¿Sirvieron de algo las Reformas Estructurales emprendidas desde los noventas?
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¿Sirvieron de algo las Reformas Estructurales emprendidas desde los noventas?

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¿Sirvieron de algo las Reformas Estructurales emprendidas desde los noventas?

bulletLa pregunta es relevante porque refleja el desencanto del público por la vía institucional y el acercamiento a soluciones proteccionistas.

Opinión MTY tecnológico de Monterrey Edgardo A. Ayala Gaytán
06/05/2019
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Edgardo A. Ayala Gaytán
Edgardo A. Ayala GaytánFuente: Cortesía

Tuve la oportunidad de participar en un panel de discusión alrededor del Reporte de Economía y Desarrollo 2018 que presentó el Banco de Desarrollo para América Latina el pasado 28 de abril. Una pregunta que se discutió ampliamente era que si las reformas que se llevaron a cabo en México desde los años noventas eran las indicadas entonces, porque seguimos creciendo relativamente poco, en un rango del 2 al 2.5 por ciento al año.

La pregunta es relevante porque refleja el desencanto del público por la vía institucional y el acercamiento a soluciones proteccionistas, como en Estados Unidos (EU), o al retorno a la rectoría del estado, como en México. Mi respuesta fue que en general, las reformas emprendidas en México han sido exitosas, si no las hubiéramos emprendido seguramente estaríamos en una situación menos favorable que la actual. Hagamos un breve recuento.

Empecemos por la autonomía del Banco de México. En estos 25 años de autonomía, el Banco de México ha logrado estabilizar la inflación en el rango propuesto de 2 a 4 por ciento al año. Las claves del éxito radican en establecer como mandato constitucional del Banco de México la inflación, imposibilitarlo para prestarle al gobierno y asegurar una plena autonomía a su junta de gobierno.

El Tratado de Libre Comercio promovió la rápida expansión del comercio internacional y la conformación de cadenas productivas entre las empresas de los tres países a una escala sin igual. En 2018 México exportó 450 mil millones de dólares (mmd), nueve veces mayores a las que se daban antes del tratado. Las importaciones también han crecido, buena parte de ellas para manufacturar exportaciones, otras, las de consumo, permiten a los ciudadanos del país disfrutar de una mayor variedad de bienes. El tratado contribuyó a la liberalización de la inversión extranjera en muchos sectores, y a darle estabilidad y dirección a la política comercial.

Otra reforma que se fraguó hace 25 años es la de la creación de la Ley de Competencia Económica y del agente regulador que hoy conocemos por el acrónimo de COFECE, y que hace cumplir esta ley. La promoción de la competencia económica va en beneficio directo de los consumidores, al inhibir acuerdos de cártel, prácticas monopólicas y concentraciones que pudieran convertirse en monopolios. La reforma de Telecomunicaciones permitió al IFT, su agente regulador, imponer medidas específicas para el jugador dominante, América Móvil, que conllevó a la reducción en las tarifas de telefonía fija y móvil, y a la mayor competencia en el sector.

Finalmente, la reforma energética, tanto en petróleo como en electricidad, permite un marco donde puedan entrar más empresas, aumente la competencia y se asegure el abasto a precios más bajos. También, la reforma evita que seamos los contribuyentes los que tengamos que cargar con las riesgosas inversiones en busca de petróleo al permitir la inversión privada en el sector. Lamentablemente, la administración actual está prácticamente congelando esta reforma al cancelar las subastas petroleras y eléctricas.

Entonces, si han sido exitosas, porque crecemos al 2.5 por ciento si bien nos va, cuando en los sesentas, sin éstas, con una economía cerrada, banco central no autónomo y sin agentes reguladores crecíamos al seis por ciento.

Parte de la explicación es porque la población crece a un ritmo mucho menor que hace sesenta años. También porque las ganancias en productividad que generó la migración del campo a las ciudades ya cesaron y porque la productividad de los factores mundiales también se desaceleraron. Finalmente, porque tenemos nuevos problemas que deterioran la productividad de los factores, entre ellos que se nos terminó el recurso natural más importante, los activos petroleros de Cantarell, la importante escalada del crimen en las últimas décadas, el deterioro en la educación pública y la corrupción.

Por este motivo, creo que la evaluación de las reformas no debe de basarse en la tasa del crecimiento del producto o en otras metas como la eliminación de la pobreza o la igualdad regional. El éxito de las reformas debe de ponderarse en los cambios que pretenden inducir, como la inflación en el caso de la autonomía de Banxico, la integración comercial de México en el mundo con el del tratado, la mayor competencia y mejor servicio en el caso de las de competencia y telecomunicaciones y la del aseguramiento del abasto eléctrico y la maximización del valor de la renta petrolera del país, en el caso de la energética.

El autor es Profesor Asociado del Departamento de Economía del Campus Monterrey.

Opine usted: edgardo@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.