La diferencia entre la política económica y la economía política
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La diferencia entre la política económica y la economía política

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La diferencia entre la política económica y la economía política

bulletEn materia económica, comúnmente se confunde la Política Económica, con la Economía Política, que es el manejo populista del gasto público, como el caso de Ricardo Anaya, quien ofrece regalarle dinero a la población, mediante un Ingreso Universal.

Opinión MTY COMENTARIO ECONÓMICO Marco A. Pérez Valtier
14/03/2018
Actualización 14/03/2018 - 9:56
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Marco Pérez ValtierFuente: Félix Vásquez

En época de elecciones, ya es costumbre que los diferentes candidatos enfocan más sus argumentos políticos en atacar a los otros candidatos, y no tanto en dar a conocer sus propuestas en materia de políticas económicas, si el voto los favorece, ya que se cree que desprestigiando al oponente, se le descalifica, y esto reduce la intención del voto, principalmente de los ciudadanos indecisos, lo que pudiera incrementar la posibilidad de captar el voto del elector indeciso.

Por otro lado, cuando dan a conocer sus propuestas en favor de la población, regularmente incurren en errores de competencia, ya que muchas veces prometen acciones que NO se encuentran en la esfera de sus atribuciones, y que competen a otros poderes del gobierno, como el Legislativo y el Judicial.

Por ejemplo, en el caso de los aspirantes a la Presidencia de la República, proponer que van a reducir, o que no van a aumentar impuestos, son propuestas engañosas, ya que el Ejecutivo Federal NO decreta los impuestos a pagar, ya que son los Legisladores (Diputados y Senadores) los que deben aprobar cualquier modificación a las Contribuciones, por lo que lo correcto sería decir que VAN O NO VAN A PROPONER al poder Legislativo las correspondientes iniciativas de reformas.

Igualmente, cuando ofrecen cárcel a los funcionarios corruptos, olvidan mencionar que es el Poder Judicial el encargado de impartir justicia, y por ende, al que le corresponde encarcelar a los ladrones, por lo que la promesa, en todo caso, sería la de investigar las presuntas anomalías y presentar las correspondientes denuncias, para que el Poder Judicial pueda entonces proceder a la impartición de justicia.

Por otro lado, en materia económica, comúnmente se confunde la Política Económica, con la Economía Política, que es el manejo populista del gasto público, como el caso de Ricardo Anaya, quien ofrece regalarle dinero a la población, mediante un Ingreso Universal, si el voto lo favorece, no obstante su costo lo hace inviable y está fuera de toda posibilidad real, como también lo es la temeraria promesa de reducir el IVA, como lo ha manifestado el pre-candidato “Independiente” Jaime Rodríguez Calderón, poniendo de manifiesto su profundo desconocimiento de las finanzas públicas.

Por otro lado, es también común que se ofrezcan programas y proyectos de mayor inversión pública, al mismo tiempo que se habla de no aumentar impuestos, de finanzas públicas sanas y de no aumentar la deuda, argumentando que mediante la reducción y el control del gasto se pueden liberar recursos suficientes, lo cual no es del todo cierto, ya que los márgenes reales para reducir el gasto no son tan cuantiosos.

Además, los candidatos son omisos en considerar las inercias propias del gasto público, particularmente las relacionadas con el crecimiento natural de las pensiones, así como del servicio de la deuda, tanto por el mayor saldo acumulado, como por las mayores tasas de interés, aspectos que presionarán al alza al gasto público, independientemente de quien sea el candidato triunfador.

Nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, cuestionar a los candidatos sobre las políticas económicas que habrán de instrumentar si el voto los favorece, que prioridades tendrán y cuáles serán concretamente las medidas que instrumentarán para conseguir las metas económicas planteadas.

Qué planes sectoriales contemplan para el campo, para la industria, para los servicios, así como las medidas que piensan instrumentar para fomentar el empleo, la recuperación del poder adquisitivo y el fomento a la productividad y a la competitividad.

No debemos permitir que el populismo económico sea una divisa de cambio, ni debemos creer como acto de fe que todas las promesas de campaña serán cabalmente cumplidas, ya que muchas de ellas son irrealizables.

Demandemos propuestas económicas serias y una definición clara del modelo económico que piensan impulsar.

El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio en Economía en Pérez Góngora y Asociados. Economista Jefe de BBVA Bancomer. mperezv@perezgongora.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.