Monterrey

Silvia Pieretti: Impulsar un sistema de liderazgo basado en la autonomía responsable

Nada volverá a ser como antes, la pandemia expuso a la humanidad y a las organizaciones en el estado más real de su vulnerabilidad. El remedio parecería ser crear nuevas formas de vivir, trabajar y relacionarnos.

Las empresas padecen el impacto económico de la crisis, con cambios que comenzaron casi sin darnos cuenta y lo improbable se hizo cotidiano, siendo la adaptación el reto principal.

No hay crisis iguales. La pandemia se presentó y puso en evidencia las consecuencias de no estar preparados. La situación obligó a tomar decisiones sobre la marcha, y fuimos aceptando que la incertidumbre se quedará mucho tiempo con nosotros, y la única certeza es que tenemos que seguir adaptándonos.

Cuando hablamos de capacidad de adaptación a un escenario incierto nos referimos a poder hacer una lectura crítica y ágil del entorno proponiendo soluciones creativas, ya que no existen modelos de referencia predeterminados.

Abruptamente, y en forma acelerada aparece el dilema de la sustentabilidad del negocio y el cuidado de las personas. La dura realidad deja en claro que sin salud no hay economía. El punto es encontrar un delicado equilibrio para no afectar las condiciones de vida.

Desde la metodología de la investigación se debe construir el problema, para luego buscar soluciones. En esta nueva realidad el problema puede ser compatibilizar el trabajo virtual y el presencial. Por consiguiente, el teletrabajo puede ser una de las soluciones o herramienta para atravesar esta coyuntura de distanciamiento físico y social.

Es notable la irrupción de una nueva modalidad de interacción y desempeño para dar un cambio en la responsabilidad de cada colaborador que deberá administrar su tiempo en el hogar, integrarse en una red colaborativa, mantener viva la identidad cultural y entender que lo más relevante es llegar con los resultados esperados.

Desde esta perspectiva, se impone la fecha de caducidad del estilo gerencial que se enfoca en el control, y la centralización de actividades subestimando la importancia de la comunicación y la posibilidad del aprendizaje. Se requieren nuevos comportamientos de liderazgo y es imperativo crear vínculos de confianza, colaboración y empatía para apalancar las nuevas formas de relacionarnos.

Conectar el liderazgo con la autonomía responsable es todo un desafío, significa cambiar formas de pensar y actuar. Podríamos decir que autonomía, libertad y responsabilidad convergen en un mismo significado. Entendemos por autonomía responsable, al proceso en el cual cada colaborador se hace cargo y puede tener la libertad de tomar las mejores decisiones, elige, resuelve problemas y asume las consecuencias.

Aplicar la autonomía responsable también es ser dueño de fijar las propias metas, con un claro punto de partida en el autoconocimiento, con las pausas reflexivas necesarias para ser conscientes de la calidad de las contribuciones, y con un enfoque orientado al autodesarrollo.

Avanzar en esta transformación requiere soltar algunas narrativas que ponían barreras para impulsar la responsabilidad compartida entre líderes y colaboradores. Dar este paso, empieza por revisar nuestro sistema de creencias para estar convencidos que la adopción de este modelo traerá más desafíos y beneficios para las empresas y las personas.

La autora cuenta con más de 25 años de experiencia en áreas de capital humano, actualmente es Directora de Global Talent Management en Ternium, Socia e Integrante del Comité de Talento y Cultura en ERIAC Capital Humano.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.

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