Sara Lozano: Para que el Coronavirus no se convierta en tragedia
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Sara Lozano: Para que el Coronavirus no se convierta en tragedia

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Sara Lozano: Para que el Coronavirus no se convierta en tragedia

bulletHay que aprender a aprender de la prevención, no sólo de las tragedias.

Opinión MTY La propia política Sara Lozano
18/03/2020
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Sara Lozano
Sara Lozano Fuente: Cortesía

El huracán Gilberto, el Alex, la influenza y un poco antes, un terrible desabasto de agua en Nuevo León han sido experiencias similares para la generación que hoy tiene más de 50 años. Incertidumbre, compras de pánico, encierro temporal indefinido, desconfianza en las declaraciones e incredulidad en las decisiones del gobierno.

Pero algo se aprendió porque el Alex fue menos catastrófico que el Gilberto y la provisión de agua nunca más se racionó a niveles de emergencia estatal. Pero este animalejo es más virulento por su potencial de contagio que por su tasa de mortalidad. Nos limita el contacto con el mundo, con personas y cosas; el radicalismo contra el uso del plástico se replantea; la necesidad de abrazar a seres queridos, el impulso de rascarse la nariz, el foco de infección que hoy representa un teclado. No encuentro en mi memoria una sola novela que hable de esto que vivimos y algo nuevo se aprenderá de esta situación de emergencia mundial.

Dos cosas gobernaban mi vida esta semana, desde hace meses sabía que tendría lugar un evento familiar largamente esperado y pasar por alguna fase para contender al consejo nacional del INE. De pronto la mano del destino me tiene en casa, aprendiendo las nuevas prácticas para velar por mí, por mis hijas y por nuestros seres queridos vulnerables: los abuelos, los sobrinos; por los que están a distancia, por los que venían a acompañarnos, por los que estaban enfermos de cualquier otra cosa, por el riesgo que hubieran tomado quienes nos apoyan en casa y tienen necesidad de trabajar.

Un tirón al destino que nos aísla como personas de todo lo que nos rodea, que nos pone de frente a la fragilidad de la existencia y pone fronteras físicas con aquellas personas que nos hacen fuertes.

Gracias a Erick From ya no me preguntó el porqué de las cosas, prefiero encontrar la respuesta al para qué del Coronavirus, todavía no lo sé. Me habita el pensamiento mágico de que, si logro responderla, toda la amenaza se irá disipando. Como si esto se tratara de un asunto personal y la vida me pusiera contra la pared en estas condiciones desde las cuales sólo puedo salir si encuentro la respuesta

Yo me cuido, me tapo, me limpio, me protejo, pero no es suficiente. Entonces cuido, tapo, limpio protejo mi entorno inmediato. Al enfrentarme con otra persona, hago mi labor para que haga su parte de protección, limpieza y blindaje. Y así entiendo finalmente la estrategia del gobierno federal que va decantando en otros poderes e instituciones, ya se llegó al ámbito de la iniciativa privada, es inminente el impacto económico que algo tiene mal en su diseño cuando una contingencia como esta pone en la balanza la estabilidad económica versus el bienestar de la población.

Y creo que estar en manos de López Gatell es un capital de estado. Puedo dar cuenta que hace más de dos semanas advirtió, anunció, anticipó, lo dijo muchas veces y de diferentes formas, que esto iba a pasar porque era la evolución aprendida de China, Italia, España. También lo escuché contener noticias falsas en las redes, no culpó a alguien, dio la información sólida de fuentes incuestionables. Sus planteamientos fueron tan objetivos que, para quienes lo escuchamos, es inevitable advertir que otros intereses políticos, antagónicos al gobierno, las sembraron.

De las experiencias que me ha tocado vivir de primera mano en Monterrey ante contingencias de este tipo, esta es la primera vez que creo en las declaraciones del gobierno mexicano. Hay que ponernos las pilas para sortear esta situación. Hay que aprender a aprender de la prevención, no sólo de las tragedias.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.