Las muertes a cuenta de la Ley por la Vida
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Las muertes a cuenta de la Ley por la Vida

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Las muertes a cuenta de la Ley por la Vida

bulletEs una ley que pocos seguidores han analizado a fondo, menos han dimensionado el impacto de salud pública que es real, comprobable y científico.

Opinión MTY La Propia Política Sara Lozano
13/03/2019
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La Propia Política Sara Lozano
La Propia Política Sara Lozano Fuente: Cortesía

La reciente reforma a la Constitución del Estado, esta que llaman a favor de la vida, va a cobrar más muertes físicas y psicológicas de las que podría “salvar”. Lo peor de esta ley no es que sea inoperante, es que es insensible, cruel e inhumana. El 70 por ciento de las madres niñas –entre 10 y 14 años– en México (2018) fueron embarazadas por varones mayores de 18 años, el 38 por ciento mayores de 21 años. Cifras oficiales de la Secretaría de Salud, no contempla la clandestinidad, la vergüenza producto de la ignorancia y el pudor familiar, del machismo.

Es una ley que pocos seguidores han analizado a fondo, menos han dimensionado el impacto de salud pública que es real, comprobable y científico. Desde el momento de la fecundación implica la prohibición de métodos anticonceptivos probados. Por ejemplo, las pastillas que no dejarán de venderse porque también son tratamiento médico ¿Las dejarán de usar las parejas religiosamente casadas para decidir libremente el número de hijos? ¿Esta reforma se aplicará también el artículo constitucional que otorga este derecho?

El año pasado hubo una movilización social en contra de la educación sexual en el sistema de educación básica. Las y los adolescentes experimentan una explosión hormonal que les lleva casi irracionalmente a la exploración sensual, erótica y, eventualmente sexual.

¿Les dejamos sin la educación formal, sin información, sin certezas, sin recursos emocionales y psicológicos para transitar esta etapa? ¿Cuántas veces en la historia de dogmas religiosos se han cometido masacres por no asumir una realidad científica?

Pienso en la época en que la tierra tenía que ser plana o en la que una vacuna era una sustancia demoníaca que trasmutaba la muerte en vida contraviniendo los designios de Dios.

¿No cabría en esta derecha bienintencionada la humildad del beneficio de la duda científica, y ante esto, la tolerancia a otras posibilidades aún no asumidas por el dogma religioso?

Si al momento de la fecundación la jerga médica le llama “producto” a la fusión de dos células, si biológicamente la vida implica un sistema nervioso, si existe un desarrollo tecnológico legal, fundamentado en la ciencia para las técnicas de control natal ¿Por qué imponer una ley que proviene de una creencia?

Desde la ética, es incuestionable el sistema de valores de una persona, pero cuando esta persona habla en nombre de un grupo ¿Qué vale, su dogma de fe, el consenso del grupo o los hechos/argumentos científicos en el desacuerdo?

Las y los diputados que votaron a favor de la Ley por la Vida no están actuando conforme a una ética pública, están obligando a una persona a vivir en función de otra, en analogía es una esclavitud legalizada. Para continuar la idea, desde el Derecho, no hay forma que una ley someta la libertad y las decisiones de una persona en beneficio de otra.

Esa mujer, desde los 10 años, que no está informada, formada y empoderada para decidir no, para poner condiciones a un varón, para hacer pública una agresión en aras de la buena reputación familiar, esa mujer hoy está más abandonada que nunca por la ley, la religión, la sociedad.

No sé cuántos bebés más nacerán a partir de esta ley. Lo que sí sé es que esta ley no esta resolviendo un problema social, que las muertes clandestinas se van a incrementar. La mujer no va a dejar de rescatarse a sí misma de la opresión machista y sus secuelas, la única diferencia es que ahora está más sola que nunca.

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultural a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Opine usted: saralozanoala@gmail.com

Twitter: @saraloal

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.