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Isabel II: 70 años. Lecciones del Jubileo

En este texto, Leonardo Kourchenko refiere que el Reino Unido de la Gran Bretaña celebró por todo lo alto los 70 años de su majestad en el trono.

El Reino Unido de la Gran Bretaña y todos los países de la Comunidad Británica de Naciones que aún reconocen a Isabel II como su jefa de Estado, celebraron por todo lo alto los 70 años de su majestad en el trono.

A  juzgar por las espectaculares imágenes, eventos, desfiles y las obligadas apariciones en el balcón del Palacio de Buckingham, la maquinaria de transición y de confirmación de la monarquía británica está ya en movimiento.

Los actores centrales fueron, bajo instrucciones de su majestad y aprobación de la Casa Real, los integrantes de la familia “activos” e involucrados en representaciones benéficas a nombre de la Reina a lo largo y ancho de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

Así, el desfile del primer día estuvo encabezado por el Príncipe de Gales, Carlos, uniformado en la tradicional casaca roja de los guardia montados, acompañado a unos metros de distancia por el Príncipe Guillermo en idéntico uniforme y por la Princesa Real Ana, también uniformada en los colores de la marina real y con bicornio.

Estas tres figuras centrales de la trabajadora y muy profesional familia real rindieron tributo con saludo militar a su majestad la Reina, quien desde el balcón de Palacio observó el desfile militar en su honor.

La Reina estuvo acompañada por su primo hermano, el Duque de Kent (85 años), para después, sumarse los otros integrantes que, de forma activa, participan en los eventos de la monarquía: el Príncipe Carlos y su esposa la Duquesa de Cornwall; el Príncipe Guillermo, su esposa Catalina Duquesa de Cambridge y sus tres hijos (Jorge, Carlota y Louis); el Príncipe Eduardo (hijo menor de la Reina), su esposa Sophie y sus dos hijos, y finalmente, los muy cercano y activos primos de su majestad: el Duque de Gloucester y su esposa; el Duque de Kent y su esposa, y su hermana, la Princesa Alexandra.

Nadie más.


No vimos en el balcón al Príncipe Enrique y su esposa Meghan, Duquesa de Sussex; tampoco al Príncipe Andrés, Duque de York, ni a sus hijas, recientemente madres por primera vez, las Princesas Beatriz y Eugenia, con sus esposos.

Esta aparición en el festivo y trascendente Jubileo de Diamante de su majestad marca una línea divisoria que, conforme avancen los años, se irá acentuando para relegar y marginar la presencia de estas figuras ausentes durante los festejos del 70 aniversario en el trono.

Prudentemente, Palacio informó unos días antes que el Príncipe Andrés dio positivo a COVID, por lo que estaría ausente de las celebraciones. Una forma discreta y elegante de justificar su ausencia, incluso, en los eventos privados al interior de Palacio, a los que acudieron otros miembros más de la familia que no estuvieron en las fotos o en el balcón.

Los Sussex Enrique y Meghan tuvieron su primera aparición pública en más de 15 meses desde su partida a California, durante el servicio de Acción de Gracias en la Catedral de San Pablo.

Con la ausencia de la Reina, Carlos y Guillermo con sus esposas ocuparon los lugares principales, todos los reflectores apuntaron a los herederos uno y dos en la línea sucesoria.

A Enrique y Meghan, los colocaron en segunda fila, del otro lado del pasillo, junto a sus primas hermanas, las Princesas Beatriz y Eugenia de York. Detrás incluso de su tío el Príncipe Eduardo y su familia (hijo menor de su majestad) y de los primos de la Reina.

Es la primera vez en su vida que el Príncipe Enrique es relegado a una posición secundaria, por detrás de sus tíos y de sus tíos abuelos. Muchos cronistas reales en medios británicos, afirmaron que Enrique, Duque de Sussex, estaba furioso por el lugar destinado a su esposa y a él.

Pero la lección es inequívoca: si quieres ser parte de las funciones reales y de la familia, habrá un lugar como pariente, pero no ocupará ningún lugar prioritario: el costo de su retiro.

No se le permitió al príncipe Enrique, quien sirvió en las fuerzas armadas y obtuvo alguna condecoración por ello, portar ningún uniforme del Reino Unido.

Más aún, se sabe que en su encuentro privado con la Reina, viernes 3 y sábado 4 para presentarle a su bisnieta Lillibeth (en honor al nombre familiar que la propia Isabel II recibió de niña por sus padres y hermana) solicitaron un fotógrafo para una imagen oficial de familia. La Reina instruyó que no hubiera fotógrafo presente.

Todos saben hoy, incluso el público, que emitió algunos abucheos -mezclados también con vítores, hacia Enrique y Meghan- a las puertas de San Pablo, que los Sussex hacen dinero con contratos y entrevistas para diferentes cadenas y plataformas. La familia real tiene como principio no prestarse al comercio de su imagen, presencia, comentarios o declaraciones.

Fue en opinión de algunos analistas, una fría recepción para los Duques de Sussex, quienes decidieron volver a California el mismo domingo 5, y perderse -aunque fuera desde una ventana, como el jueves 2, en el Desfile Militar- la gran fiesta popular y desfile de época como cierre del Jubileo.

La figura central durante el viernes, el sábado e incluso el domingo, fue el Príncipe de Gales, quien cedió brevemente el protagonismo a su madre la Reina, el motivo central de todos los festejos, en la aparición final en el balcón de Buckingham el domingo al cierre del desfile.

Carlos dirigió el mensaje de reconocimiento a su madre en el espectacular concierto, y recibió el saludo de destacamentos militares y enviados de todos los países al festejo el domingo.

La corona impulsó el posicionamiento del heredero como una decisión estratégica del gradual desvanecimiento público de la imagen de Isabel II.

Los otros miembros de la familia, la Princesa Real Ana, representó a su madre en el Derby de Epson, las carreras de caballos el sábado.

En los almuerzos ciudadanos por el Jubileo del domingo, todos, el Príncipe Eduardo, el Príncipe Guillermo y el propio Príncipe Carlos, junto con sus esposas, acudieron a distintos puntos del Reino Unido para expresar agradecimiento por las innumerables muestras de cariño hacia su majestad.

Un enorme aparato de relaciones públicas en funcionamiento, para mantener y apoyar a la monarquía en los futuros tiempos de transición. Fortalecer a Carlos como futuro Rey, al tiempo de  aplaudir y reconocer a la gran matriarca de la nación, que goza de más del 96% de respaldo popular.

Los que se fueron o se tropezaron como el Príncipe Andrés, irán perdiendo relevancia y presencia a medida que el reinado de Isabel II se dirija a su etapa final.

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