el confinamiento y el COVID-19

COMPARTIR

···
menu-trigger

Esto es lo que la estrategia sueca le ha enseñado al mundo sobre el confinamiento y el COVID-19

bulletEn términos de contagios y muertes, dicha nación todavía está en mejor situación que los países más afectados de Europa, pero está mucho peor que países vecinos con características similares.

Bloomberg / Niclas Rolander
12/08/2020
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

Suecia, que se ha negado a cerrar escuelas y restaurantes para contener el nuevo coronavirus, está siendo atentamente observada mientras muchos otros países abren gradualmente sus economías tras medidas de confinamiento más estrictas. La controvertida estrategia sueca es considerada por algunos como una advertencia y como un ejemplo de cómo contener la enfermedad sin implementar medidas draconianas.

En términos de contagios y muertes, Suecia todavía está en mejor situación que los países más afectados de Europa, pero está mucho peor que países vecinos con características similares. Por ejemplo, el país actualmente tiene una cifra de muertes por millón de habitantes que es más de nueve veces superior a la de Noruega.

Los epidemiólogos advierten que puede ser demasiado pronto para sacar conclusiones, y algunos, como Johan Giesecke, asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y exepidemiólogo del Estado sueco, han señalado que cuando la situación se apacigüe, la mayoría de los países comparables tendrán más o menos tasas de mortalidad per cápita similares. Giesecke argumentó que, si bien Suecia se ha visto muy afectada por los contagios desde el principio, el virus continuará propagándose a través de poblaciones que no han estado expuestas ante la ausencia de una vacuna eficaz.

Un contraargumento es que los países que retrasaron la propagación imponiendo medidas de confinamiento han aumentado la posibilidad de que haya tratamientos para pacientes que se enfermen más gravemente en nuevas olas de contagios.

Una falla inequívoca en Suecia ha sido su incapacidad para proteger a los ancianos. A fines de abril, cerca de la mitad de las personas mayores de 70 años que habían muerto de COVID-19 se habían contagiado en hogares de ancianos. Entidades gubernamentales han responsabilizado por las enormes tasas de mortalidad entre ancianos bajo cuidado a las deficientes rutinas y una inesperada falta de preparación para enfrentar la pandemia. Los críticos señalan que un estricto confinamiento desde el principio habría dado margen tanto a cuidadores como a autoridades para garantizar la disponibilidad de equipos de protección y la implementación de las directrices.

Michael Ryan, que encabeza el programa de emergencias sanitarias de la OMS, dijo recientemente que Suecia puede representar “un modelo futuro” para “una nueva normalidad”. La idea es que incluso después de que se levanten las medidas de confinamiento, los Gobiernos deberán confiar en que los ciudadanos se adhieran a las recomendaciones de distanciamiento social, como han hecho en gran medida los suecos.

Las autoridades suecas de salud pública han argumentado que, si bien un confinamiento total puede ser eficaz para reducir los contagios durante un período acotado, una estrategia menos draconiana es más sostenible a lo largo del tiempo. Dado que otros países europeos están en proceso de flexibilizar sus restricciones, las limitadas medidas que Suecia ha implementado siguen vigentes. Eso significa que, si bien es posible que Suecia no pierda su condición de un caso atípico, podría resultar más restrictiva que otros países europeos.

En cuanto a los efectos económicos de una política más flexible, los países que buscan limitar el daño emulando la estrategia de Suecia no deberían esperar milagros. La economía, que depende de las exportaciones, no ha podido resistir el impacto global provocado por las cuarentenas generalizadas en otros lugares, y gran cantidad de empresas del sector de servicios corren el riesgo de quebrar si los clientes no regresan.