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Estado Islámico reclama ataque que dejo 47 muertos en mezquita de Afganistán

La milicia radical explicó que sus miembros mataron a disparos a los guardias de seguridad que custodiaban la entrada a la mezquita.

El grupo extremista Estado Islámico reivindicó un atentado suicida con explosivos que causó 47 muertos y decenas de heridos en una mezquita chií del sur de Afganistán. Familiares de las víctimas inhumaron los cuerpos el sábado y pidieron a los talibanes que los protejan.

La milicia radical explicó en un comunicado publicado el viernes por la noche en redes sociales que sus miembros mataron a disparos a los guardias de seguridad que custodiaban la entrada a la mezquita de Fatimiya, en la provincia de Kandahar.

Dijo que uno de los combatientes detonó sus explosivos a la entrada de la mezquita y el otro en el interior.


La agencia noticiosa de ISIS, Amaq, identificó en un comunicado a los dos suicidas como Anas al-Khurasani y Abu Ali al-Baluchi, ambos de nacionalidad afgana.

Las familias de las víctimas cavaron el sábado sus tumbas y llevaron los cuerpos a su lugar de descanso final. En total, se cavaron 63 tumbas, pero el jefe del departamento provincial de cultura e información de los talibanes sostuvo que la cifra oficial de muertos era de 47.

“Hay muchas personas que perdieron partes del cuerpo, y entre los que están en el hospital en estado grave, no sé cuántos más se sumarán al número de muertos”, dijo el anciano de la comunidad Hajji Farhad.

El líder chií Sayed Mohammed Agha pidió al gobierno talibán que tome medidas serias para proteger a la minoría chií, “porque nuestros enemigos dañarán a nuestra sociedad por todos los medios que puedan”.


El atentado se produjo a una semana de otro similar reivindicado por la filial local de ISIS que dejó 46 fallecidos en una mezquita chií del norte, y elevó el temor a que el grupo —enemigo tanto del Talibán como de Occidente— esté ampliando su presencia en Afganistán.

El ataque del viernes fue el más letal registrado en el país desde la dramática retirada de Estados Unidos, que permitió a los talibanes tomar el control de la capital, Kabul. Además, fue el primer gran atentado del grupo en el sur.

La milicia suele atacar en su bastión en el este, pero recientemente ha mostrado signos de expansión con acciones en el norte y en Kabul.

Estos atentados ponen en duda la capacidad del Talibán para contrarrestar la creciente amenaza que supone Estado Islámico.

Los talibanes se han comprometido a restaurar la paz y la seguridad tras décadas de guerra y dieron garantías a Estados Unidos de que no permitirán que Afganistán se utilice como base para perpetrar ataques extremistas contra otros países.