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José de Jesús García: Feliz Año Nuevo

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José de Jesús García: Feliz Año Nuevo

bullet¿Hasta cuándo es adecuado desear a la gente “Feliz Año Nuevo”?.

Opinión MTY FELICIDAD Y CALIDAD DE VIDA José de Jesús García
13/01/2021
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José de Jesús García
José de Jesús GarcíaFuente: cortesía

Una de las preguntas que rondan en mi cabeza cada inicio de año es la siguiente: ¿Hasta cuándo es adecuado desear a la gente “Feliz Año Nuevo”? A veces me voy hasta fines de Enero deseando feliz año a todo mundo y otras veces me detengo después de la primera semana. La verdad es que no debería de haber límites para desear felicidad y fortuna a los demás. No nos sobran las bendiciones ni los buenos deseos, ni en Enero ni nunca.

¿Qué necesitamos para tener un feliz año? Sin duda, mucha actitud, mucho esfuerzo, mucha voluntad y suerte, si es mucha, mejor. Como siempre, las redes se han llenado de memes al respecto. Uno que me gusta mucho es en donde se dibuja al Año 2021 sentado en un diván comentándole al psiquiatra: “Últimamente he sentido que la gente espera mucho de mí”. Y si, después de lo que nos trajo el 2020, esperamos que este año sea más benévolo que su predecesor.

Por otro lado tenemos a los agentes motivacionales que nunca faltan: “No esperes a que 2021 sea diferente; quien tiene que ser diferente eres tú”. El mensaje está orientado a que no esperemos que la suerte o las circunstancias se volteen a nuestro favor, sino más bien, que nosotros construyamos nuestro futuro a base de esfuerzo y determinación.

Esta dicotomía me lleva a recordar el planteamiento que hace Sonja Lyubomirsky acerca de los determinantes de la felicidad. Para Sonja y sus colegas, la felicidad depende en gran medida de tres elementos: la genética, las circunstancias y las actividades intencionales. La genética nos la brindan nuestros padres y puede ir en ambas direcciones: podemos tender a ser felices o a ser amargados simplemente por causa de nuestros genes. Las circunstancias las constituyen aquellas condiciones que no podemos cambiar, por ejemplo, el clima, la inseguridad, la economía, etc. Finalmente, las actividades intencionales son aquellas que dependen de nosotros y que si las practicamos regularmente nos pueden ayudar a incrementar nuestra felicidad. Figuran en esta categoría el ejercicio, el comer bien, el ser espirituales, el cultivar nuestras relaciones sociales y demás.

En la propuesta original, a la carga genética se le asignaba hasta un 50% del origen de la felicidad en las personas, a las circunstancias, un diez o un quince por ciento y el resto, un 35% o 40% era atribuido a las actividades intencionales. Posteriormente, Sonja y sus colegas han precisado que no necesariamente esos porcentajes son aplicables a todos nosotros y a lo largo de nuestras vidas, sino más bien, lo importante es que estos tres elementos existen y hay que entender su rol en la determinación de nuestra felicidad.

El planteamiento lo podemos llevar a nuestra vida profesional y al logro de las metas. Es evidente que no todo depende de nosotros y que la suerte y las circunstancias también influyen en nuestros resultados. Podemos tener la mejor actitud, pero a veces las circunstancias nos limitarán en nuestros resultados. Lo vimos el 2020: muchos de nuestros planes y de nuestros esfuerzos se quedaron inconclusos por causa de la pandemia.

Hace días escuchaba una entrevista que le hicieron al ganador del Premio Nobel de Economía en 2002, Daniel Kahneman, acerca de su libro “Think Fast, Think Slow”. Dentro de los varios comentarios muy interesantes que contiene la entrevista, el Dr. Kahneman expresaba que los seres humanos tendemos a tratar de encontrar una explicación racional a todo lo que sucede, en especial, al éxito. Si un determinado bono financiero obtiene muy buenos rendimientos, tendemos a encontrar explicaciones que poco tienen que ver con la realidad. Argumenta el Dr. Kahneman que muchas veces los resultados son cuestión de suerte, todo esto, sin menospreciar los aspectos fundamentales de las operaciones.

Es así que la mayor parte de las personas piensa que nuestros logros dependerán solamente de nuestros esfuerzos y de nuestras actitudes. No nos gusta pensar que las circunstancias y que la suerte ha tenido que ver también en los resultados. Y la verdad no es erróneo este tipo de pensamientos porque pensar que la suerte influye en nuestro éxito no es agradable ni racional porque es algo que no podemos controlar. La suerte y las circunstancias están fuera de nuestro control y eso nos incomoda de gran manera.

Entonces, sigamos poniendo nuestro mejor esfuerzo y nuestra mejor actitud para lograr que el 2021 sea un buen año. Cambiemos lo que tenemos que cambiar y seamos flexibles para adaptarnos a las circunstancias. Como diría Viktor Frankl, “Si las circunstancias no son como las quieres, entonces cambia tu actitud ante las mismas”.

Pero no está de más seguir deseando un “Feliz Año 2021”. Un poco de suerte y algunas bendiciones no le caen mal a nadie.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.