La economía en las elecciones
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La economía en las elecciones

bulletDe entre tantas variables económicas que existen, hay tres fundamentales que, sin importar la filiación política o ideológica de cada gobierno, se tienen que poner como prioridad.

Opinión MTY Tecnológico de Monterrey Eduardo Carbajal
26/02/2018
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Ahora que se avecinan los tiempos electorales, es muy fácil caer en la tentación de creer todo lo que se diga a favor del candidato o partido de nuestra preferencia y avalar todo lo que se diga en contra del candidato o partido que no nos es muy afín. Pero antes de tener una opinión basada en los contenidos de nuestras redes sociales, hay que informarse un poco para tener una opinión más objetiva, sobre todo en materia económica.

De entre tantas variables económicas que existen, hay tres fundamentales que, sin importar la filiación política o ideológica de cada gobierno, se tienen que poner como prioridad.

En primer lugar, se debe fomentar el crecimiento de la economía, orientando la política económica hacia el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), en términos reales. En ese sentido, comparando los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto, el mejor posicionado en esa variable es el actual gobierno, pues en cinco años completos ha tenido un crecimiento del PIB real de 12.2 por ciento que en el promedio es un crecimiento de 2.43 por ciento anualmente. Medido de esa misma manera, en el sexenio de Vicente Fox se creció en promedio al 2.11 por ciento anual y con Felipe Calderón sólo se creció 1.71 por ciento cada año, en promedio.

La siguiente variable fundamental que hay que medir es la inflación. Si el gobierno puede lograr la estabilidad de los precios, dado que la inflación distorsiona la distribución del ingreso y reduce el poder de compra de la población, entonces estará haciendo bien las cosas. En este sentido, si medimos solo los primeros cinco años de cada sexenio, nuevamente el actual presidente tiene un mejor control de precios, pues la inflación acumulada es de 22.62 por ciento (incluyendo los gasolinazos). Después sigue el sexenio de Calderón, donde en sus primeros cinco años acumuló un 24.96 por ciento de inflación y en el último lugar de esta comparación está el sexenio de Vicente Fox, donde la inflación acumulada fue de 25.45 por ciento, en el mismo periodo de comparación.

Si los mexicanos debemos comprar bienes y servicios para que el gasto en el consumo del país aumente, y aumente el PIB, primero debemos tener un empleo formal y remunerado. En ese sentido, la generación de empleos nos va a indicar la población económicamente activa que fue capaz de emplearse. Como los datos de INEGI comienzan en 2005, la comparación solo es en los dos últimos sexenios, resultando que mientras Calderón generó en sus primeros 5 años de gobierno 4 millones 105 mil empleos, elevando la tasa de empleo de todo ese periodo a 9.84 por ciento, durante la administración de Peña Nieto, se han generado 5 millones 166 mil empleos, con una tasa de empleo de estos cinco años de 11.26 por ciento.

Ahora que si los bienes y servicios que compramos los mexicanos no son solo nacionales, sino también extranjeros, sería justo revisar qué tipo de cambio peso-dólar han administrado los gobiernos de los tres últimos sexenios. Cuando asumió la presidencia Vicente Fox recibió el dólar a 9 pesos con 44 centavos y cinco años después este se cotizaba en 10 pesos con 57 centavos, lo que nos da una depreciación (pérdida de valor) del peso de 11.9 por ciento. Felipe Calderón recibió el dólar a 10.86 pesos y cinco años después se cotizaba en 13.51 pesos por dólar, lo que representa una depreciación del peso de 24.3 por ciento, más del doble de lo que se depreció con Fox. En lo que va del presente sexenio, la depreciación del peso con respecto al dólar de Estados unidos no tiene precedente pues Peña Nieto recibió un dólar a 12.87 pesos y actualmente se cotiza en 18 pesos con 80 centavos, lo que representa una escandalosa pérdida de valor de nuestra moneda de 46 por ciento.

Es probable que ya todos tengamos una idea por quien votar en las próximas elecciones, pero una mirada a los resultados económicos más importantes nos debería conducir a pensar si queremos que la economía de nuestro querido país siga como va o queremos que cambie. Si basáramos nuestra decisión en criterios económicos, esta sería más objetiva que usar las redes sociales.

El autor es economista y profesor de Finanzas y Economía de la Escuela de Negocios del Campus Monterrey. edcarbaj@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.