Monterrey

Marco Pérez Valtier: Fideicomisos y corrupción

Un Fideicomiso es un contrato, por lo que carece de personalidad jurídica y no puede tener patrimonio propio.

Lo primero que es conveniente explicar, es en qué consiste un Fideicomiso y cómo esta figura es utilizada dentro de la Administración Pública, para asignar recursos presupuestales.

Un Fideicomiso es un contrato, por lo que carece de personalidad jurídica y no puede tener patrimonio propio. Es un instrumento mediante el cual, una o varias personas, denominadas FIDEICOMITENTES, aportan recursos que se destinarán a un objeto o fin específico, en beneficio de uno o varios FIDEICOMISARIOS, y se constituye en una entidad Bancaria, denominada FIDUCIARIO.

Generalmente, se nombra un Comité Técnico que se encarga de administrar los bienes fideicomitidos y de vigilar que los recursos se apliquen al objeto del mismo, debiendo rendir cuentas a los Fideicomitentes, de la correcta aplicación de los recursos fideicomitidos.

Cuando un Fideicomiso es constituido por un particular, el secreto fiduciario le es aplicable, por lo que el Fiduciario no puede divulgar ninguna información sobre dicho Fideicomiso, más no así cuando el Fideicomiso está constituido por un Ente Público, como Fideicomitente, ya que forma parte de la Administración Pública y está sujeto a la Fiscalización del orden de Gobierno correspondiente.

De tal suerte, TODOS los Fideicomisos Públicos, que manejan recursos presupuestales, están sujetos a fiscalización, y su información está sujeta a la Ley de Transparencia, por lo que cualquier ciudadano puede conocer los detalles y los pormenores de la aplicación de dichos recursos públicos.

En materia presupuestal, la legislación vigente señala que si un recurso no se "devenga" en el ejercicio fiscal correspondiente, el dinero no gastado debe ser reintegrado a la Tesorería de la Federación, pero si el recurso se "aporta" a un Fideicomiso, entonces sí se considera "devengado" y no se tiene que devolver.

Debido a lo anterior, la figura del Fideicomiso es muy útil para configurar y mantener una masa crítica de recursos, destinados a un fin específico, usualmente multianual, y operarlos a través del tiempo, sin las complicaciones que presentan los presupuestos anuales.

Tal es el caso, por ejemplo, del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) ya que si en un ejercicio fiscal no se registran desastres que ameriten su gasto, los recursos no aplicados se transfieren al Fideicomiso del propio FONDEN, (para no ser devueltos a la TESOFE) y se quedan invertidos para ser gastados cuando ocurran desastres naturales.

Otro ejemplo es el Fondo de Infraestructura (FIDEIN) que maneja recursos para proyectos plurianuales, y mantiene recursos suficientes para garantizar la finalización de obras de infraestructura, que por su naturaleza tardan varios años en realizarse, y no pueden estar sujetos a reglas anuales de operación.

En materia financiera, el Gobierno Federal usualmente apoya a productores y empresarios con Fondos de Garantía que facilitan el acceso a créditos para la producción, y son recursos que se deben mantener líquidos para otorgar estos apoyos, razón por la cual se invierten a través de esta figura de Fideicomisos.

Los ingresos presupuestales "excedentes" que se obtienen ocasionalmente, también se transfieren a Fideicomisos donde quedan invertidos para ser erogados cuando se enfrenten minusvalías en ingresos, como las de 2019 y 2020, proporcionando alivio financiero a las finanzas públicas.

Como vemos, la figura del Fideicomiso representa un excelente vehículo para administrar recursos presupuestales a través del tiempo, sin la restricción "anual" de que se deben regresar a la Federación los recursos aprobados, no devengados.

Por otro lado, esta figura también es utilizada por algunos Sindicatos para aportar e invertir recursos obrero-patronales, para propósitos de pensiones de empleados públicos, y manejan cantidades importantes, que técnicamente están etiquetadas a un fin específico y son propiedad de esos trabajadores.

Se ha hablado mucho de que hasta hay un Fideicomiso cuyo objeto es darle mantenimiento a las viviendas de los Magistrados de la Suprema Corte, pero lo que no se dice, es que si se elimina este Fideicomiso, primero, los recursos regresan al Fideicomitente, que es la Corte, (no al Gobierno Federal) y segundo, que el gasto se seguiría haciendo, ya que es una prestación laboral, por lo que no se resuelve NADA, si se elimina este Fideicomiso.

Como vemos, en el caso de Fideicomisos Públicos, donde el Fideicomitente o el aportante de los recursos, es el propio Gobierno Federal, es muy sencillo desafectar los recursos fideicomitidos, para reintegrarlos a la TESOFE, dejándolos sin recursos para gastar, y evitarse tanto ruido y alharaca publicitaria, de que son opacos, nido de rateros y de corrupción.

Ciertamente, si un fideicomiso estuvo constituido por una Ley, y se quiere eliminar por completo, (no solo dejarlo sin recursos) lo conducente es legislar para abrogar esta disposición, aunque quizás no sea lo más sensato.

Finalmente, del gran total de recursos que se manejan a través de Fideicomisos, sin considera los Fondos de Estabilización de Ingresos, solo unos $60 mil millones podrían ser objeto de retorno a la TESOFE, mismos que de hecho ya están ingresando en este ejercicio 2020, pero a un elevado costo social.

Lo peor de este drama, es que la astringencia financiera del Gobierno Federal, los está haciendo buscar dinero hasta debajo de las piedras, y en el caso de los Fideicomisos, en lugar de hacerlo con bajo perfil, lo están haciendo de manera alevosa y bajo la trillada bandera del combate a la corrupción, pretendiendo justificar esta equivocada decisión que afectará negativamente al país, ya que desmantelará, entre otras cosas, los pocos apoyos a la investigación.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad única de quien la firma y no hay que hacer que la postura editorial de El Financiero.