Hiram Peón Lara: Lobo con piel de oveja
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Hiram Peón Lara: Lobo con piel de oveja

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Hiram Peón Lara: Lobo con piel de oveja

bulletLa riqueza de un país proviene del trabajo productivo, del ahorro y la inversión.

Opinión MTY REFLEJO INTERIOR Hiram Peón Lara
06/05/2020
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Hiram Peón Lara.
Hiram Peón Lara.Fuente: Cortesía

Qué triste es darse cuenta que el motor electoral del Presidente López Obrador se ha convertido en el motor de la inconformidad, de la rebelión y la caída de su reputación. Hablamos de la pobreza.

López Obrador se ha gastado miles de millones en “combatir” la pobreza, al estilo de su amigo (qepd) Hugo Chávez o de su pupilo Nicolás Maduro, ambos destructores de las instituciones económicas y la democracia, de Venezuela.

López Obrador ha “invertido” todo lo que ha podido en beneficiar a “los pobres” para asegurar su permanencia en el poder, y no lo ha logrado, los pobres siguen pobres.

A estas alturas el dinero se lo terminó con los cheques para los que no producen nada y sus proyectos faraónicos entre los que se pueden mencionar el tren maya, la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto de Santa Lucia.

Además, como anillo al dedo, le llega a nuestro país, lo mismo que al resto del continente, la pandemia del Covid-19.

Así como a otros presidentes de México, les llegaron como anillo al dedo otras catástrofes: temblores, huracanes, rebeliones armadas, etc. a López Obrador le llega la pandemia.

Los otros presidentes lo usaron para posicionarse como salvadores y estrategas. López Obrador le dió otro destino.

Hace unos días en Cd Guadalupe, Nuevo Léon, dos personas, una pareja marido y mujer, trataron de sustraer de un Walmart distintas cosas de primera necesidad, carne, arroz, un par de juguetes. Salieron con un carrito con algunas de estas cosas que le menciono, pero los empleados del supermercado les dieron alcance y armaron una trifulca para impedir que huyeran con lo “robado”, pronto la policía del municipio hizo acto de presencia y detuvo a la pareja. La mujer lloraba, el hombre se resistía, ambos pedían misericordia y señalaban el hambre que privaba en su hogar.

Me pregunto, y les pregunto a todos ustedes, que serían capaces de hacer para saciar el hambre de sus hijos, abuelos, tíos, o cualquier familiar que esté bajo su cuidado.

A esto nos ha llevado la división de nuestra gente, la administración del odio, el ellos contra nosotros.

Pero, cómo te atreves, autoridad, a pedirle a las personas que viven al día que se queden en su casa.

Mientras los políticos morenistas se pelean hambrientos de poder, y el presidente busca consolidarse como el cuidador del dinero y del presupuesto, el pueblo de México aparentemente se protege del Covid 19, aunque en realidad muere lentamente de hambre.

No hay reglas ni límites para este personaje de moditos conservadores disfrazado de liberal y tampoco hay reglas ni límites para un pueblo hambriento.

El pueblo sabio ya se dio cuenta que todo es atole con el dedo, nadie saldrá de pobre con las dádivas de corte electoral y los fifis no son tales, los amigos del presidente, de este presidente, seguirán siendo corruptos, como lo fueron los patrocinadores de la Casa Blanca, o los hijos de Marthita.

Los amigos del presidente seguirán aprovechando sus migajas y los pobres seguirán siendo pobres.

Ya sabemos que la riqueza de un país proviene del trabajo productivo y del ahorro y la inversión. Los únicos que producen riqueza son las empresas y los empresarios. Ellos no son fifis, son los verdaderos impulsores del crecimiento.

Fifis son los que no producen y si gastan el dinero ajeno. El gobierno no produce riqueza, nunca la ha producido y nunca la producirá.

Pero nadie escarmienta en cabeza ajena. Si los europeos que tienen miles de años de experimentar distintos tipos de gobierno, se equivocan. Que se puede esperar de un pueblo joven y por lo tanto políticamente inmaduro. Que se puede esperar de este país que solo ha tenido 110 años de gobierno republicano y de ellos 80 de dictadura unipartidista por parte del PRI y dos sexenios de gobierno corrupto Panista. Le dimos, con el voto, la oportunidad de gobernar este país a un tipo mesiánico, iletrado y obstinado. Ahora debemos aprender, una vez más, de nuestros errores.

Lo único que no debemos hacer es desistir del modelo democrático, ni permitir que se perpetúe en el poder el lobo con piel de oveja.

Esperemos mejores tiempos, sigamos trabajando y extendamos la mano a los más desprotegidos, a los hermanos que padecen hambre, ayudemos con lo que podamos.

No permitamos que les arrebaten su dignidad y que les compren su libertad de elegir.

No perdamos la esperanza, hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Cuenta con un MBA del ITESM.

Opine usted: hirampeon@gmail.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.