menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Rosa N. Trevinyo: ¿sucesión ó transición?

COMPARTIR

···
menu-trigger

Rosa N. Trevinyo: ¿sucesión ó transición?

bulletUna transición conlleva un período de adaptación, de cambio, una etapa de evolución progresiva y no permanente entre dos estados.

Opinión MTY EMPRESAS FAMILIARES Rosa Nelly Trevinyo-Rodriguez
13/11/2019
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Hace unos días, la renuncia de Evo Morales causó paz en algunos e incertidumbre en otros. Y es que, junto con él renunciaron también el Vicepresidente del Gobierno, la presidenta del Senado, el presidente de la Cámara de Diputados y muchos otros oficiales. Haya sido esto un golpe de estado o una simple renuncia “sugerida”, lo importante es que el proceso de sucesión pondrá en jaque al país y a las instituciones.

Y es que, al igual que los empresarios familiares, una de las obligaciones que tiene todo jefe de estado es “pavimentar el camino” para que su sucesión se dé de una manera ordenada (con estabilidad). Por ello, de la misma forma que acontece en los negocios familiares, cuando la salida es precipitada, empujada por una crisis, un cambio en el contexto, un conflicto exacerbado o un “golpe” en contra del líder, la única respuesta viable es una transición.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre sucesión y transición? En breve, la sucesión supone un reemplazo. ¿Dónde? En la propiedad, en la toma de decisiones y/o en la operación/ gestión del negocio—o del país. Técnicamente es la capacidad de sustituir a una persona por otra (con sus ideas, visiones y deseos) y de continuar con el orden institucional o empresarial.

Por el contrario, una transición conlleva un período de adaptación, de cambio, una etapa de evolución progresiva y no permanente entre dos estados. Es un proceso donde un ente rector colegiado—como por ejemplo, el Consejo de Administración o el Consejo de Familia en el caso de las empresas familiares; o un Gobierno de Transición en el caso de Bolivia—organiza el proceso de elección de un sucesor viable y define el rumbo para lograr la estabilidad y el potencial crecimiento.

La sucesión entraña poder; la transición, aprendizaje y desprendimiento. Por ello, hay que tener mucha humildad, o estar muy forzado, para ceder el mando; pero más para liderar un proceso de transición donde se saborean las mieles del poder y luego se “dejan ir”. Y es que, bien dicen por ahí que el poder embriaga…

Una persona con poder posee la capacidad de modificar comportamientos, actitudes y valores; de definir el rumbo de un país, un imperio o un negocio. Por eso, quien detenta el poder desarrolla una sensación placentera (adicción) catalizada por el reconocimiento social y la adulación de quienes lo rodean, aumentando su orgullo, auto-confianza y ego.

Ojo: El poder embriaga, pero el exceso de poder embrutece… Por ello, cuando los empresarios o líderes pierden contacto con la realidad, toman decisiones aberrantes, que luego, no hay forma de corregir. Y es que, si el poder que se ejerce no tiene como propósito beneficiar al conjunto; si no se utiliza justamente; si se pasa por encima de los demás y se omiten hechos y datos (falta de transparencia), la familia propietaria tarde o temprano reclama, y los ciudadanos también.

Cuando se hace con tiempo, visión y orden, pasar la estafeta se convierte en una de las hazañas más loables de un empresario, de un jefe de estado o de un líder; es el gesto más entrañable de solidaridad entre generaciones. No obstante, para hacerlo bien se requiere claridad estratégica, disciplina, trabajo previo, aceptación, humildad, visión de futuro,… pero sobretodo: voluntad para “dejar ir” el poder.

En conclusión, en toda empresa familiar llega el punto en que el crecimiento obliga. Sí, obliga a ordenar, a planificar, a empoderar y a evitar caer en trampas que destruyan o limiten el progreso del negocio familiar, y que afecten severamente la unidad, la confianza y el compromiso de la familia propietaria. Y lo mismo sucede en los países… ¿O no?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Opine usted: rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.