Rosa Nelly Trevinyo: Unidad ¿forzada?
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Rosa Nelly Trevinyo: Unidad ¿forzada?

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Rosa Nelly Trevinyo: Unidad ¿forzada?

bulletPara ser un buen director, consejero o socio, se requiere poner por encima de las necesidades familiares, las necesidades empresariales.

Opinión MTY Empresas familiares Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
04/03/2020
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Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

La fortaleza más importante que posee la empresa familiar es, sin lugar a dudas, la unidad de los miembros de la familia empresaria. Es esta unidad de preferencias, comportamientos y valores lo que forja un frente común, establece un clima de confianza y legitima la autoridad existente.

Hacer que la unidad se dé, cuenta… Y es que, la unidad—o la voluntad de estar juntos y lograr armonía—, implica ciertos comportamientos y actitudes por parte de todos los miembros de la familia. ¿Cuáles?

1. Convivir. Toda persona que convive, tiene que esforzarse por convivir. Cuanto mayor es el nivel de poder y autoridad que poseo en la empresa; o cuanto mayor es la intención de obtenerlos, mayor es el esfuerzo que tengo la responsabilidad de hacer para alcanzar la convivencia familiar. ¿Cómo? Haciendo posible la existencia de espacios y tiempos en la empresa, y en la familia, para que las personas dialoguen, arreglen malentendidos y participen en actividades conjuntas. Obviamente lograr estos tiempos y espacios para conocernos mejor no es fácil (horarios, ocupaciones, estudios); sin embargo, es en el mejor interés de la empresa familiar, la familia empresaria y el patrimonio conjunto solucionar estas dificultades. ¿O es que acaso puedo llegar a querer algo que no conozco?

2. Respetar y transmitir valores. La identidad familiar se construye a través del tiempo, el ejemplo y la participación en el núcleo familiar; no la da el apellido. El orgullo de ser y pertenecer a la familia “Treviño” o “Garza” implica no sólo “tener” sino también “ser” y “parecer” (alineación en el pensar y actuar). Y es que, cuando las buenas costumbres familiares—disciplina, respeto, trabajo arduo—no se vuelven un patrón a replicar a través de las generaciones… ¡Tenemos un problema, Houston! Para heredar la identidad familiar hace falta acción, compromiso y visión de todos los miembros de la familia nuclear y extendida.

3. Profesionalismo: La auto-exigencia es básica cuando se trata de liderar y de ganarse la legitimidad de los miembros de la familia. Por ello, para ser un buen director, consejero o socio, se requiere poner por encima de las necesidades familiares, las necesidades empresariales. ¿Qué significa esto? En primera instancia, adaptar las personas, las compensaciones y las flexibilidades a los puestos, y no al revés. En resumen: Por el bien de la familia, primero la empresa.

4. Agradecimiento y comprensión del pasado: Diferencias sustanciales en la comprensión del “pasado” rompen la cohesión y hacen imposible la convivencia. Y es que, si no valoramos el sacrificio realizado por las generaciones predecesoras y sólo estamos dispuestos a disfrutar las mieles de la posición que ocupamos, el compromiso, la convivencia y la entrega a la consecución de un ideal que fomente el bien común pasan a segundo plano. Cuando las prioridades familiares y empresariales cambian, romper con el pasado siempre genera conflicto.

5. Cumplir acuerdos: En el protocolo familiar se establecen valores a transmitir, espacios de convivencia e incentivos y beneficios—de empresa y de familia—para quienes cumplen con las reuniones y los acuerdos. Aclarar las expectativas, los comportamientos esperados, las consecuencias de cumplir (y no cumplir) son siempre buenas opciones. La comunicación familiar facilita la unidad—o por lo menos, la aceptación.

¿Y si no…?

Seamos claros: En las familias empresarias no siempre se consigue la unidad. De hecho, existen ocasiones en las que está tan desgastada la relación, que ni siquiera merece la pena hacer el esfuerzo por alcanzarla. En estos casos, es mejor establecer mecanismos de “salida” de la empresa, o incluso, de la familia para evitar empeorar la situación.

Y, aunque la terapia familiar puede ayudar, es un desacierto pensar que un terapeuta conseguirá, en poco tiempo, que las personas desarrollen actitudes y hábitos de los que carecen. El experto sugerirá acciones y comportamientos, más son los propios miembros de la familia los que deben esforzarse por cambiar, comprometerse y perdonar.

Cuando la unidad, el compromiso y la convivencia no se dan; cuando los valores no se transmiten y el amor no se fomenta, lo más acertado es convertir la empresa familiar en una empresa no-familiar—realizar cambios en la dirección, el gobierno y/o la propiedad. Sin duda alguna esto ayudará a incrementar las posibilidades de supervivencia del negocio… ¿Así, o más claro?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.