Sara Lozano: Amenazas en escuelas
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Sara Lozano: Amenazas en escuelas

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Sara Lozano: Amenazas en escuelas

bulletCuando se convierte en juego o aspiración, el problema no es sólo la violencia, sino la incorporación de la perversidad en el manejo de la realidad.

Opinión MTY La propia política Sara Lozano
22/01/2020
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La Propia Política Sara Lozano
La Propia Política Sara Lozano Fuente: Cortesía

Puedo imaginar claramente la ingenua perversidad de cualquier preadolescente escribiendo una amenaza de tiroteo en su escuela, quizá para expresar su frustración o tal vez sólo para llamar la atención, suspender clases. En cualquier caso, se trata de que hemos fallado, y no sólo en la creación de ambientes pacíficos, también en la normalización de la violencia, de la crueldad, de la justicia.

Pienso en películas y series no sólo de narcos, también de policías renegados que matan, grupos élite, equipos especiales, cuya trama lleva a acabar a los malos, asesinarlos con el permiso del bien. La premisa que subyace es que existen malos y acabar con ellos se vale, es provechoso para la comunidad, se aplaude al vengador, que en cosa de 50 minutos identifica, enjuicia y sentencia al malhechor. Y todos nos sentimos buenos. En el camino pueden morir varios, los buenos son los únicos por los que vale la pena llorar, muchos de los otros son incidentales y su asesinato es consecuencia de ser parte del equipo de los malos. Pero hay un solo malvado, el cabecilla que opera la inteligencia del mal y matarlo es lo mejor que nos puede pasar.

Y bueno, son series, fantasía literaria que debe tomarse como entretenimiento, hay que apresurar los tiempos y simplificar los juicios para que cumplan con su función de un capítulo a otro. Y me parece que de esto nadie está hablando: ni de la fantasía, ni de la permisividad literaria, ni del efecto lúdico o estético.

Culpar a las series es simplista. La voracidad comercial siempre ha existido, con o sin intención; hay una generación de jóvenes cuyo aspiracional era la medicina gracias a Grey’s Anatomy, y la realidad les dio en cara. También es humana la fascinación que envuelve a lo que es disruptivo, transgresor, oculto, rebelde e incluso maligno, pero tampoco esto es la causa. Siempre han existido aspiraciones, lados oscuros y la tentación de ir hacia allá.

Cuando una persona se siente tan acorralada que la única opción que tiene es la violencia, es un problema personal; cuando son tantas, cuando son tan jóvenes, cuando resulta normal se trata de un problema social. Y cuando se convierte en juego o aspiración, el problema no es sólo la violencia, sino la incorporación de la perversidad en el manejo de la realidad.

No sé cuál sea el fondo y tampoco veo una solución, se me ocurre un paliativo: dialogar la reflexión. Dar espacio en las charlas familiares, de oficina o entre amistades a respuestas más allá del romance, de la tragedia o de la traición, más lejos del me gustó. ¿Por qué me gustó? ¿Por qué te gustó? ¿A quién le creí en toda esta trama? ¿Por qué es bueno/malo? ¿Es tan malo el malo y bueno el bueno? ¿Quién es un malo en mi realidad, tan malo, así como en la trama?

Una pregunta sabia: ¿por qué los buenos se mueren con cara angelical y los malos terminan despatarrados, porque unos son educados y sensibles y los otros, inequívocos psicópatas?

No sé qué nos resulte de ponerse a dar tantas respuestas, al menos creo que damos pasos hacia la salida de La Caverna, la de Platón.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.