Sara Lozano: Perspectiva del 2021
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Sara Lozano: Perspectiva del 2021

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Sara Lozano: Perspectiva del 2021

bulletSe estará planteando una reforma a la Ley de Participación Ciudadana que regule mecanismos más efectivos y menos enunciativos.

Opinión MTY La propia política Sara Lozano
12/02/2020
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Sara Lozano
Sara Lozano Fuente: Cortesía

Me preguntaron sobre el escenario político para las elecciones de 2021. No acaba el primer trimestre del 2020 y ya se buscan respuestas para lo que viene veinte meses después. No sé, hay nombres con prestigio y/o abolengo que suenan, hay perfiles con experiencia ejecutiva que van al orden legislativo y viceversa, hay propuestas y autopropuestas, hay elucubración y bohemia literaria-política.

En la política nada se predice 20 meses antes, en tanto pongamos la atención en los oráculos, seguiremos esperando al Godot de Samuel Beckett, dando vueltas alrededor de un árbol en tanto llega ese o esa que venga a cambiarlo todo. Yo creería que los partidos políticos están cumpliendo su función principal, el fundamento del interés público que representan que es forjar candidaturas sólidas que fortalezcan el sistema de gobierno.

Nota aparte es que las elecciones, ganarlas, es un interés privado de las instituciones partidistas, el interés público está en función de la captación de militancia – formación cívico-política en un sistema de partidos- y en la construcción de candidaturas sólidas que funcionen como representantes dignos de la población.

La popularidad de los nombres que hoy se barajan tienen que ver con el abolengo que les arropa o la campaña mediática que han llevado a cabo y que les mantiene en el top of mind de la ciudadanía. Y sí, es válido, facilita el acercamiento con la ciudadanía, pero no resuelve la crisis de credibilidad. Un funcionario en el ámbito privado, académico o social tiene un prestigio y experiencia que no necesariamente funciona en el ámbito ejecutivo-público. Un empresario tiene bases para administrar un estado o legislar, pero no tiene la experiencia fina de la dinámica política, de lo que es público, de la representación en la toma de decisiones, la que habla por el bienestar y no por la rentabilidad.

No ayuda el canibalismo al interior de los partidos políticos que no deja florecer las mejores candidaturas. Una institución partidista existe para formar a la ciudadanía en valores democráticos en el contexto de su ideología, para construir candidaturas sólidas y, eventualmente ganar una elección. Es una consecuencia natural del hacer bien las cosas. Un partido lanza campañas de valores y hábitos cívico-democráticos, se coordina con las autoridades y más con emanadas de su partido para abrir espacios de formación ciudadana, para explorar mecanismos de democracia directa, para tomar decisiones en función de las necesidades de la población que representa, por ende, gobierna para la ciudadanía, no para el partido ni para el grupo en el partido. Si se hace bien esto de gobernar para la ciudadanía sólo se puede pronosticar la atracción de adeptos y militantes. La reelección es abono a esta influencia sobre la ciudadanía, el desempeño en el poder ejecutivo local – gubernatura y alcaldías- es el que más fácilmente se advierte, habría que procurarse.

Mi lectura sobre el escenario político es que los partidos políticos aprendieron de las sorpresas del 2018, que están construyendo candidaturas fuertes entre su militancia, van a presentar perfiles sólidos para las boletas electorales, van a sortear el canibalismo normalizado de las fuerzas políticas interpartidistas y están sentando bases para sumar al interés político, el conocimiento y las competencias en los siguientes comicios.

Además, para Nuevo León, honrando la persistencia de la participación ciudadana estructurada, se estará planteando una reforma a la Ley de Participación Ciudadana que regule mecanismos más efectivos y menos enunciativos.

Y no lo puedo constatar, pero si vamos a hablar de futuro, prefiero decretar que es mejor de lo que imaginamos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.