Rosa Nelly Trevinyo: El ‘Don’ de la palabra
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Rosa Nelly Trevinyo: El ‘Don’ de la palabra

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Rosa Nelly Trevinyo: El ‘Don’ de la palabra

bullet"A las palabras no se las lleva el viento, cada palabra edifica o destruye; maldice o bendice”.

Opinión MTY Empresas Familiares Rosa Nelly Trevinyo
13/05/2020
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Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Si algo tienen claro las familias empresarias cuando se trata de transmitir valores, perspectivas y tradiciones es el poder de las palabras. Y es que, ya sea como herramienta de negociación, elemento generador de identidad o mecanismo de cohesión familiar, lo cierto es que el lenguaje “mueve” gente y “moldea” mentalidades.

Las frases y expresiones que utilizamos impactan nuestros procesos cognitivos y, por ende, nuestras actitudes y comportamientos. Tan poderosas resultan las palabras en la construcción de la realidad familiar o social que el filósofo judío Víctor Klemperer señala que los nazis se apoderaron primero del lenguaje del día a día, para después, dominarlo todo; el historiador Timothy Snyder puntualiza que una práctica de los dictadores es crear conceptos lingüísticos “nuevos” para cohesionar seguidores; y el filósofo Ludwig Wittgenstein sostiene que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

Precisamente por esto, es que las familias empresarias “poderosas” tienen historias compartidas, conceptos lingüísticos nuevos (por ejemplo, la Treviñada) y marcas empresariales que promueven la identidad familiar (ejemplo: Marinela). El lenguaje capacita a las personas para percibir su entorno, relacionarse con los demás, modelar su personalidad y dar significado a su propia realidad.

Obviamente, las palabras no sólo actúan en positivo, sino también en negativo. Las personas adoptan los vocablos que escuchan, los repiten y terminan comportándose en consecuencia. Por eso, precisamente, nuestro Señor Presidente debería cuidar más su lenguaje.

Frases como “la mafia del poder”, “los fifís conservadores”, “[los empresarios] son una minoría rapaz…Se sienten amos de México” están diseñadas para deslegitimizar a quienes generan empleo, invierten capital y apoyan al crecimiento del país.

Si a esto añadimos que el presidente de “todos” los mexicanos considera que "seremos juzgados según nuestra relación con los pobres" y que en las últimas semanas ha demostrado poca sensibilidad ante los efectos que la pandemia (Covid-19) ha causado a emprendedores y familias empresarias—“No va a haber rescates para potentados”, “apoyar a los de arriba es sinónimo de corrupción”, “si hay una quiebra de una empresa, pues que sea el empresario el que asuma la responsabilidad”, “no podemos darle trato preferencial a quienes tienen capacidad habiendo tanta pobreza”, “…si nos pagaran, porque tienen con qué pagar…”, “si decretamos una prórroga para que se paguen los impuestos después, nos quedamos sin recaudación, ¿y cómo vamos a proteger a los pobres?”—pareciera que el ‘Don’ trata de crear o exacerbar una guerra de clases: Un Nosotros vs. Ellos.

Estas señales están impactando no sólo en la cultura colectiva, sino también en la cultura organización de las empresas,… y en su productividad. Para muestra, la “nueva” mentalidad de algunos colaboradores...

Dese una vuelta por los comercios que están abiertos, y exceptuando algunos empleados— que sí tienen la camiseta bien puesta—, y las empresas donde los propios dueños atienden al cliente, se dará usted cuenta de que la gente actúa con desgano. La mentalidad de nuestro mandatario es contagiosa: el “si quiebran es problema de los empresarios” está haciendo mella. Alguien incluso me comentó: “…el presidente dijo que me han de pagar… ¡Los de arriba tienen dinero!”.

Crear la falsa impresión de que los empresarios son ricos es no sólo irresponsable por parte de un mandatario, sino irreal. No todos los empresarios son ricos; y los que lo son, han trabajado, invertido, cuidado y arriesgado lo que tienen para lograrlo. Nadie se los regaló. Nadie tuvo la obligación de ayudarlos.

No entender que las desigualdades sociales que hoy vivimos las hemos acarreado por siglos es encaprichado. Adoctrinar a las siguientes generaciones para que arremetan contra el neoliberalismo es tiránico. ¿Cómo es posible que en el programa de estudios de Secundaria que se está impartiendo virtualmente (Aprende en Casa, SEP, semana del 27 de abril al 1 de mayo) exista dentro de las clases de historia un tema titulado “El Neoliberalismo en México” y que el objetivo de la clase sea reflexionar “…sobre las diferentes causas de los problemas económicos en México y la relación con el modelo económico neoliberal”?

¡Cuidado! A las palabras no se las lleva el viento, cada palabra edifica o destruye; maldice o bendice… a las familias y a los pueblos.

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.