La función de producción
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La función de producción

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La función de producción

Se hace evidente que se necesitan la mano de obra, el capital y el intelecto, si es que un país quiere salir adelante.

Opinión MTY Wiki-litico Miguel Moreno Tripp
05/02/2019
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Miguel Moreno Tripp
Miguel Moreno TrippFuente: Cortesía

A finales de los años 20’s, un par de economistas: Charles Cobb y Paul Douglas, habiendo estudiado la economía americana desde los últimos diez años del Siglo XIX hasta los primeros 20 años del Siglo XX, encontraron una relación entre tres grandes factores que explicaban el incremento en el producto; dicho en otras palabras, e implícitamente, que es lo que explicaba el crecimiento de la economía; dicho en términos coloquiales, pero espero que transmita la idea: ¿Cómo le hacemos para que crezca el pastel y por más que a alguien le toque proporcionalmente un poquito, sea un “muchote” en términos absolutos? Por si hace falta: ¿Cómo le hacemos para que la población salga de la pobreza y el bienestar se desparrame en la sociedad?

Los tres factores que encontraron son, a saber: el Capital, la Mano de obra y un último factor que, con el paso del tiempo, se ha visto que potencia el crecimiento económico de manera exponencial: la tecnología.

En la función que encontraron, se reparte -no necesariamente a partes iguales- el capital y el trabajo. Es decir, que habrá economías que por cada peso (o dólar o yen, etc.) que aporten generan más que otras y en cambio habrá otras que por cada unidad de incremento en el trabajo, “suma” más.

Cuando analizamos esta función no en términos absolutos, sino en términos de sus incrementos, el trabajo se vuelve más como el incremento en población. Claro, población económicamente activa (no pasiva, -if you follow my drift- como dijeran los americanos). Éste sería el famoso bono poblacional por el que ciertas economías tienen potencial por la juventud de su población, mientras que otras se verán en la necesidad de hacer algo conforme su población envejece.

La tecnología tiene un efecto multiplicador. Vemos como los productos de las economías desarrolladas tienden a tener mucho más contenido de diseño que de producción o de materia prima. Es decir, hay economías que se han basado en la explotación y exportación de materias primas necesarias para la fabricación; otras más en la manufactura propiamente -incluida la maquila- y unas más en el diseño de los productos.

Un elemento más que tradicionalmente se incluye como factor de producción, es la tierra. Es decir, la extensión de territorio que pueda tener una economía. Sin embargo, vemos países como Japón y más aún Holanda, que claramente no disponen de este recurso, pero que son países que podemos colocar como los primeros lugares en su desarrollo económico. Se necesita acceso a las materias primas más no necesariamente el tener dentro del territorio de un país todos y cada uno de los insumos necesarios para la producción.

Se hace evidente que se necesitan la mano de obra, el capital y el intelecto, si es que un país quiere salir adelante. El tema de México: ¿Estaremos haciendo lo necesario, cada quien desde su trinchera, para entrarle al círculo virtuoso del crecimiento económico o le estamos jugando a hacernos tontos?

Bajo esta óptica, ¿ayudan las huelgas en Matamoros -debemos tocar madera para que no se extiendan a toda la frontera norte? ¿Qué dejó el que los ferrocarriles no pudieran salir ni entrar con los productos por medio mes?¿No se puede reconsiderar la decisión del NAICM para crear fuentes de trabajo? Son preguntas que claramente tienen una respuesta que podemos clasificar como racional pero que, si le damos mayor peso a la ideología, ojalá no nos pase como en la canción: “todo se derrumbó”.

El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA.

Opine usted: morenotrip@gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.