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Con frecuencia, el estudio de la felicidad se ve empañado por ideas equivocadas que existen en su conceptualización. Al escuchar el término "felicidad" la mayoría de la gente piensa en los finales felices que nos ofrecen los cuentos. Una idea muy común es que la felicidad no existe, al menos, no esa felicidad que nos acompañará toda la vida. Esta trivialización del verdadero significado de la felicidad es algo que nos enfrentamos quienes estudiamos de manera científica a la felicidad.
Para Aristóteles, el objetivo de la vida es ser feliz y así, todas las acciones que el ser humano emprende es porque tienen un fin que es la felicidad. Si escuchamos música, si vamos al cine, si buscamos un buen restaurante, si salimos con amigos, etc. es porque queremos ser felices. No es concebible hacer o buscar algo si este algo no nos brinda la felicidad. Ciertamente, hay actividades que tenemos que hacer y que no disfrutamos mucho, pero son de alguna manera un paso intermedio para una felicidad posterior. Si tenemos la oportunidad, lo racional es buscar hacer lo que nos brinda felicidad.
La felicidad no es mala ni egoísta. En el plano personal siempre vamos a preferir la convivencia con una persona feliz que con una infeliz. Los amigos, las parejas, los padres, los hermanos y todos aquellos con quienes convivimos, resultan ser más agradables si son felices. Existe una buena cantidad de libros que hablan acerca de evitar personas tóxicas, i.e., personas infelices. En lo laboral está demostrado también que un empleado feliz estará más satisfecho con su trabajo y eso lo hará una persona más productiva, más comprometida, más puntual y cometerá menos errores en el trabajo.
Del mismo modo, todos preferimos jefes felices, profesores felices y empleados públicos felices. No se diga ya lo que representa tener padres felices. Muchas historias de terror están basadas en personajes que tuvieron infancias infelices. Citando a Randy Pausch, "Si quieres tener sueños de pequeño, te recomiendo tener buenos padres". Es muy difícil imaginar una infancia feliz, llena de sueños, si en tu hogar no hay un ambiente de felicidad.
Una discusión reciente es si la felicidad debe de ser una medida alterna al PIB para poder medir el desarrollo de un país. Al respecto, surgen algunas preguntas: ¿Es mejor tomar a la felicidad como medida de progreso en un país? Si así fuera, ¿Cuál es el papel de un gobierno en cuanto a la felicidad de los individuos? En ese sentido, ¿La medición del PIB se vuelve obsoleta? La lista de preguntas puede seguir de manera casi infinita.
Tomemos estas preguntas para profundizar un poco más. El consenso de los estudiosos del tema es que, si bien la felicidad es el fin último del hombre, el desarrollo de un país conlleva varios elementos que harán que la felicidad de los ciudadanos sea posible y sea perdurable. Recordemos que el bienestar es un constructo que incluye varios aspectos, entre ellos, la salud física, la salud mental y la salud emocional. Y el PIB y su crecimiento juegan un papel fundamental en el logro de estos aspectos en un país. Pensar en que un país está bien si es que los ciudadanos están felices, es tanto como enfocar la alimentación de los infantes en dulces y chocolates. Sin duda serán felices, pero a la postre su salud se verá deteriorada al poco tiempo.
¿Cuál sería el papel del gobierno? Si bien el gobierno no puede ser responsable de la felicidad de los ciudadanos, su responsabilidad estriba en crear las condiciones para que los ciudadanos puedan alcanzar una vida plena, feliz y con bienestar. El gobierno no es responsable de crear empleos, pero sí de ofrecer las condiciones para que los empresarios inviertan en sus empresas y creen fuentes de trabajo. Un gobierno no puede garantizar la salud de todos los ciudadanos, pero si es responsable de proveer los servicios que se requieren para poder gozar de una buena salud. El gobierno no es responsable de nuestra salud emocional, pero si debe de velar por la seguridad pública y por los espacios públicos que nos permitan convivir con nuestros pares de manera tranquila y confiable, entre otras cosas.
Felicidad y bienestar no son sinónimos pero si podemos decir que son primos hermanos. La felicidad es algo a lo cual aspiramos todos y algo de lo que cada uno es responsable. El bienestar de cada uno es la piedra angular de su felicidad y su desarrollo puede y debe de ser una de las tareas primordiales de todo gobierno.
Tal vez podríamos empezar por medir el bienestar de manera regular. Si no medimos, difícilmente sabremos si estamos avanzando en el camino correcto.
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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