Impeach Donald Trump: ¿Los primeros signos de su destitución?
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Impeach Donald Trump: ¿Los primeros signos de su destitución?

COMPARTIR

···
menu-trigger

Impeach Donald Trump: ¿Los primeros signos de su destitución?

bulletEste no es un juicio partidista. Muchos de los críticos más feroces del presidente han surgido dentro de su propio partido.

Opinión MTY Desde Texas Javier Amieva
21/01/2019
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.
Placeholder block
Javier AmievaFuente: Cortesía

Estimado lector, hoy “cedo” mi columna dando paso a los textos principales de una de las revistas más prestigiadas y de mayor circulación en Norteamérica que habla abiertamente en el segundo aniversario, de una deplorable presidencia; The Atlantic “Habla”:

El 20 de enero de 2017, Donald Trump se paró en los escalones del Capitolio, levantó su mano derecha y solemnemente juró ejecutar fielmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos y preservar, proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos. Él no ha cumplido esa promesa.

En cambio,- Trump-, ha montado un desafío concertado a la separación de poderes, al estado de derecho y a las libertades civiles consagradas en nuestros documentos fundadores. Él ha inflamado a propósito acciones para dividir al pueblo americano. Se ha opuesto a la idea estadounidense, -democrática-, al principio de que todos, todas las razas, géneros y credos, hemos sido creados iguales.

Este no es un juicio partidista. Muchos de los críticos más feroces del presidente han surgido dentro de su propio partido. Incluso los funcionarios y observadores que apoyan sus políticas están horrorizados por sus pronunciamientos, y aquellos que tienen la experiencia más directa de gobierno también son los más alarmados por la forma en que Trump gobierna.

El juramento del cargo, es la promesa de un Presidente de subordinar sus deseos privados al interés público, de servir a la nación en su conjunto en lugar de a cualquier facción dentro de él. Trump no muestra evidencia de que entiende estas obligaciones. Por el contrario, habitualmente ha privilegiado su propio interés por encima de las responsabilidades de la presidencia. No ha podido revelar o despojarse de sus amplios intereses financieros, sino que ha utilizado la plataforma de la presidencia para promoverlos. Esto ha animado a una amplia gama de actores, nacionales y extranjeros, a tratar de influir en sus decisiones al canalizar dinero a sus propiedades como Mar-a-Lago (la “Casa Blanca de Invierno”, como Trump la ha calificado) y su hotel en Avenida Pennsylvania. Los tribunales ahora están considerando si algunos de esos pagos violan la Constitución.

Aún más preocupante, Trump ha exigido que los funcionarios públicos antepongan su lealtad a él antes de su deber público. En su primer día en el cargo, ordenó a su secretario de prensa que mintiera sobre la falta de asistencia a su toma de protesta. Nunca perdonó a su primer fiscal general por no haber cerrado las investigaciones sobre una posible colusión entre la campaña de Trump y Rusia, y finalmente le forzó a renunciar.

Trump ha demostrado poco respeto por el estado de derecho, intentando que el Departamento de Justicia lance investigaciones criminales a sus críticos y adversarios políticos. Ha atacado repetidamente tanto al Vice Fiscal General Rod Rosenstein como al Asesor Especial Robert Mueller. Sus esfuerzos por engañar, impedir y cerrar la investigación de Mueller ahora han llevado al consejo especial a considerar si el Presidente obstruyó la justicia.

En cuanto a las libertades garantizadas por la Constitución, Trump las ha pisoteado repetidamente. Ha prohibido la entrada a los Estados Unidos en base a religión. Ha tildado a la prensa como el “enemigo de la gente” y ha prohibido a los periodistas críticos asistir a sus eventos. Ha asaltado a los manifestantes negros. Él, ha pedido que sus críticos en la industria privada sean despedidos de sus trabajos. Él ha alegado falsamente que el sistema electoral de Estados Unidos está sujeto a un fraude masivo, impugnando los resultados electorales con los que no está de acuerdo, como irremediablemente contaminados. Los funcionarios electos de ambos partidos han condenado repetidamente tales declaraciones, lo que solo ha impulsado al presidente a repetirlas.

Hoy, Trump utiliza, como escudos humanos, a los jóvenes “soñadores”, a los que el mismo les suspendió su visa privilegiada, para que se le otorgue el dinero del Muro, o los expulsara del país. Eso es chantaje y vileza contra los débiles.

Estas acciones son, en suma, un ataque a los mismos cimientos de la democracia constitucional de los Estados Unidos. –Estimado lector sin embargo, para destituir a Trump se requiere el 66 por ciento de votos y no todos los senadores o legisladores están dispuestos a arriesgar su puesto y su imperio, simplemente por salvar a su país.

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Opine usted: javier.amieva@hispanicinternational.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.