Heredar… ¿una empresa o un oficio?
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Heredar… ¿una empresa o un oficio?

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Heredar… ¿una empresa o un oficio?

bulletSin importar la geografía, el tiempo que lleven en el mercado y el número de generaciones que hayan sobrevivido, tal parece que hay negocios familiares para los cuales ésta generación será, la última generación.

Opinión MTY Empresas familiares Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
07/03/2018
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Rosa Nelly Trevinyo-RodríguezFuente: Cortesía

Hoy en día, negocios de gran tradición están enfrentándose con una realidad innegable: Las siguientes generaciones no están ni interesadas, ni entrenadas, en el oficio de la familia.

Y, aunque algunas casas joyeras londinenses como Charles Green (200 años en el mercado) tienen claro que por primera vez la sucesión ejecutiva se dará hacia un joyero no-familiar, otros como Alabaster & Wilson (130 años) han preferido cerrar.

Claro, también hay aquellos para quienes vender el negocio a los empleados es una opción. No obstante, cuando familia y empleados no se ponen de acuerdo en temas de propiedad, se bajan las cortinas. Y si no, pregúntenle a los dueños de una de las panaderías con más tradición en Barcelona (150 años) que hace unas semanas cerró sus puertas.

En fin, sin importar la geografía, el tiempo que lleven en el mercado y el número de generaciones que hayan sobrevivido, tal parece que hay negocios familiares para los cuales ésta generación será, la última generación.

Y es que, existen ciertos tipos de empresas que son más difíciles de heredar que otras; por ejemplo: despachos boutique, agencias aduanales, notarías, consultorios médicos, joyerías o panaderías. ¿Por qué?

Porque para bien o para mal, “el negocio” detrás de estos negocios familiares se basa principalmente en el conocimiento profundo de la profesión; la confianza uni-personal o uni-familiar generada en la práctica profesional a través de los años; la creatividad, la forma de ser y hacer; pero sobretodo, en los contactos personales de quienes están al frente. Son secretos profesionales y no clientes, sino amigos, los que se transmiten de generación en generación.

No obstante, estas características que los hacen competitivos, son las que se vuelven, en el largo plazo, su mayor debilidad. Y es que, como su modelo de negocio está limitado a lo que pueden manejar unas cuantas personas, no crecen ni profesionalizan su estructura; y en su afán por no sacrificar la calidad y el servicio, no introducen profesionales no-familiares o nuevos socios que aporten valor. Finalmente, para que sobrevivan, el requisito indispensable es que algún miembro de la siguiente generación tenga la pasión por el oficio y adquiera, con trabajo, el conocimiento de la profesión. Y esto último suele ser, una moneda al aire.

¿Qué se hereda realmente en este tipo de negocios familiares? ¿Una empresa o un oficio? Un oficio. Y es que, para heredar una empresa se requiere que ésta sea sostenible con los dueños, sin los dueños y a pesar de los dueños; que tenga una estructura organizacional y de gobierno que le permita tomar decisiones, generar utilidades y compartir conocimiento.

Heredar (o transmitir) un oficio implica, no sólo ser bueno en algo y querer enseñar, sino también que exista el legítimo interés de quien lo aprende—sea o no de la familia. El punto es que, cuando no es de la familia, el mecanismo de fidelización termina siendo la sociedad—y hay que compartir el pastel.

Obviamente, todo empresario espera que sus hijos sean quienes aprovechen su experiencia, los secretos de su oficio, pero cuando no están preparados o interesados, es tiempo de hacer un alto y pensar: ¿Qué deseo dejarle a la siguiente generación: Un intangible, que pueden no utilizar, o una estructura de negocio que mantenga el patrimonio y reporte dividendos?

Usted decide...

La autora es socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail. rosanelly@trevinyorodriguez.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.