Rosa Nelly Trevinyo: Guerras… ¿Familiares?
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Rosa Nelly Trevinyo: Guerras… ¿Familiares?

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Rosa Nelly Trevinyo: Guerras… ¿Familiares?

bulletEn la familia todo se potencia, incluidos los sentimientos y emociones.

Opinión MTY Empresas Familiares Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
08/01/2020
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Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

En estos días en que la tensión entre México, España y Bolivia es alta; y Estados Unidos e Irán se plantean la posibilidad de una guerra, uno se pregunta: ¿Por qué tanta ira acumulada, si ni de la familia son?

Y es que, aunque pudiéramos pensar que estas crisis sólo acontecen a nivel global, la realidad es que la intolerancia, la imposición, la humillación, las ofensas y la manipulación son el día a día de muchas familias empresarias que se encuentran sorteando auténticas guerras familiares.

Una guerra militar es temible; pero una guerra familiar es aplastante. Una guerra familiar nos desgasta; enferma e impide reforzar nuestras relaciones más íntimas. La familia une, proporciona seguridad, identidad, valores, costumbres y objetivos comunes. Es precisamente por ello que en la familia todo se potencia—incluidos los sentimientos y emociones.

Cuando de hacer una guerra familiar se trata, la ira es el elemento esencial. Mientras que en ambientes no-familiares ésta aparece, disminuye y desaparece, en el seno familiar-empresarial se nutre del rencor, la frustración y los recuerdos. ¿Por qué? Porque en la dinámica familiar, las personas son las mismas, las situaciones se repiten, las ofensas se reviven y los sentimientos se “guardan” (ilusamente) para no causar conflicto.

Para hacer la guerra, con uno basta. De hecho, la ira aparece cuando, en una situación concreta y significativa, las acciones de nuestros familiares no coinciden con nuestras expectativas, creencias o valores familiares-empresariales (no respondieron como esperábamos). En consecuencia, nos sentimos heridos, injustamente tratados y defraudados—la confianza y la lealtad se rompen.

Las “trampas” en que la familia cae luego de que acontece tal situación son:

1. Asumir que todo está bien; no prestar atención a las señales de alerta—petición de ayuda expresa, hostilidad, depresión, cansancio, sobrepeso, migrañas y enfermedades continuas de uno o varios miembros de la familia.

2. Pensar que los ciclos de conflicto son “temas aislados”. Si una reacción irascible se repite una y otra vez (misma persona, períodos precisos) y las relaciones personales entre los miembros de la familia han cambiado, dejar pasar el tiempo es un error. Conforme más tiempo pase, más difícil será re-construir la relación. Las emociones negativas no desaparecen porque sí: O se trabaja para disminuirlas o se contagian.

3. Acumular en vez de vocear: Cuando algo injusto acontece y no reaccionamos, acumulamos ira y frustración; estos sentimientos se vuelven hacia nosotros mismos y nos causan daños físicos—problemas estomacales, dificultad para dormir, dolor de cabeza—y emocionales: desconfianza, cinismo, falta de empatía. No debemos pretender eliminar ni evadir estos sentimientos, ¡hay que vocearlos con respeto!

Para hacer la paz, se necesitan dos (por lo menos). Algunos pasos para arreglar la dinámica familiar son:

1. Auto-Conciencia: Entender qué causó la división. ¿Qué y por qué nos hizo daño?

2. Comunicación: Expresar cómo nos sentimos y qué nos afecta. Hay que crear los “espacios” familiares para dialogar debidamente (sin insultar, ni salir corriendo).

3. Compromiso Colectivo: La dinámica familiar es un asunto colectivo. El “nosotros” es esencial para re-construir las relaciones y restablecer la confianza perdida.

4. Aceptación: No me gusta, es frustrante, rompió mis esquemas de familia, pero no es el fin del mundo. No puedo cambiar el pasado, pero si valoro y me valoran lo suficiente debo entender, soltar el dolor y aceptar. Sólo así reduciré la angustia que esto me causa.

5. Reconstrucción: Trabajar en pro de reedificar la relación y evitar situaciones similares.

A diferencia de una guerra global, una guerra familiar está catalizada por los rencores y frustraciones del pasado; acaudillada por la emoción; potenciada por el deseo de justicia; reforzada por la falta de diálogo intrafamiliar y favorecida por la indiferencia.

¿Será que en su familia se está gestando una guerra familiar?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.