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Hablar con jóvenes

Son futuras abogadas y abogados que tradicionalmente no se van a dedicar a la materia electoral a pesar de la adrenalina legal que genera.

Opinión MTY La Propia Política Sara Lozano
26/09/2018
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Sara LozanoFuente: Cortesía

Mañana tengo que platicar con jóvenes sobre el proceso electoral y la paridad. Son futuras abogadas y abogados que tradicionalmente no se van a dedicar a la materia electoral a pesar de la adrenalina legal que genera.

Es tan dinámica esta parte del Derecho que reconozco la dificultad de ponerla en un plan de estudios, sólo los expertos podrían enseñar la actualidad de la materia y, obviamente, no pueden dar clases en cuanto inicia un proceso electoral porque hay que estar pendiente de lo que sucede aquí y allá, estados y Federación, órganos electorales y jurisdiccionales que van emitiendo sentencias que al vuelo van dando forma a los criterios para tomar decisiones. Y más en México donde la dinámica del sistema electoral es de las más complejas, reconocidas y estudiadas.

No encuentro un caso más preciso para ejemplificar el ejercicio de la política en el Derecho que el galimatías que resultó la asignación de representación proporcional (RP) en el Congreso de Nuevo León. La Comisión Estatal Electoral (CEE) hace lineamientos y se aprueban por unanimidad después de meses de discusiones para interpretar la ley. Estos lineamientos los impugnan algunos partidos políticos, y que conste que estuvieron involucrados en dichas discusiones porque estos lineamientos se ajustaron a sus demandas por allá de abril. En mayo, el Tribunal Electoral del estado y la Sala Regional confirman que son buenos lineamientos en materia de paridad.

Después de las elecciones la CEE calcula la RP de acuerdo a esos lineamientos tan discutidos. Con toda razón y en todo su derecho los perdedores impugnan el cálculo. De una forma difusa -por prematura- el Tribunal Estatal lo cambia, Sala Regional espera a se resuelvan los casos similares y al final los vuelve a cambiar.

Sala Superior hace una especie de mix entre lo establecido por la CEE y la Sala Regional. Lo más interesante es que en todas las instancias todo fue conforme a la ley, lo que estaba redactado en la Ley Electoral del Estado de Nuevo, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE), las sentencias, las tesis y las jurisprudencias.

Cualquiera puede decir que hay trampa, pero la redacción de la ley daba para entender una y otra cosa. Si hubo trampa o intereses la letra escrita daba manga ancha para la interpretación. Al final se logró algo congruente, pero sumamente complejo para explicarlo a estas nuevas generaciones. Confío en que ya tienen nociones generales de los principios constitucionales, electorales, procedimentales, jurisdiccionales.

Y me resulta inevitable trasladar la experiencia a esa persona, esa ciudadanía que quiere participar y no sabe cómo. Este caso es tan complejo, legal pero tan abierto a interpretaciones diversas, que sólo un sistema de educación de excelencia podría darle cabida a la ciudadanía para entender los dimes y diretes que se sostuvieron.

Si queremos resolver el problema no es echarle la culpa a la ciudadanía, ni a la CEE, ni al TEE, ni a Sala Regional o a Sala Superior. Las cuatro son instancias para asegurar la justicia y lo hicieron desde su perspectiva. Si queremos resolver el problema de fondo es en la redacción de las muchas leyes y criterios que pueden utilizarse para interpretar un “delito electoral”.

Son los cuerpos legislativo -senadurías, diputaciones federales y locales- quienes que tienen el poder de modificar el sistema y la obligación de dejarlo bien claro, aplicar la técnica legislativa para que una ley sea eficiente y armónica con el resto de la legislación.

Voy con Dios y todas las fuerzas divinas a tratar de explicarles a esta juventud que en México hay esperanzas.

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultural a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Opine usted: loalsara@yahoo.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.