Rosa Nelly Trevinyo: Más corrupción, ¡Menos empresas familiares!
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Rosa Nelly Trevinyo: Más corrupción, ¡Menos empresas familiares!

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Rosa Nelly Trevinyo: Más corrupción, ¡Menos empresas familiares!

En México, cada mes, cuatro empresas cierran por estas causas.

Opinión MTY
02/10/2019
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Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Las empresas familiares tienen, por su propia naturaleza familiar, retos significativos que dificultan su supervivencia. El conflicto familiar, la falta de profesionalización, la poca institucionalización, la escasa planificación empresarial y el retraso de la sucesión son sólo algunos de ellos. No obstante, existen también factores externos que impactan directamente el porvenir y operación de estos negocios—el más preocupante actualmente: la corrupción.

Y es que, aunque el Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia Internacional indica que la percepción de corrupción disminuyó este último año, otras mediciones colocan a México como el país más corrupto entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y del G-20—solo por encima de Rusia. Por si esto fuera poco, este 2019, nuestra nación bajó dos lugares en el Índice del Estado de Derecho, colocándose en el lugar 99 de 126 países, dejando entrever que México es más corrupto que Venezuela y más inseguro que Honduras…

¿Cuál es el costo de la corrupción? En cuestiones económicas, algunas mediciones plantean que el costo de la corrupción se encuentra alrededor del 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Esto significa que de cada 100 pesos que se producen, 10 pesos son destinados a corromper a algún “personaje”. De hecho, se calcula que la mitad de las empresas en México han pagado sobornos por agilizar trámites, obtener licencias o permisos de operación. Si a esto le añadimos el cobro de piso, la extorsión y las “multas” que inspectores “picudos” ejercen, así como el miedo a denunciar (ya que Policía y servidores públicos pueden estar involucrados) el asunto se vuelve complejo,… y muy caro.

Y es que, la corrupción obviamente debilita a las instituciones... ¿Qué credibilidad puede tener una entidad gubernamental cuando sus funcionarios se coluden con compañías privadas o con “otros personajes” para pasar por encima de los derechos de los ciudadanos? ¿Qué podemos esperar de las instancias de gobierno que técnicamente deben proteger y servir al pueblo pero que están “compradas”? ¿Cómo lidiamos con el abuso de poder, abuso de autoridad y abuso de confianza?

Así, mientras algunos empresarios familiares sí pueden defenderse legalmente y evadir extorsiones, otros no logran generar la liquidez necesaria y se ven orillados a cerrar sus negocios… En México, cada mes, cuatro empresas cierran por estas causas. Lamentablemente, los pequeños y medianos empresarios familiares son los más afectados.

La corrupción no sólo limita la eficiencia y el desarrollo económico, sino que incrementa la desigualdad y restringe la inclusión, abriendo aún más la brecha entre clases sociales—atacando directamente y desgastando (por no decir reduciendo) a la clase media, la cual representa un 40 por ciento de la población total en el país. Por ende, el costo social es incalculable.

La corrupción no tiene estrato social, ni sector, ni ámbito: Todos estamos expuestos. Lo importante no es presenciarla, sino reaccionar ante ella. ¿Por qué? Porque está comprobado que si tenemos comportamientos deshonestos una y otra vez, nuestro cerebro se habitúa y terminamos perdiendo los escrúpulos. Así que, ¡Cuidado con las tentaciones! ¡Reaccione!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.