Monterrey

Jaime Garcia Narro: La carrera de la esperanza y la persistencia

La nueva tecnología se ha desarrollado y es evidentemente el fruto de la innovación y del sentido de urgencia.

El 2021 ya arrancó. Nos queda claro que seguimos enfrentando la crisis sanitaria. Aún así tenemos buenas noticias: la llegada de una vacuna. Sin embargo, debemos ser conscientes que su aplicación tomará tiempo y nuevas dudas emergen sobre mutaciones del Covid-19 y su grado de contagio; ahora ponen en tela de juicio la efectividad de las vacunas sobre el virus mutado. En algunas ciudades de nuestro país, los servicios de salud se saturan frecuentemente e imposibilitan la atención adecuada a los pacientes que urgentemente la requieren.

A la par de esta realidad se desenvuelve otra en donde miles de médicos, enfermeras y personal de salud continúan luchando por la vida de sus pacientes con más conocimiento y mayores recursos científicos. La nueva tecnología se ha desarrollado y es evidentemente el fruto de la innovación y del sentido de urgencia. Las empresas y las instituciones han venido encontrando acomodos que privilegien el cuidado de la salud física y psicológica de sus colaboradores. En general, ya es posible encontrar en las redes sociales lecturas, videos y otros materiales, así como grupos de ayuda que apoyan a sortear la crisis sanitaria que nos ha tocado vivir.

Sin embargo, todo este entorno confuso, inestable y dinámico nos empuja hacia un estado de incertidumbre en donde nuestro conocimiento no basta y nuestra experiencia no es completamente útil. Esto no sólo es molesto, sino que para muchos es un tema grave y, a medida que pasa el tiempo y la situación adversa continúa, se convierte también en un riesgo para la salud.

Es natural que ante estas circunstancias sobrevenga un desgaste emocional que repercuta negativamente en todos los ámbitos de nuestras vidas: la vida laboral, personal y familiar, física y psicológica del colaborador. Y desafortunamente, para las empresas, se traduce como ausentismo, renuncias y baja productividad.

Es crítico renovar la esperanza, pero no una esperanza ilusa sino una activa. Debe ser realista sobre el futuro que se acompaña de acciones concretas que construyen o suman a ese mejor futuro. La esperanza no debería limitarse a sentarse a esperar que sucedan las cosas, sino a tener la confianza que estaremos en un mejor lugar, el mejor posible, y que para ello sumaremos nuestro granito de arena diario. Ahora bien, esto no significa que nosotros resolveremos todos los males del mundo, sino que haremos hasta más de lo que nos toca para imaginar o pintar un mejor futuro, uno mucho mejor.

Si esperamos que en nuestra comunidad se reduzca la incidencia del virus, entonces, ¿qué podemos hacer activamente para lograrlo? Y no hablo de acciones para protegerme a mí solamente, sino ¿qué estoy haciendo para que el vecino, el pariente, el amigo se protejan? y creemos una corriente de autocuidado que no es otra cosa más que una red de empatía que crea lazos de comunidad.

Hay que alejarnos de un sentido individualista. En este sentido todas las acciones, hasta las más pequeñas, importan e impactan y nos llevan a un mejor lugar. Qué distintos serían los indicadores de incidencia de este virus si contáramos con una corriente cultural o tendencia de cuidado. Ojo: tener esperanza activa no significa negar que también sentiremos otras distintas emociones. Algunas satisfactorias y otras dolorosas. Entre ellas, renunciemos a la comodidad de rol de víctima. Aún y cuando pareciera absurdo, refugiarse en la victimización puede parecerle cómodo a más de uno, desafortunadamente promueve la inacción. No esperemos hasta llegar a un punto tan grave donde la esperanza sea una respuesta desesperada. La realidad nos presenta siempre un mosaico de distintas emociones que habrá que transitar, pero seguro que las difíciles serán más fácilmente transitables si nos apoyamos en una esperanza activa, certeros que trabajamos para estar todos mejor y, por supuesto, por el bien de todos.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.