Homero Zambrano: Perdiendo las figuras
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Homero Zambrano: Perdiendo las figuras

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Homero Zambrano: Perdiendo las figuras

bulletDebemos distinguir entre el respeto que podamos tener por decisiones personales y el fomento abierto de situaciones atípicas, con fines oscuros.

Opinión MTY ITESM Homero Zambrano
29/06/2020
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Homero Zambrano
Homero ZambranoFuente: Cortesía

Como que la izquierda ya se está pasando. A través de su historia, el golpeteo contra las instituciones o figuras de autoridad ha sido el leitmotiv de los zurdos. Claro, resuena especialmente atractivo en las mentes naturalmente proclives a la rebeldía en un grado u otro que se dan en los años mozos. Pero en la actualidad se están esmerando, cuando menos a juzgar por los resultados, porque si como sociedad tuviéramos mayor pensamiento crítico y aversión al absurdo, la izquierda no podría llegar tan lejos como está llegando. En parte, es nuestra culpa, por no dar el valor suficiente al pensamiento crítico. Aquí va una pequeña reseña de cómo los “progresistas” nos están dando en la chapa:

Primero fue la religión. Incluso antes de los llamados a la “revolución proletaria”, y antes de El Capital, Marx ya decía que la crítica a la religión debe preceder a cualquier crítica. Conste, no se trata de que tengamos una sociedad tipo inquisitorial, pero sí con respeto. Tengo amigos ateos y masones, y podemos estar así por el respeto. Pero la izquierda repudia el respeto; más aún, en su arsenal, la provocación es el arma preferida, para después hacerse los mártires. Un ejemplo: María Verónica Breslin, y su parodia de aborto de la Virgen María (Argentina, 2017); son ese tipo de gente la primera en gritar “discurso de odio” en cuanto alguien profiere una posición diferente. Uno de los principales ridículos de la izquierda: enarbolan la diversidad como una de sus principales banderas (a los pobres que los cuide… ¿quién?), pero sus acciones evidencian que esa diversidad es meramente de preferencias sexuales, género, y color de piel. No de ideas; eso nunca. Ahí acaba la “diversidad”.

Siguieron con la familia. Engels (el camarada de Marx) propuso suprimirla en una de sus peroratas decimonónicas (El origen de la familia, la propiedad privada y el estado). Ya en el sigo XX, proliferaron los corifeos como Linda Gordon, Kate Millet, y por supuesto, Shulamith Firestone. Voces las de ellas que se expresaron en su momento clara e inequívocamente por la destrucción de la familia. Tan inequívocamente como errados están quienes exigen el respeto a “formas alternativas de familia” con vulgares ataques y denuestos a la familia tradicional. Debemos distinguir entre el respeto que podamos tener por decisiones personales y el fomento abierto de situaciones atípicas, con fines oscuros, a veces tanto que por eso sus promotores caen en tantas contradicciones, y recurren al absurdo.

Los maestros alguna vez fueron figuras respetadas y hasta admiradas en la sociedad. Han sido degradados hasta ser no más que un mal necesario, y ya algunos mercachifles de la “educación” están pensando en alguna forma de eliminar esa necesidad. Había que hacerlo, porque los docentes de carrera tienen menos rasgos psicópatas que quienes los quieren fuera, y porque sí tienen honestidad intelectual, salvo los habituales “tontos útiles”, que hay en todos lados (llegan incluso a ser presidentes). Se les quita autoridad por un lado, y por otro se les exige hacerse cargo de aspectos formativos que deben ser inculcados en el seno familiar. Eran potencialmente un peligro.

No pretendo defender los abusos militares que se han dado, pero tampoco podemos negar que nuestros militares constituyen una de las instituciones más respetables y honorables del país. Execrable como hayan sido, los abusos no pueden discutirse seriamente sin considerar que los militares hayan sido provocados en más de una ocasión, y más de una forma.

Ahora tenemos llamados a desmantelar a la policía. Cierto, los abusos policiacos existen, pero nada justifica prenderle fuego a un uniformado durante protestas anti-policía, como sucedió en Guadalajara en junio del 2020. Precisamente ahí hubo pintas (entre otras) aludiendo a los azules como “puercos”; cosa curiosa, porque esa parece más bien ser una “apropiación cultural” de pandilleros estadunidenses por parte de sus contrapartes mexicanos. O sea, pudiera ser 1) que nuestros manifestantes ven demasiadas series, y/o 2) que sus patrocinadores no tuvieron siquiera el cuidado de “tropicalizar” las protestas. Resultados curiosos: los únicos detenidos, policías. Los rijosos acusan represión cuando en realidad son violentos, y el colmo es que haya violencia en marchas contra la violencia. Denotan muchas cosas, pero no inteligencia, u honestidad, ni siquiera de clase. Ya chole con la izquierda.

El autor es profesor del departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey.

Opine usted: hzambranom@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.