Rosa N. Trevinyo: ¿Sabotaje ejecutivo?
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Rosa N. Trevinyo: ¿Sabotaje ejecutivo?

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Rosa N. Trevinyo: ¿Sabotaje ejecutivo?

bulletLa gente no debe distraerse en grillas internas mientras el mercado se cae a pedacitos.

Opinión MTY
01/04/2020
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Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Existen ocasiones en que nuestros directivos están tan acostumbrados a hacer y deshacer en nuestra empresa, que cuando incorporamos al negocio a un miembro de la familia, las reacciones son…inesperadas. Y es que, pareciera que el “viene a aprender” se convierte en “viene a checarme”.

Hace unos días, un empresario familiar me comentó que, hace aproximadamente un mes, reclutó a su hijo para que trabajara con él en el negocio familiar. El muchacho—ingeniero en sistemas, accedió a dejar su puesto en el área de tecnologías de información de una importante empresa de la localidad y, sabiendo los estragos que la empresa familiar estaba viviendo por la crisis sanitaria, lo único que solicitó fue que le garantizaran el 70 por ciento del sueldo que ganaba. El empresario accedió, y le pidió explícitamente que buscara formas de optimizar todos los procesos del negocio. Igualmente, le prometió que, si sacaban el negocio adelante y crecían de manera rentable, en tres años podrían hablar de un aumento de sueldo; y en cinco, de cederle una participación de hasta el cinco por ciento en la empresa. “Tendrás que ganártelo”.

La sorpresa fue, que a los pocos días de que llegó a la empresa familiar, comenzó la grilla. Sí, “la grilla”—esa que generalmente se da en las empresas no-familiares. Los ejecutivos “reaccionaron”… Comenzaron con ínfulas de grandeza: “tienes que aprender; aquí no estamos en la empresota donde trabajabas”; pasaron por ignorar los comentarios e ideas del miembro de siguiente generación; continuaron con darle largas a sus solicitudes de información y terminaron con la intimidación directa: “Tú le fuiste con el chisme, ¿verdad?”.

A tres semanas de haber cambiado de trabajo, el Ingeniero estaba más que agotado. Lidiar con los ejecutivos de primer nivel estaba resultando toda una faena. Entonces, decidió “bajar” en la estructura organizacional. ¿Qué encontró? Quinientos colaboradores que, aunque dispuestos a ayudar, tenían órdenes directas de no transmitir información ni conocimiento. ¡Cierren filas! .

“Esta gente ha estado conmigo por más de 25 años… Algunos incluso, están técnicamente jubilados. Nunca pensé que fueran a reaccionar así. No lo entiendo… He hablado con mi hijo y él está dispuesto a aguantar. Ha tenido roces fuertes con algunos. Ya no se queda callado. Está aprendiendo a pelear, con educación y hechos. Se está ganando su lugar—lo cual me tranquiliza”.

Preguntas para reflexionar:

1. ¿Qué puesto tiene tu hij@? ¿A quién le reporta? ¿Quiénes lo saben?

2. ¿Tiene un proyecto definido? ¿Por qué es importante?

3. ¿Cuál es el plan de capacitación que diseñaste para él/ella? ¿Qué esperas que aprenda?

4. ¿Quién es el responsable de enseñarle? ¿Cómo le estás dando seguimiento?

5. ¿Qué rol esperas que juegue tu hij@ en los próximos 3 y 5 años? ¿Cómo prepararás la estructura para que eso pase?

La situación que vivimos es compleja, y si tus ejecutivos de confianza no te ayudan a sacar el barco adelante, lo están hundiendo. Pregúntate: ¿Por qué lo sabotean? ¿Es un tema de poder, miedo al cambio, ritmo de trabajo, obsolescencia de conocimiento o habrá algo que están ocultando? Acciona: Habla con ellos y en el peor escenario, evalúa de quiénes puedes prescindir. Los tiempos de crisis son momentos para sumar; la gente no debe distraerse en grillas internas mientras el mercado se cae a pedacitos. Cualquier colaborador que no se una a este objetivo está totalmente fuera de lugar.

En resumen: Las actitudes y acciones de tus ejecutivos impactan directamente en la decisión de tu hij@ de hacer, o no, carrera profesional en el negocio familiar. ¡No es magia! Planifica, “plancha” y acciona un buen plan de incorporación.

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.