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bulletEn cada cambio existe el riesgo de la falta de preparación o, peor, la inacción.

Opinión MTY Tecnológico de Monterrey Harmen Simons
01/07/2019
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Fuente: .nasa.gov

Riesgos hay en todo lo que hacemos. A pesar de las acciones que tomamos para controlarlos, seguirán siendo parte de nuestra vida. Esta verdad la capta bien el dicho: “lo único constante es el cambio”. El cambio normalmente genera “incertidumbre”, es decir, una falta de información acerca de qué va a pasar, con qué probabilidad y/o cuáles son las consecuencias.

Sin embargo, aún en casos sin incertidumbre, cuando sabemos bien qué va a pasar y que su impacto será fuerte, existe el riesgo de la falta de preparación o, peor, la inacción. Ejemplos sobran, pero basta mencionar dos: El envejecimiento de la población y el incremento en el nivel del mar. Sabemos que la proporción de la población mayor a 60 años está creciendo rápidamente. Sabemos que este “Tsunami gris” no solo ejercerá una presión fuerte sobre los sistemas de pensiones, sino también demandará más servicios de salud y de mayor complejidad y costo, presionando así las finanzas públicas.

Con respecto al segundo ejemplo, si bien existe incertidumbre acerca de qué tan rápido será el proceso, sabemos que el nivel está subiendo, que cada vez más personas se trasladan hacia las ciudades y que muchas de esas ciudades están ubicadas cerca de las costas. Esto provoca destrucción de zonas de resiliencia natural (manglares) y las hace vulnerables a tormentas de gran intensidad. Es más, la extracción de agua del subsuelo hace que muchas ciudades están hundiéndose exacerbando este problema.

Me pregunto: ¿Es realista esperar que los gobernantes logren vencer las presiones políticas de corto plazo y que establezcan las bases de un sistema cuyos beneficios trasciendan su gestión? En el primer caso la evidencia no es alentador y si el lector piensa que el segundo caso no es muy relevante para nuestro país, nada más permítame apuntar al turismo como fuente de ingreso y la tremenda actividad de construcción que reciben actualmente las playas de Quintana Roo, entre otras.

Otra situación de riesgo lo genera irónicamente el proceso de innovación. Como la atención se suele centrar sobre sus beneficios, es fácil de olvidarse de los riesgos nuevos que acompaña a dichos procesos. Las leyes existentes normalmente quedan muy a la zaga y las regulaciones siempre tratan de “remediar” los factores que condujeron a la crisis anterior y es una apuesta segura que la próxima crisis será diferente. Por lo nuevo, no existen datos ni experiencia y esa falta de información confiable hace que la discusión se vuelve subjetiva y se politiza. Frecuentemente nos damos cuenta muy tarde que una innovación también se puede usar con fines malignos (ejemplo, criptomonedas) o pueda conducir a una situación indeseable. Para dichos nuevos riesgos se requiere otro enfoque como, por ejemplo, la elaboración de escenarios plausibles por equipos de especialistas en la materia familiarizadas no solo con la ciencia sino también sus múltiples ramificaciones.

Veamos un ejemplo pertinente para América Latina. La creciente automatización y la transformación digital en los sectores de manufactura y de servicios, demandan más habilidades, más flexibilidad y una mayor capacitación. El modelo tradicional de desarrollo económico, o sea, moviendo trabajadores del campo hacia la manufactura, sobre todo la fabricación masiva de productos sencillos para la exportación, donde la productividad es mayor igual que los salarios, se está agotando. Si la capacidad de absorción de esos trabajadores en la industria manufacturera se estanca, tendrán que regresar al campo, migrar (¿hacia EU?), o, más probable, los absorbe el sector de servicios informales de baja productividad y de bajo sueldo.

Asimismo, los tiempos en que se podría ganar bien con una educación media se acabaron. Ya ni un título universitario per sé garantiza un ingreso elevado. Si el sistema educativo en todos sus niveles no responde rápido y contundentemente a las tendencias mencionadas, en poco tiempo veremos que la clase media se encogerá y que la brecha de ingresos se ampliará. Esto, a su vez, puede impedir el desarrollo—o la continuidad—de instituciones democráticas y liberales fuertes y fomentar el conservadurismo autocrático que incluso en países con una tradición democrática sólida está ganando terreno. Es muy importante que no bajamos la guardia y que seguimos participando como ciudadanos responsables en nuestras respectivas comunidades, alzar nuestras voces y unirnos en contra de tendencias anti-democráticas independientemente de donde provengan.

El autor es profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey.

Opine usted: hsimons@tec.mx

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