Monterrey

Luis Treviño: Batalla de trapos: la guerra sucia prematura en las campañas políticas

La guerra sucia ha existido por mucho tiempo, ahora está sucediendo algo inusual; en el pasado estas estrategias solían aplicarse al final del periodo de la campaña, previo a las elecciones; como una especie de “estocada final”. Ahora está sucediendo desde el principio.

En Nuevo León, como en otras partes de México, las campañas políticas están a todo lo que dan. La semana pasada dos de los candidatos principales para gobernador, se atacaron con todo; Clara Luz, del partido de Morena, atacó a Adrián de la Garza del partido del PRI, alegando no actuar ante un supuesto acto de corrupción de "sus compadres" en el municipio de Mina. Posteriormente Adrián contra atacó, mostrando a los medios un video sobre el involucramiento de Clara Luz con la organización NXIVM y su polémico fundador Kieth Raniere (acusado por tráfico sexual, delincuencia organizada, extorsión y abuso sexual a menores).

En las campañas electorales a estas acciones se les conoce como "guerra sucia", que en pocas palabras consiste en sacarle los "trapitos al sol" al candidato contrario. Se le llama así pues no tiene mucho que ver con las propuestas de gobierno, sino con los defectos o actos inmorales del opositor.

Si bien, la guerra sucia ha existido por mucho tiempo, ahora está sucediendo algo inusual; en el pasado estas estrategias solían aplicarse al final del periodo de la campaña, previo a las elecciones; como una especie de "estocada final". Ahora está sucediendo desde el principio.

La razón de porque hacer guerra sucia desde el inicio es desconocida, pero existe un fenómeno que ha cambiado la forma en la que recibimos información y que probablemente, de manera inconsciente, ha provocado que los candidatos se hayan anticipado a lanzar noticias "bomba". A este fenómeno le llamo "adicción a la novedad".

Con la apabullante cantidad de información a la que estamos expuestos (según New York Times recibimos cinco mil anuncios diarios), nos hemos vuelto sumamente selectivos. Ya no prestamos atención a cualquier contenido que se nos presente y ya no nos sorprenden tantas cosas. Por lo tanto, hay dos cambios que ahora tenemos como seres humanos: 1. ponemos atención sólo a las noticias que se nos hacen relevantes y 2. una noticia pierde importancia rápidamente y nuestro interés baja de manera casi inmediata.

Si te das cuenta, antes, un suceso terrorista o una masacre (como la de la escuela de Columbine en Estados Unidos) podía estar presente en los medios y en las conversaciones durante meses o años. Ahora, de tanta información que tenemos disponible, nuestra impresión a esos acontecimientos dura días o incluso horas. Es por esto que, aunque de manera involuntaria, ahora buscamos novedades a cada rato.

La adicción a la novedad ha orillado a que, cualquiera que busque hacerse popular en las redes sociales (ya sea alguna marca, algún actor, "influencer", o político), debe buscar como captar tu atención de manera constante. La atención es el nuevo dios de la comunicación; no es el mensaje, no es la propuesta, es llamar la atención; que los voltees a ver. Todos compiten por ello y es lo más preciado.

Si alguien quiere llamar tu atención, tiene que ingeniárselas para impactarte. Existen varios recursos para lograrlo como, por ejemplo, el uso del hedonismo (mostrar a personas o situaciones de manera sensual, o presumiendo lujos y excesos), el humor (hacer memes) y también, generar polémica y morbo. Este último, ha sido usado desde siempre por tabloides sensacionalistas (como la revista TV y Novelas); pero ahora pareciera que, el uso de la polémica, es adoptado por toda figura pública para generar contenido; para aumentar "views" y "followers"; para lograr ser parte de la conversación de tu día.

Los golpes a los candidatos y las "noticias bomba" funcionan. Generan controversia y morbo. Sin embargo, hay un riesgo de usarlo de manera prematura. Si las campañas apenas inician y los candidatos ya se andan atacando y la gente pierde el interés con facilidad, entonces los equipos de campaña pueden sentirse con la necesidad de sacar más y más trapos del adversario. Entonces, nos llenarán de calumnias, escándalos, confrontaciones y el efecto será que las elecciones se parecerán a un programa de "Laura en América" y a la larga, la gente; los votantes, terminen por hartarse.

La guerra sucia es un recurso efectivo. Pero no debe ser el más importante de la comunicación política, ya que, de ser así, los candidatos se estarán centrando en crear mensajes para convencer por qué "NO votar por el adversario" en lugar de "porque SÍ votar por él o ella"; se crean campañas para generar miedo o enojo y no para crear esperanza, que es lo que necesitamos hoy más que nunca ("hope" diría la campaña de Obama).

En lugar de saturarnos con información que nos asuste, deberían sacar noticias bomba que nos alienten, que nos asombren "para bien"; con alguna propuesta como la de ser el lugar en México con más vacunas contra el covid-19, o el Estado donde se reactivará más rápido la economía después de esta abrumadora crisis. Claro, todavía falta que les creamos, pero ese es otro tema.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.