Clandestinidad y tristeza invaden a una Italia aislada
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Clandestinidad y tristeza invaden a una Italia aislada

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Clandestinidad y tristeza invaden a una Italia aislada

bulletPor las calles caminan personas que, gracias a la falta de coches, ignoran las banquetas, donde tampoco hay nadie.

Pedro Hiriart
23/03/2020
Calles de Italia vacías por el coronavirus
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Milán, Italia .- Los cubrebocas no alcanzan a tapar las caras largas de quienes esperan una hora para entrar al supermercado. Está prohibido hablar fuerte. Y que a nadie se le ocurra reírse. Ninguna autoridad gubernamental lo ha ordenado así, pero la tristeza de la gente en esos momentos se impone más que cualquier decreto.

Por las calles caminan personas que, gracias a la falta de coches, ignoran las banquetas, donde tampoco hay nadie. El único sonido que llega es el aleteo de las palomas que pasan sin poner mucha atención a las estatuas vivientes que esperan su turno para entrar a la tienda. Los camiones y tranvías, vacíos, recorren su ruta sin más propósito que aparentar que todo esto es normal.

Desde hace dos semanas ronda la policía, la Guardia Financiera y Carabineros para asegurarse de que se cumplen las órdenes, y que nadie esté fuera sin motivo válido. La sanción por no hacer caso es de 206 euros o tres meses de cárcel.

A pesar del riesgo, algunos italianos no pueden ser detenidos ni por el coronavirus ni por el miedo a ser sancionados. Hasta el momento se han multado a más de 50 mil personas por violar el decreto.

La satisfacción clandestina de dejar de ver las mismas cuatro paredes de las últimas semanas, obligó al primer ministro, Giuseppe Conte, a anunciar que las medidas de aislamiento se extenderán hasta después del tres de abril.

El nuevo decreto se firmará el 25 de marzo, y se espera que se prohíba sacar a pasear a las mascotas, al igual que pedirle a las tiendas que reduzcan sus horarios.

A partir de este viernes, también se aumentó la presencia del ejército en las calles. En Milán, capital de Lombardía, región más afectada por el virus llegaron 114 elementos armados para ayudar con las labores de seguridad. Estos se suman a los 34 soldados que ya resguardaban ciertas zonas de la ciudad.

Al mismo tiempo que anunciaba más restricciones, Conte también pretendía restablecer la moral de su pueblo para que todos se queden en sus casas en estos días de sol, y de contagios. Constantemente lanza llamados mantener unido al país recordando que se han pasado por otros momentos difíciles como dos guerras mundiales y el régimen fascista de Benito Mussolini.

“El Estado no son sólo las estructuras de gobierno y las instituciones. El Estado somos nosotros: 60 millones de ciudadanos que luchamos juntos, con fuerza y coraje, para vencer a nuestro enemigo invisible” publicó el martes pasado en todas sus redes sociales.

Estos mensajes han resonado a lo largo del país de maneras tan distintas como la brutal diferencia que hay entre el norte y el sur. Ambos polos llevan años inmersos en una pelea a la que tampoco se le ve el fin.

Esos motivos por los que se dicen tan desiguales unos de otros, son evidentes durante esta emergencia. Mientras en el sur salen a las terrazas a cantar y bailar, en el norte se asoman para aplaudir de manera ordenada, y se ponen velas y luces en las ventanas para hacerle saber al personal médico que no están solos. Los italianos resisten desde los balcones, cada uno a su manera.

Coronavirus deja calles vacías en Italia
Coronavirus deja calles vacías en ItaliaAP

Optimismo

Es difícil mantener el optimismo cuando los titulares de la prensa son golpes a la esperanza: “En la morgue de Bérgamo ya no cabe un muerto más”, “Ya no hay camas en los hospitales”, “Los doctores están teniendo que decidir qué vidas salvar por falta de equipo médico”.

Hasta los mensajes que llegan de seres queridos que ven cómo se vive esta tragedia desde afuera, son escalofriantes. “Ya vi que llevan 3 mil 405 muertos”, “¿Qué ya mueren más personas por día allá que en China?” “¡Están en guerra!”.

“Un pequeño consuelo, son las risas que producen las soluciones que llegan, generalmente, después de los recordatorios de las malas noticias: “pon media cebolla a un lado de tu cama”, “toma agua caliente todo el día”, “lo que hay que hacer es respirar el aire caliente de la secadora de pelo para que se calienten los pulmones y el virus se muera”.

Ahora con un nuevo reto a vencer por la llegada de la primavera al norte del país. “Esta es la única temporada del año en la que es mejor estar en Milán que en cualquier parte de Italia” aseguran los locales. Es así es, sin ver claro el final de la emergencia, el arranque de la mejor época del año se vivirá también desde los balcones.