Leer, leer y leer en serio
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Leer, leer y leer en serio

COMPARTIR

···

Leer, leer y leer en serio

Se requiere un fuerte entrenamiento que empieza por sistematizar la unión de letras y grafías, hasta automatizar esta codificación para que llegue una imagen, un concepto, un universo completo a nuestro cerebro.

Opinión MTY La Propia Política Sara Lozano
06/02/2019
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.
La Propia Política Sara Lozano
La Propia Política Sara Lozano Fuente: Cortesía

Me he pasado estos días rastreando notas y tratando de encontrar algo de cobertura sobre la Estrategia Nacional de Lectura. De llamar la atención es que las otras noticias, las relacionadas con la violencia, no requieren de mayores esfuerzos. Y eso que leer es lo que realmente va a cambiar a este país.

Y no sólo en medios, en redes no llama la atención una Estrategia de Lectura que revertiría la temida opresión anunciada apocalípticamente -y consistentemente- por algunos. No se nota esta buena noticia a pesar de que todos sabemos que para cambiar estructuralmente a este país se necesita urgentemente fortalecer la educación y la educación empieza por ser capaces de leer en serio.

El problema es mayúsculo, estamos en el hoyo del ranking UNESCO, somos el país 107 de 108 en niveles lectores a decir de las autoridades. Tampoco es que alguien se sorprenda con este número porque la simulación de lectura es un hábito arraigado también entre la gente más educada.

Leer en serio no es sólo informarse, sino procesar datos, establecer relaciones positivas, negativas o neutras, leer entre líneas, retrotraerse a las fuentes. Leer en serio no es sólo estudiar en la formalidad de una institución o de un tema en particular. Leer en serio no es sólo seguir un instructivo o llenar un formulario, otear un folleto.

Leer en serio requiere un fuerte entrenamiento que empieza por sistematizar la unión de letras y grafías, hasta automatizar esta codificación para que llegue una imagen, un concepto, un universo completo a nuestro cerebro. Bajarlo al corazón, identificar lo me relaciona o me rechaza, lo que quisiera, lo que temo, lo que amo y muchas veces no lo puedo decir hasta que encuentro las palabras que me acompañaran. Interiorizar el texto y darnos cuenta de esto sólo es posible si hay un entrenamiento permanente, de ida vuelta, entre la codificación y la comprensión lectora. Una vez alcanzado, se llega al disfrute verdadero de leer, la lectura se vuelve poderosa y le roba el tiempo a las pantallas, a todas. Es entonces que la lectura realmente pueda competir para tener un lugar preferido en la agenda del ocio. Y el pronóstico apocalíptico es que van a mejorar las ofertas en pantalla, ¿qué mejor?

Estar entrenado en la lectura en serio te lleva a detectar 3 cosas que todo texto o discurso tiene: 1) lo que enuncia; 2) lo que anuncia; y 3) lo que denuncia. Te lleva a detectar la falacia de las marcas, de la demagogia, de la intención, sea esta buena o mala.

Nada más divertido para este entrenamiento que la literatura: la novela y el cuento -mis favoritas-, poesía, crónicas, relatos, multitud de experiencias humanas que se escriben escrupulosamente para enunciar, anunciar y siempre terminan por sorprender con lo que denuncian. En la Escuela León Ortigosa, aquí en el estado, hay una generación interesante de jóvenes que se entrenaron en secundaria y a diez años de ese proyecto tienen mejores condiciones de vida.

Una buena noticia es que los aun jóvenes han tenido más entrenamiento de codificación que otras generaciones gracias a las pantallas. No es suficiente, comprender e interiorizar más de 10 palabras aún les cuesta trabajo, pero al menos es un peldaño hacia un mejor lugar.

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultural a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Opine usted: saralozanoala@gmail.com

Twitter: @saraloal

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.